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Thu, 19 Jun 2008 08:01:00

Responso por un barahonero bueno

POR BIENVENIDO MATOS PEREZ*
Cadáver de Pedro Vargas Matos, durante su velatorio.
La tarde del lunes 16 de junio se tintó de tristeza, quizás porque ella misma quiso custodiar el paso de este hombre extraordinario al infinito. A mi me lo Dijo con gran pena el doctor Ramón Henríquez: “Hace unos instantes supe que murió Don Pedro Vargas”.

La noticia fue para mi estremecedora, cortante, fulminante; no sabía que Don Pedro estaba aquejado de quebrantos que hicieran posible su deceso y solo atiné a pensar en lo que pienso cuando muere un hombre bueno. ¿Por qué se muere la gente?

Está establecido que los hombres mueran una vez. Después  habremos de presentarnos ante el altísimo quien en su juicio justo habrá de valorar nuestras conductas, para saber si somos dignos de ocupar un lugar en su regazo. Todo lo que nace muere, pues parece que es la forma que Dios estableció para la continuación de la existencia humana.

De este hombre a quien Dios dotó de una condición especial que pocas veces ha reunido un ser humano, podríamos decir que sintió la vocación magisterial desde que tuvo contacto con la vida, fue maestro porque educó en las aulas; porque ayudó a formar generaciones de profesionales y porque educó con el ejemplo.

Desde el arte fotográfico que cultivó dejó una huella imborrable en la geografía del Barahona que le vió nacer. En este el mismo parece que fue asechando, escrutando la naturaleza para verla parir fecunda las bellezas de que esta tierra es acreedora. Su lente,  como embriagado del contacto mágico de las grandes proezas del espíritu humano, nos  legó las bellezas inigualables de los amaneceres de Barahona, en torno místico y misterioso que sólo él pudo captar en madrugadas perennes, grávidas de emociones.  Esos amaneceres únicos, indemnes, auténticos de esta tierra del Sur son el mejor recurso de que disponemos como atractivo turístico porque semejan la presencia de Dios observando su obra cumbre “La creación”.  Pedro Vargas Castro supo también diluirse entre las brumas del tiempo para robar a las tardes sus misterios y su lente captó los momentos estelares en que el día entrega su mando en brazos del ocaso para construir la noche, la noche pletórica de nostalgias, de ternuras, de poesía.

El Punta Inglesa de Barahona, sus casas, sus calles, sus hombres y toda la belleza incipiente de este hermoso pueblo del Sur, Don Pedro Vargas lo retrató para entregar a la posteridad una obra fotográfica imperecedera. Si no fuera por su obra fotográfica hoy no supiéramos de la belleza con que nacimos a la vida puesto que muchas de ellas han sido destruidas o desnaturalizadas por la mano impiadosa del hombre de hoy, pero él la rescató en su libro “Barahona, Homenaje fotográfico”.  

Su arte fotográfico quiso legarlo a la juventud y organizó talleres para formar un grupo de jóvenes que se interesara por aprender fotografía y difundirlas.

Fue además este insigne barahonero un hombre adornado por las virtudes más singulares que adornan los hombres de bien: entusiasmo, rectitud, constancia, seriedad, las que le permitieron que en todo lo que él realizara hiciera historia.

Don Pedro Vargas fue el gran pionero aquí de innumerables actividades culturales: La música clásica es la verdadera música y hay que escucharla porque ésta despierta en los seres humanos los sentimientos más recónditos de la conciencia humana, solía decir con frecuencia.

Homero el gran poeta griego creía que el hombre que formaba familia y la educaba, ganaba él y ganaba la sociedad a la que pertenecía.  Don Pedro Vargas entregó a la sociedad barahonera una familia ejemplar que es orgullo de todos.

Hubo un tiempo en que las parejas que se iban a unir en matrimonio buscaban su orientación y sus consejos.

Fue miembro de una estirpe de servidores públicos inigualables de hombres que supieron dedicar sus días a la honrosa tarea de desarrollar la tierra que le vió nacer.  Junto con el doctor Antonio Méndez emprendió jornadas grandiosas en pro de un Barahona mejor y éstas hablan muy bien de su desinterés por las cosas materiales y lo consagran como un hombre excepcional.

La sociedad brahonera lo asimiló como uno de sus hijos más brillantes y por su integración a las causas mas nobles del pueblo le otorgó los reconocimientos más importantes como son El Enriquillo de Oro y le declaró en varias ocasiones hijo distinguido de Barahona, entre otros que seria prolijo enumerar.

Al entregar sus restos mortales a la tierra dejamos aquí tus despojos conscientes de que contigo se va también el ultimo vestigio del Barahona romántico que tu amor, con tus profundos sentimientos, ayudaste a crear.  Pero a mi me parece verte custodiado por las luces intermitentes de los cocuyos y sonriente, complacido, penetrar los caminos de la inmortalidad.

¡Descansa en paz Don Pedro A. Vargas Castro! Tus amigos, tus familiares, tu pueblo, tienen el compromiso de recordarte siempre, hasta mas allá de la eternidad!

*El autor es abogado y poeta.


 

 

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