Santo Domingo. Rep. Dom. - 30 de Julio 2014
Opinión
29 Diciembre 2012, 09:20 AM, 0 Comentarios
“Balaguer y los militares dominicanos”, un retrato horripilante
Por FRANCISCO CRUZ

El retrato -¿o caricatura?- que Brian J. Bosch (ex agregado militar de la embajada norteamericana en Santo Domingo 1971-74) logra en su libro “Balaguer y los militares dominicanos” del Presidente Balaguer y de los militares dominicanos es -a pesar de algunas incongruencias históricas, de errores de imprenta o de traducción- una mueca horrible y cruda de un período de la historia dominicana signado por la convulsión sociopolítica, el terror y la violencia como secuelas de la dictadura trujillista (1930-1961), el derrocamiento de Bosch (1963), la revuelta de abril de (1965) y del régimen bonapartista que el Dr. Joaquín Balaguer instauró en 1966. En esa fotografía el “…sumiso y erudito poeta”, con maestría sin igual, “logró someter a las virulentas facciones del Cuerpo de Oficiales” a sus designios de ambiciones de poder.

El libro, aunque no logra, en mi opinión, un análisis o cuerpo teórico exhaustivo y coherente en el aspecto metodológico y del enfoque socio-histórico para explicar la ecuación Balaguer-aparato militar -que, en mi opinión, Roberto Cassá y José Antinoe Fiallo, son sus mejores exponentes- no deja de ser un ensayo bastante aproximativo sobre el complejo esquema de dominación político-militar en que Balaguer basó y ensambló su régimen de 12 años (1966-78).

Eso sí, el balance y el reporte (la crónica) sobre las contradicciones, pugnas y confrontaciones hacia el interior de ese esquema de dominación adquiere validez, en Brian, tanto porlas tres fuentes documentales que reporta como base de su investigación así como por su calidad de ex agregado militar de los Estados Unidos en el país. Desde este último aspecto, es notorio, en el libro, una justificación, cuasi explicita, de las actuaciones de la embajada norteamericana, o mejor dicho, de su Gobierno en los asuntos nacionales de la época.

Otro aspecto relevante del texto y que de alguna forma le da credencial de confiabilidad explicativa, es la reiteración de los métodos usado por Balaguer para hacer posible su dominación y obediencia omnímoda hacia el interior de las Fuerzas Armadas.

Dicho método o técnica consistía en una suerte de contrapeso de equilibrio militar basado en una lógica de poder cuyos componentes claves estaban concatenado a una política de promoción y ascenso, una correcta logística geográfica-militar de ubicación del arsenal bélico, una exacta ubicación política-ideológica-antagónica de los jefes militares, una política de tolerancia corruptiva alentada e inducida al enriquecimiento ilícito; esto último, para procurar lealtad incondicional al caudillo y, por vía de consecuencia, defensa intransigente del régimen.

A veces, por supuesto, esta técnica o esquema de dominación entraba en crisis con ribete de incertidumbre por los temperamentos y los grados de rivalidad de los actores militares agrupados en facciones o bandos antagónicos -Pérez y Pérez-Nivar Seijas, concretamente-, que no pocas veces, también, se presentaron como desafíos reales a la gobernabilidad y al propio control del Dr. Balaguer. Es decir, que algunas veces, el Dr. Balaguer tuvo que conjurar errores de cálculo de su propio engendro de dominación político-militar.

A todo lo largo del texto aflora la confirmación de la tesis expuesta por algunos historiadores, politólogos y sociólogos dominicanos sobre la autonomía operativa de Balaguer -al margen en de la supeditación de él y su régimen a los Estados Unidos- en el manejo de las contradicciones y de las crisis que se presentaron en su esquema de dominación y que supo conjurar apelando al dominio de la idiosincrasia del pueblo, a su capacidad histriónica, al manejo de la dinámica de las contradicciones en la jerarquía o claque militar; pero sobre todo, al uso estratégico-corruptivo del poder para contrarrestar crisis y evitar desenlace fatales -golpe de Estado o muerte- en el seno de la reducida élite militar adicta a su liderazgo político-militar.

Desde esa lógica, cobra visos de credibilidad, el papel clave de enlace del General Pérez y Pérez tal cual se infiere de la lectura del libro. Ahora, la pregunta pertinente es: ¿hasta dónde tenía conocimiento el Dr. Balaguer de ese intercambio entre el General y la embajada norteamericana?

Puestas en perspectivas algunas de las líneas temáticas claves del texto “Balaguer y los militares dominicanos”, creo oportuno, poner a los lectores a disfrutar de algunas escenas dramáticas del guión bonapartista que el Dr. Balaguer escribió y actúo -a sangre y fuego- por 12 años, unas veces, al filo de la navaja, y otras, haciendo fraudes electorales.

Una primera escena dramática y patética -por su relevancia y desafío al régimen bonapartista-, lo sería, sin duda alguna, el develamiento y humillación pública al General Elías Wessin y Wessin a raíz del intento de golpe de Estado que quiso materializar en 1971. Leamos pues, fragmentos, en la prosa de Brian, de ese capítulo de la historia contemporánea dominicana

“Los dominicanos que vieron el discurso televisado de Balaguer esa noche nunca olvidarán el drama en vivo que les fue presentado. El escenario físico era de por sí fascinante. En la cabecera de una gran mesa de reuniones estaba parado el diminuto presidente en un traje oscuro.

“Sentado a su derecha, en la cabecera de la mesa, estaba el General Pérez y Pérez, Jefe de la policía Nacional..., [en otro párrafo descriptivo de la misma escena se lee]… El presidente se mantuvo de pie mientras denunciaba a Wessin en los peores términos.

“Describió cómo Wessin personalmente había planeado derrocar el gobierno y tomar el poder. Explicó que “no existe el clima ideal para que una aventura así tuviera éxito. No estamos de nuevo en 1961,1963 ó 1965. Las actuales circunstancias son completamente diferentes y (Wessin) no se ha dado cuenta de esto”.

A medida que iba explicando cómo Wessin era culpable de traición, señalaba ocasionalmente hacia donde éste estaba sentado, quien no hizo un solo comentario ni cambió la expresión en blanco de su cara. Luego el presidente hizo que escuchara la cinta que había entregado el sargento de la policía”…, [y finalmente este último especie careo-delación-fracaso],….El presidente le pidió al Coronel Mario Imbert Mcgregor, el subjefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, que se acercara y le dijera a la nación lo que le había oído en casa de su primo, Antonio Imbert Barrera, cuando Wessin había intentado, sin éxito, conseguir su apoyo para el golpe.

El Coronel no estaba preparado para este comentario y avergonzado por haber sido identificado como informante, balbuceó unas palabras al efecto de que él no sabia nada de eso. Balaguer rápidamente dijo que eso no era lo que le había reportado el General Lluberes Montás sobre lo que Imbert Mcgregor había dicho con relación a Wessin. El presidente luego retomó su discurso como si nada hubiera pasado…” (pp., 166 y 167).

El asesinato del Periodista Orlando Martínez y la posterior designación del General Neit Nivar Seijas al frente de la Policía Nacional en 1975, parió el drama más terrible y la encrucijada más compleja y difícil, en mi opinión, para el régimen balaguerista, pues, el Estado Mayor en conjunto de las Fuerza Armadas les renunció en pleno al presidente Balaguer, en franco desacuerdo con la designación de Nivar. Veamos a grosso modo las escenas y el desenlace de esa crisis.

“El 17 de marzo de 1975 Luis Orlando Martínez Howley, el joven editor de El Nacional y crítico del gobierno, fue asesinado cerca de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, acción que originó una fuerte reacción contra el régimen, similar a lo que había ocurrido inmediatamente después del asesinato el 28 de marzo de 1973 de Gregorio García Castro”…, y continúa en el próximo párraf

“Elanuncio del nombramiento de Nivar como jefe de la policía el 7 de mayo fue un hecho sin consultar previamente a los miembros de alto rango del Cuerpo de Oficiales. Tuvieron conocimiento de la noticia al mismo tiempo que el resto de la ciudadanía y quedaron pasmados al saber que su viejo Némesis había sido nuevamente colocado en el centro de los asuntos nacionales. Es sorprendente que jugadores con tanto tiempo en la política militar, como Pérez y Pérez, Jiménez y Lluberes Montás, noestuviesen preparados para la movida de Balaguer” (p. 334).

Pero ¿qué hicieron los Generales? Brian narra: “Durante la noche del día 7 de mayo y hasta la mañana siguiente tuvieron lugar numerosas reuniones entre los jefes del Estado Mayor y el Secretario de las Fuerzas Armadas y sus facciones.

Su primer acto público fue rehusar asistir a la juramentación de Nivar en el Palacio de la Policía, aun cuando el Presidente sería el oficiante. En lugar de aparecer al lado de Balaguer y de Nivar, Pérez y Pérez y Jiménez participaron en una ceremonia en San Isidro en la cual Lluberes Montás recibió las alas honoríficas de piloto. La ceremonia en la Fuerza Aérea tuvo lugar a las 10:00 a.m. mientra que la visita presidencial de ocho minutos al cuartel de la policía ocurrió a las 11:40 a.m.; por lo tanto hubo tiempo suficiente para que los representantes del alto mando asistierana ambas ceremonias. Este gesto de disidencia (que fue dado a conocer en la prensa), fue seguido por un acto de desafío sin precedentes de parte de los líderes militares de Balaguer. Una carta de renuncia fue escrita y firmada el 8 de mayo de 1975 por el Almirante Jiménez, el General Pérez y Pérez, el General Lluberes Montás y el Comodoro Logroño Contín… (p.335).

¿Y cuál fue la respuesta de Balaguer? “Con gran sorpresa para los cuatro oficiales, Balaguer aceptó la renuncia sin ninguna objeción”. Y algo todavía más desafiante: “El último decreto, número 852 [sic], era el más sorprendente: Balaguer se nombró así mismo Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas” (pp. 335 y 337).

Caamaño y playa Caracoles (1973)

En todo el libro la figura militar e histórica del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó -y de la mayoría de los militares constitucionalistas- no sale bien parada ni antes ni después de 1973, unas veces, por la reproducción en sus páginas de percepciones desfavorables -ciertas o no- sobre la influencia de su padre (el General Fausto Caamaño) en su inicial meteórica carrera militar, y otras, referida a decir es sobre vicios, irresponsabilidades, acusaciones (a Montes Arache) y crueldades; pero sobre todo, por la opinión o especie, según el autor, de John Bartlow Martin “quien fuera Embajador norteamericano [1962-64 y procónsul en 1965] en la República Dominicana, era de opinión de que Caamaño era básicamente un oportunista. Esto, más el deseo de vengarse, fueron probablemente las razones para que se uniera a los constitucionalistas…”. Sumado a ello, y en el mismo párrafo, el hecho de que (Caamaño) no “había respaldado” al gobierno de Bosch y “que no sea había opuesto” al Golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 (p. 34). ¿Qué se quiere insinuar con esto?

No obstante e independientemente de la opinión (¿o especulaciones?) del autor y la que le adjudica al Embajador John Bartlow Martin (1915-1987), el Coronel Caamaño Deñó, a pesar de Palma Sola y de sus múltiples versiones e interpretaciones, sí jugó un papel de primer orden y de líder en la revuelta de abril de 1965. Igualmente, los demás líderes militares de abril, también, estaban imbuidos de ideales patrios. La historiografía nacional en su versión científica-metodológica, en ese aspecto, no miente. Y por lo mismo, no importa que Brian, lo petrifique (1962-65) como militar y como figura histórica, obviando verlo, o por lo menos enfocarlo, en la dinámica de su evolución política-ideológica.

Playa Caracoles, a pesar de su fracaso militar, fue un acontecimiento político-revolucionario, que puso en primer plano, la transformación política-ideológica de Caamaño y, al mismo tiempo, demostró hasta la saciedad que la llamada “izquierda revolucionaria” criolla nunca tuvo siquiera vocación redentora después de 1959 (Constanza, Maimón y Estero Hondo) y de Manaclas (Manolo-1963). Lo de ella (la llamada “izquierda revolucionaria”) como expresión orgánica -no como individualidades, que sí las tuvo de excepcionales cualidades revolucionarias, teóricas y académicas- fue teorizar, conciliar con Balaguer, y finalmente, claudicar en el traspatio del PRD.

Balaguer y el final de su esquema de dominación Bonapartista

Finalmente, quiero precisar que, a pesar de algunas incongruencias históricas, y de algunos que otros juicios de valor del autor, el libro “Balaguer y los militares dominicanos” de Brian J. Bosch, es una referencia de consulta (que hay que leer en clave, algo más que observar “…el punto de vista de un oficial militar extranjero…” como advierte el editor, y sin perder de vista nunca la perspectiva ni el antecedente de la orientación política-militar de su autor en el contexto histórico de una injerencia bastante explicita:1963 Golpe contra Bosch, 1966-1978), y una aproximación documental de la arquitectura del modelo de dominación bonapartista que Balaguer implantó a todo lo largo y ancho del país a partir de 1966 con el apoyo decidido de los Estados Unidos.

Una muestra fehaciente de esa aproximación explicativa a la arquitectura de dominación balaguerista por parte del autor, es la siguiente apretada síntesis de ese entramad “…La técnica le dio el control absoluto sobre los miembros del Cuerpo de Oficiales. Era su titiritero, y nunca dejaron de responderle. Balaguer enfrentó las personas y las facciones poniendo a unas contra las otras. Desplegó unidades alrededor del centro de gravedad político-militar, Santo Domingo, de manera tal que siempre hubiese un equilibrio de poder. Evitó que oficiales profesionales establecieran una camarilla élite, compró lealtades mediante la corrupción y mantuvo un callado vínculo con el desaparecido régimen de Trujillo” (p. 352).

Esa síntesis de Brian J. Bosch, encaja muy bien en la descripción sobre las líneas generales de lo que fue la semi-dictatura balaguerista (1966-78); pero hay que agregar a ella, el terror y la violencia en que sumió al país.

Av/am

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