¿Has notado que muchas de las civilizaciones tienden a definirse por su actitud ante el sexo? ¿No has notado como los niños nacidos fuera del matrimonio en muchos de los casos se les dificulta el proceso de la socialización más que a los nacidos dentro del lazo matrimonial y criado por sus dos padres naturales?
Continuamos hoy narrando parte de nuestra experiencia en la expedición aérea y marítima alrededor de las naciones del Mar Mediterráneo. El crucero “Royal Caribbean” ancló en el puerto de Nápoles, Italia. A eso de las horas del medio día, bajo un sol candente, llegamos por bus a la antigua ciudad de Pompeya, la cual es visitada por más de 2, 500.000 turistas al año. Las áreas arqueológicas son impresionantes: el sistema de acueducto es el de los más modernos de su época. Alrededor de 6 a 7 siglos antes de Cristo era considerada una ciudad en toda su totalidad relativa. Se desarrolló rápidamente en una ciudad moderna, con su carretera al estilo Broadway, la Cardo Máxima, junto a avenidas y calles espaciosas, plaza principal y estatuas que hoy adornan los museos nacionales de Italia. Su coliseo y anfiteatro de millares, el Foro Mayor, sus palacios, villas y baños públicos, que fueron excavados, luego de la erupción destructora del volcán Vesubio en agosto 24 del año 79 después de Cristo, muestran la grandeza de esta ciudad y la sabiduría de los arquitectos del antiguo mundo, tanto griegos como romanos.
Las erupciones volcánicas y algunos otros eventos sísmicos habían enterrado la ciudad a más de 4 a 6 metros hasta su redescubrimiento en el 1749. Se puede apreciar su belleza e historia que al excavarse ha quedado a la vista. Pompeya en sus momentos de desarrollo, contaba con un sistema de restaurantes sofisticados como también de comida rápida (fast food). Los excavadores concuerdan con los historiadores que habían alrededor de 38 panaderías y algunos 28 prostíbulos, los cuales desplegaban en sus “pantallas de piedra y cemento” los tipos de servicios rendidos, la calidad de sus placeres y en la pared interina “el menú” de la localidad. Es decir, explícitamente, los diferentes placeres para ambos sexos y posiciones, shows para adultos entre otras ofertas eróticas que exponen la depravación sexual de la ciudad aun en esos tiempos. Los emperadores y personas de influencia solían tener sus villas, mansiones y casas de vacaciones en medio de “la Gran Ciudad.”
Así como Sodoma y Gomorra, ciudades quemadas por fuego y azufre según el relato bíblico del Génesis capitulo 19, Pompeya, posiblemente sufrió “el juicio divino” como creen muchos. Si proyectamos esta creencia, podemos concluir con que el sexo es malo y no es de Dios. Podemos mostrar por la revelación de la Palabra de Dios, que Dios nos creo hombre y mujer porque él está interesado en nuestra felicidad; mas no es tolerante, cuando se abusa de los privilegios rendidos. “No es bueno que el hombre este solo.” Por esto el creo a Adán y a Eva, no a Adán y Esteban, señalando así que Dios quiere que el sexo se practique entre un hombre y una mujer para placer como también para procreación. Y aun esta unión debe ser muy planificada y llevada a cabo con fidelidad el uno para con el otro. Cuando sucede lo contrario, entonces se manifiestan los problemas: hijos mal atendidos y hasta abandonados y abusados, divorcios, homosexualismo, lesbianismo, preñez prematura, prostitución, enfermedades venéreas, entre tantas otras ramificaciones que contribuyen a los caos sociales y por ende a problemas los unos con los otros, hasta desagradar al mismo Creador, quien se place en la felicidad de sus hijos.
Los líderes de luz interesados en el desarrollo de esta generación debemos de servir de modelo a seguir. Primeramente los padres en los hogares debemos instruir a nuestros hijos, a ambos mujeres y hombres. En nuestra sociedad, hacemos énfasis en la discreción sexual de las mujeres; mas a los hombres muchas veces le damos rienda suelta y aun nos enorgullecemos cuando se adelantan al asunto. Los educadores, líderes civiles, religiosos, deportistas y artistas todos, debemos de velar por la pureza de nuestra sociedad para una vida de calidad.
De esta manera, tendremos familias más saludables. Nuestros jóvenes se desarrollaran. Se graduaran con carreras profesionales según sus sueños y ellos mismos crearan familias saludables que asegurarán estabilidad familiar.
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