Después que salga el presidente Leonel Fernández como jefe del Estado Dominicano, lo que será el 16 de agosto, el pueblo dominicano espera del nuevo presidente, Licenciado Danilo Medina Sánchez, que gobierne para darle alivio a la ciudadanía de los tantos hechos de corrupción de Estado denunciados y comprobados por la prensa investigativa; que reduzca al mínimo el enriquecimiento ilícito que le permitió a sus funcionarios y a los miembros de la llamada corporación de amigos de Leonel; que trabaje con interés y sin encubrimiento, para disminuir la situación de desesperanza de la población económicamente activa que fue enajenada y no encontró empleo dejándolo vivir durante doce años en la más terrible subsistencia y desamparo.
Que se preocupe por evitar que siga creciendo la criminalidad que se asentó un día sobre suelo dominicano y que toleró Leonel y dejó que creciera hasta que se convirtiera en una especie de cáncer que parece no tener cura; que le otorgue el 4% a la educación para que el país pueda salir de las cifras de ignorantes que ocupa en la estadística mundial; El pueblo espera que el nuevo mandatario afronte con eficacia, con hechos y no con palabras, la parálisis que durante doce años ha dejado postrada como si la producción agrícola estuviera en un lecho de muerte; que Medina no haga suya y que se aleje lo más que pueda de la irresponsabilidad exhibida por Leonel en contra de la agropecuaria nacional.
Que no malgaste los recursos del Estado en cuestiones infecundas como hizo Leonel, para comprar consciencias con fines electorales y para crear una argamasa de políticos, reformistas y de otros partiduchos, que no han sido ni más ni menos que parásitos que se nutren del Estado; que distribuya los fondos del Estado para hacer obras que sean beneficiosas para el país y no continúe la idea de Leonel de hacer a Santo Domingo un Nueva York chiquito en detrimento de las demás provincias en las que esta San Juan de la Maguan, donde también viven dominicanos; que trate de adecentar la administración pública convirtiéndola en un instrumento funcional y efectivo de servicios. Que no se deje chantajear de aquellos peledeitas que se han enriquecido con Leonel a la sombra del poder y que hoy lanzan amenazas contra el nuevo presidente para que no los toques.
Que se preocupe en limpiar el Servicio Diplomático en el exterior de las sabandijas despreciables nombradas por Leonel las cuales impidieron con su accionar que los pocos buenos diplomáticos hicieran su trabajo, cual es el de promover la venta de bienes y de servicios; que su gobierno promueva y estimule un clima de confianza y de seguridad ciudadana para que la sociedad pueda desenvolverse en el día a día sin miedo y sin sobresaltos, estados que el presidente Fernández se hizo de la vista gorda y nunca cuidó, como debe hacerlo un buen gobernante.
Que atienda con sumo empeño la salubridad de los dominicanos la cual el gobierno saliente se mostró reticente y que no enfrentó con seriedad y determinación sino que retozó con los miles de enfermos y sus familiares quitándole recursos al sistema de salud y transfiriéndolo al despacho de la primera dama; que enfrente con decisión el crecimiento de la droga narcótica en el país, no solo en los barrios pobres, que vaya con la misma firmeza a los compradores en las urbanizaciones de ricos.
El presidente Medina debe atender con afán la educación a la que Leonel soslayó durante doce años y la cual trató con desprecio o burla. Danilo debe hacerlo para que tengamos jóvenes más preparados y dispuestos a participar con inteligencia en los retos de este siglo de la globalización y del conocimiento tecnológico; que rompa con ese legado execrable que le deja el presidente Fernández a este país, un legado caracterizado por la mendacidad, la simulación y el saqueo del Erario Público; que retome el camino de la solidaridad abandonado por el presidente saliente quien pervirtió la mente del dominicano con el culto al don dinero y el aparentar, asumiendo con rectitud un proyecto de recuperación de los valores de antes basados en la nobleza, la moralidad y el respeto.
El presidente electo debe de fomentar el espíritu del emprendurismo que no impulsó Leonel, porque con ello se incita al desarrollo de la mediana y pequeña empresa nacional sin olvidarse del financiamiento y del entrenamiento que precisan estos sectores de nuestra economía.
Leonel, en cambio, privilegió abiertamente a los sectores empresariales, sobre todo, a aquello que siempre han gozado de prerrogativas especiales del Estado dejando desprovistos a los comerciantes desafortunados de la sociedad económicamente activa y prefirió a los grandes empresarios por su supuesta influencia en la política, en el poder y en el dinero.
Que no haga como Leonel que cree que el pobre no piensa y por eso hay que mantenerlo sin educación y mísero, porque bajo estas condiciones se puede comprar con facilidad su pensamiento con fines electoralistas; que se esfuerce en la promoción de la justicia social y la justicia distributiva que Leonel no quiso empujar causando la desaparición de la clase media, ahondando en la sociedad la indigencia; que haga un discurso el 16 de agosto que se salga de lo protocolario y en crear en el pueblo una sensación de esperanza y se vaya a lo verdadero, a lo tangible y a lo que es posible lograr frente al desastre social y material en que Leonel deja la Hacienda Pública.
Este decálogo es solo una mínima aspiración para el ejercicio de la función que ejercerá el presidente Danilo Medina el 16 de agosto, mandamientos prometidos hace doce años por Leonel y que nunca cumplió. ¡No más frustraciones! No más engaños!
av/am
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