Hace aproximadamente 17 años, oí hablar, en Pittsburgh, a un antiguo alumno mío de la UNHPU, que se especializaba en neumología, sobre la apnea y los Laboratorios del Sueño.Entonces caí en cuenta que lo que yo estaba arrastrando desde hacía muchos años, y que perturbó mis vacaciones entre los años 80 y 90, era un problema del sueño. En Madrid, Barcelona y Cascai-Portugal tuve que ir a las salas de emergencia por: taquicardia y sobresaltos durante la noche, tenía temor a dormirme a pesar del irresistible impulso que sentía de rendirme.
La aprensión y los sobresaltos, cuando me estaba durmiendo, me atemorizaban y me impedían descansar en los vuelos de avión o autobús. A ningún médico se le ocurrió pensar que mi problema se debía a un déficit crónico de sueño por apnea obstructiva.
Yo les explicaba a los médicos, con detalles, todos esos síntomas y la facilidad con que me dormía cuando estaba leyendo o asistía a sesiones prolongadas de trabajo, incluso cuando escuchaba la homilía durante la misa. Aunque Minerva a veces me llamaba la atención por la molestia del ruido de mi respiración durante la noche, nunca pronunció la palabra “ronquido”. Y pensar que los médicos lo único que me recomendaban era “somníferos” y “antidepresivos”, que por suerte nunca tomé.
En el año 2000 mi presión arterial subió a límites insospechados, y mi calidad de vida menguaba. En febrero del 2001 decidí someterme a la prueba de sueño que ya teníamos aquí, y buscar consejo.
TRATAMIENTO
Antes de entrar en el tratamiento, para finalizar el drama de mi caso, debo decirles que en el primer estudio se determinó que la arquitectura de mi sueño fue marcadamente anormal, que solo dormí la mitad de tiempo de grabación, que la eficiencia de mi sueño estaba afectada en 49.2%, que la duración de mi apnea en un momento se prolongó a 53.2 segundos. Me hice repetir el estudio unos meses después en un hospital de Miami, que aún no fue concluyente.
Unos días después, vi a un experto en trastornos del sueño con quien se entrenaba mi hijo neumólogo en Rhode Island, le bastó oír mi historia por diez minutos para llamar a su secretaria y decirle que me facilitara por unos días una maquina de CPAP, que mantiene el conducto de la vía aérea superior mecánicamente abierto durante el sueño, mediante el suministro de aire a presión con un pequeño compresor. El aire, a presión positiva continua, va por una pequeña manguera flexible de 6 pies hasta una mascarilla que se aplica sobre la nariz, y que obliga al paciente a dormir con la boca cerrada.
Cuatro días después de dormir con el CPAP noté un cambio marcado, recuperando mi calidad de vida. Desde el 2002 esta máquina me acompaña a todas partes, y aunque al comienzo es difícil adaptarse a su uso, al final, como todo, uno se acostumbra.
El grado de presión del aire, que se mide en centímetros de H2O, varía con la magnitud de la obstrucción y la severidad de la apnea. En mi caso oscila entre 4,5 a 10 cm H2O. Hay máquinas que automáticamente ajustan la presión de acuerdo con los requerimientos de cada caso.
av/am
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