El día que conocí a Nani Marrero andaba junto a Adriano de la Rosa, su admirado amigo. Recuerdo que me trató como si me conociera de toda la vida. Me sentí impresionado por el desenvolvimiento que exhibía, la cultura que tenía, algo que no es común en los que se dedican a la práctica del boxeo.
Hablaba con pasión del boxeo y de cómo este deporte es fundamental para sacar de los malos pasos y de la violencia callejera a los jóvenes de nuestros barrios marginados. Tenía toda una filosofía de vida de este deporte.
A pesar de ostentar una de las carreras boxísticas más brillantes, Nani desbordaba una sencillez extraordinaria. Sin lugar a equivoco él es uno de los boxeadores más grandes de la historia dominicana y mas allá. El desafió a los grandes entre los grandes del boxeo, a los más cotizados peleadores de su época, entre los que hay que destacar al legendario ex campeón mundial Antonio Cervantes (Kid Pambelé). Peleó en los cinco continentes contra los más cotizados pesos welters y mediano.
Nani Marrero era un revolucionario de corazón. Proclama sus ideas sin tapujo, hasta el extremo de en aquellos doce años de Joaquín Balaguer cuando la persecución y muerte de los jóvenes, protegió y apoyó económicamente a muchos militantes y dirigentes de esa época.
A ese ser extraordinario, humanista y gloria del deporte dominicano, Nani Marrero, le llegó la hora de abandonar el reino de los vivos para con su luz penetrar el reino de la inmortalidad y desde allá alumbrar el camino de las nuevas generaciones, de los jóvenes, por los cuales el dio sus mejores años y se entregó de cuerpo entero con una hoja de vida ejemplar.
Demostrado está que las personas especiales, extraordinarias, son las que más fáciles se van de esta vida y dejan grandes huellas difíciles de borrar.
Y saber que se nos hace tan difícil tomar conciencia de la temporalidad de la vida, de que polvo somos y que en polvo nos convertiremos.
Al ver su cuerpo inerte, rodeado de tus amigos y personalidades de tu Santiago querido, noté el significado de tu partida. Tú que nos adelantaste y abriste el camino a muchos, el silencio de tu cuerpo no quiere decir que hayas perdido, que hayas dejado de luchar; al contrario Nani, has obtenido el mejor regalo, que es estar en paz con el Señor.El decidió escoger el día de tu partida, así como escogió el día en que podrías poner tus pies y tu alma en este mundo.
Tu presencia estará siempre entre nosotros, en cada rincón del que fuiste parte en nuestra mente, en nuestras vidas. El dolor que nos deja tu partida se convertirá cada momento en un grato recuerdo, del que muchos fuimos participes.
Nani, guárdanos un pedacito de cielo, porque sabemos que desde allí estarás guiando nuestros pasos y ensenándonos a ser mejores cada día y de esta manera poder ganarnos ese espacio como tú ya lo hiciste.
Gloria eterna para Nani Marrero, un campeón de todos los tiempos.
Este no es un adiós; es un hasta pronto. Y más que eso…un hasta siempre.
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