Santo Domingo. Rep. Dom. - 21 de Noviembre 2014
Opinión
29 Diciembre 2012, 09:44 AM, 2 Comentarios
El crimen que nadie quiere recordar: Angel Severo Cabral
Por AQUILES JULIAN

“La necesidad de la muerte de Trujillo surgió como surge en una comunidad cualquiera la necesidad de matar una alimaña que se convierte en un peligro para todos sus miembros.”
Ángel Severo Cabral

 

Escribo esto el martes 18 de diciembre del 2012, aniversario del asesinato en 1965, hace 47 años, del héroe de la gesta del 30 de Mayo Ángel Severo Cabral.

Fue un crimen pagado, como tantos, a cargo de esbirros, que permanece convenientemente olvidado porque develaría muchas verdades y desenmascararía falsas proceridades de reales canallas.

Esa muerte robó al país a uno de sus héroes más probos y de vida más ejemplar. Que supo resistir las seducciones del trujillismo y se negó a servirle. Que supo ir con dignidad a la cárcel y nunca renunciar a su determinación de quitarnos de encima a aquel tirano. Que supo reunir hombres y coordinar anhelos hasta que se produjo el golpe maestro que inició el fin de la tiranía.

Admiro a todos los héroes del 30 de mayo.

Todos tienen mi respeto, mi admiración y mi gratitud.

Pero admito que uno de mis favoritos lo es Ángel Severo Cabral Ortiz.

EL MITO DE LA “REVOLUCIÓN DE ABRIL”

Ángel Severo Cabral fue asesinado delante de su esposa y sus dos hijas. Del crimen hay fuertes indicios que comprometen a uno de los falsos héroes de la falsa “revolución” de abril: Manuel Ramón Montes Arache, quien sirvió a la causa de Ramfis Trujillo hasta el último día que aquel respiró y que hoy se nos vende como un prócer, cuando toda su vida fue un rufián.

De gente como él está llena nuestra fementida proceridad, sobre todo aquella de las últimas décadas.

Héroes verdaderos, como Ángel Severo Cabral, terminan ignorados y arropados por “héroes” de conveniencia, fruto de la infame alianza entre el trujillismo y, asómbrese, el perredeísmo y la seudoizquierda, que toda la vida le han hecho el trabajo sucio a aquellos.

Montes Arache, el que soltó y permitió escapar a la ira popular al criminal del SIM y uno de los asesinos de las Mirabal, Alicinio Peña Rivera, acción que lo revela y pone en evidencia sus intereses y valores, los motivos que motorizaban sus acciones encubiertas como “constitucionalistas”, era el mismo que había participado en el complot para asesinar al presidente venezolano Rómulo Betancourt y el mismo que luego traicionaría a su amigo Francis Caamaño Deñó, cuando aquel dio un giro a la izquierda.

Sin embargo, murió en olor de santidad, condecorado como héroe nacional.

¿QUÉ INTERESES MOTORIZARON LA LLAMADA “REVOLUCIÓN DE ABRIL”?

Aquel movimiento no tuvo nada de constitucionalista ni de patriótico, pese a toda la parafernalia retórica que perredeístas e izquierdosos han montado para encubrir la verdad profunda de aquel acontecimiento.

Se trató, en realidad, de un intento de una parte de las FF.AA. comprometida con Ramfis Trujillo para reponerlo en el poder.

La ida de Ramfis Trujillo en noviembre de 1961 era una última y desesperada jugarreta para lograr que la OEA y los norteamericanos levantaran las sanciones al país.

Sin embargo, esa acción terminó por resquebrajar el férreo control policíaco-militar y generó la primera ruptura significativa en las fuerzas armadas de la tiranía (que no de nuestra nación, porque era un ejército local de ocupación contra los propios dominicanos, como fue constituida desde sus orígenes por los interventores norteamericanos), al insubordinarse la Base Aérea de Santiago y reclamar la salida del país de todos los Trujillo.

Aquello escapaba a los planes urdidos y dio un giro a la situación. El entonces presidente titular, Joaquín Balaguer, se vio obligado a pactar con los líderes de la Unión Cívica Nacional, UCN, un gobierno colegiado, con representación de la iglesia y de los dos sobrevivientes conocidos de la trama que dio fin a la vida de Trujillo, formándose el Consejo de Estado.

En enero de 1962 Balaguer fue sacado del poder. La intentona de golpe de Estado que montó Rodríguez Echavarría fracasó. Dos coroneles: Rafael Fernández Domínguez y Elías Wessin y Wessin, liberaron a los miembros del Consejo de Estado retenidos en el Palacio Nacional y les devolvieron la autoridad.

Ramfis Trujillo vio frustrado sus planes de retornar en pocos meses al país y los sectores más proclives al trujillismo en las Fuerzas Armadas se vieron relegados a un segundo plano, mientras jerarcas militares de segunda categoría se aliaban a los cívicos para alcanzar nombradía y promoción jerárquica.

Y fue ese sector repentinamente venido a menos de los antiguos cofrades de Ramfis los que conspiraron para alcanzar que aquel retornara al país.

Esa y no otra es la real historia de la “revolución” de abril. Lo demás es retórica barata para engatusar incautos. Y lo han logrado en muy buena medida.

UNO DE MIS HÉROES FAVORITOS

Ángel Severo Cabral Ortiz nació en el 21 de febrero de 1910 en San José de Ocoa. Su padre era Heriberto Cabral Tejeda y la puertorriqueña Segunda Ortiz, nativa de Ponce.

Los Cabral es una familia de origen portugués, en que han sobresalido militares, políticos, educadores y profesionales, emparentada con una gran cantidad de familias dominicanas.

Estudió en el Colegio Santo Tomás de Aquino y luego en la Escuela Normal.

Concluido el bachillerato hizo carrera universitaria en la entonces Universidad de Santo Domingo, graduándose de agrimensor y también de doctor en Derecho, en 1952.

Desde sus años universitarios las inquietudes políticas y patrióticas le procuraron sinsabores, siendo apresado por ellas durante la tiranía.

En San José de Ocoa fue de los fundadores de la Sociedad Teosófica, aquel movimiento místico que forjaran Helena Blavatsky y otros y  que culminó con Krhisnamurti.

Trujillo buscó, como lo haría con otros, incorporar a Severo Cabral dentro de su maquinaria de cortesanos. Nunca le aceptó un cargo, con todos los riesgos e inconvenientes derivados de esa entereza suya.

Y resistió hasta el máximo el afiliarse al Partido Dominicano, lo que le tachaba de inmediato de desafecto al régimen.

NOMBRE EN CLAVE: “PLUTARCO”

A sabiendas de que arriesgaba no sólo su cuello, sino la suerte de su esposa e hijas, pero igual por ellas (era imposible sustraer sus hijas a la libinosidad de Trujillo, quien no sólo satisfacía sus instintos sino que también aprovechaba para humillar y rebajar a las familias con esa acción infame), Ángel Severo Cabral se lanzó a organizar la resistencia interna al dictador.

Obtuvo para esos fines “La Palmita”, el carnet del Partido Dominicano sin el cual no se podía viajar al interior, pues quien no lo poseía era detenido en las numerosas postas militares de control a lo largo de las carreteras dominicanas.

En notas para la posteridad, el mismo Severo Cabral escribe: “Escribí, con Tapia, (José Francisco Tapia Brea), los fines de la organización, con anotaciones para un plan de gobierno.”

Con diversos pretextos y razones que alejaran sospechas sobre sus reales fines, se dio a la tarea de detectar y agrupar el creciente descontento con un régimen feroz que no se detenía ante nada.

Tanto en el Sur como en el Cibao, Severo Cabral mantuvo contactos y forjó relaciones destinadas a dar término al latrocinio trujillista. Y se gestaron organizaciones como  Acción Democrática Dominicana  y el Frente Cívico de Unidad Nacional, ambas entidades promovidas por Ángel Severo Cabral.

Él mismo cuenta: “Celebramos, en mi casa, una primera reunión con representantes de San Juan, Azua, San Pedro de Macorís, la capital y San Francisco de Macorís. Allí fueron aprobadas las bases de la organización así como su designación de Acción Democrática Dominicana.

 Más tarde el Lic. Tapia hizo contacto con una organización que estaba surgiendo en Santiago, con fines semejantes a la nuestra, y resolvimos unificarlas.

 En una próxima reunión figuró también como asistente el Dr. Federico Carlos Alvarez y en ella resolvimos llamar a la agrupación resultante Frente Cívico de Unidad Nacional, que ya tenía la pretensión de reunir en una sola organización todos los movimientos que pudieran existir, con fines parecidos.”

Estos núcleos posteriormente sentarían las bases de lo que fue la Unión Cívica Nacional, UCN.

Para 1961 Ángel Severo Cabral era jefe del Departamento Agrícola de la Casa Vicini y era quien enlazaba a Gianni Vicini, el cabeza por entonces de la Casa Vicini y quien asumió la determinación de contribuir a sacar a los Trujillo del poder,  con el Grupo de Acción, encargado de liquidar al Trujillo. Su nombre en clave era “Plutarco”.

LOS NORTEAMERICANOS NO SON MÁS QUE “BUCHIPLUMAS”

En esos trajines, Severo Cabral hizo contacto con Pedro Livio Cedeño, y por Pedro Livio se entera del complot que se tejía con el general Juan Tomás Díaz como eje.

Exmilitar, Pedro Livio tenía amistad con Juan Tomás y logra que aquel llame a Severo Cabral y que conversen. Esa entrevista terminó de sellar la suerte de Trujillo.

Se recurrió a la señora Flérida de Berry, esposa de Lorenzo Berry (Wimpy), norteamericano propietario de un supermercado en la Av. Bolívar Esq. Pasteur, para por su intermediación procurar apoyo en armas de los Estados Unidos.

Las promesas nunca prosperaron, pese a que el entonces cónsul, Henry Dearborn, simpatizaba con la causa dominicana.

Los que dirigían la política exterior norteamericana no se atrevían a contribuir a librarnos de aquella bestia que ellos mismos habían amamantado en nuestro perjuicio.

Ángel Severo Cabral había estado en la cárcel torturas de “La 40”, porque el régimen sabía que lo adversaba.

Al final, y más por iniciativa unipersonal y arriesgada del cónsul Dearborn, se obtuvieron  tres rifles M-1 con 750 tiros.

Posterior a la entrega de los rifles y de que Severo Cabral se los diera, a su vez, a Antonio de la Maza y a Pedro Livio Cedeño, por instrucciones de Juan Tomás Díaz, volvieron los del SIM a apresar Severo Cabral.

Alguien le había delatado, porque Washington de Peña, a quien Severo Cabral había contactado, se negó a participar del complot, pero tuvo la ligereza de comentar el plan a un hermano suyo (¿Aníbal de Peña?), quien a su vez lo comentó más adelante y terminó en conocimiento del SIM.

Y en el SIM lo carearon con el mismísimo Washington de Peña, preso por la infidencia, aunque aquel actuó con discresión y no lo denunció.

En el SIM  le acusaron de tener un partido político y de “estar planeando  la muerte de Trujillo en el Paseo George Washington” (Los Días Finales, Bernardo Vega,  Pág. 589). Igualmente, le ordenaron constituir un partido con jóvenes que estaban presos, del Movimiento 14 de Junio, a lo que él se negó.

Como terminaría por decirle, desencantado, Ángel Severo Cabral a su pariente, los norteamericanos no eran más que unos “buchiplumas”.

“ESO ES ASUNTO NUESTRO. USTEDES NO TIENEN NADA QUE VER”

La hidalguía, el valor, la templanza y el respeto por sí mismos del grupo de héroes que ejecutó a Trujillo cobran su mayor relieve cuando enfrentan el intento de los norteamericanos de que abortara el atentado.

Asustados por su estrepitoso fracaso en la invasión de Bahía de Cochinos a Cuba, el Departamento de Estado de los EE.UU. quiso que se desactivara el complot local.

Henry Dearborn, cónsul por entonces en el país, contó que: “me recuerdo de un mensaje frenético del Departamento, me imagino autorizado por el Presidente Kennedy, diciendo, en efecto, “miren, tenemos todos estos problemas con Castro; no queremos más problemas en el Caribe, dígale a esa gente que dejen la cosa!”. Entonces le informé a la gente en la oposición que Washington  estaba muy en contra de cualquier plan de asesinato. La respuesta que recibí de ellos fue: “simplemente dile a Washington que no es un asunto de ellos. Es un asunto nuestro. Lo hemos planeado y lo vamos a hacer y no hay nada que puedas hacer sobre el asunto.” Pasé la información a Washington”. (Los Días Finales, Bernardo Vega, Pág. 651).

Esa declaración es más que clarificadora.

Mucho se ha querido, por el aparato de desinformación, calumnia y distorsión del trujillismo, torcer el sentido y el valor de aquella acción, presentándola como propia de mercenarios vendidos a los intereses norteamericanos (lo que no ha impedido, claro, al Clan Angelita vivir a sus anchas de los dineros robados a este país …¡en el país al que acusan de haber mandado a asesinar a su padre!).

LA VOZ DE LA PROCLAMA QUE NUNCA SE RADIÓ

Ángel Severo Cabral fue quien puso voz a la proclama que sería radiada tras el ajusticiamiento llamando a la población a rebelarse. Esa proclama, en cuya redacción participó el licenciado José Francisco Tapia Brea, se grabó en la oficina de José María Cabral Vega en la Casa Vicini, actuando este último como técnico.

El 30 de mayo de 1961 celebraba junto a su esposa 25 años de matrimonio, con familiares y amigos. A las 10 de la noche, Manuel de Ovín Filpo le llamó y le informó que Trujillo había sido liquidado.

Acudió con unos amigos a la residencia del general Juan Tomás Díaz, quien, al verlo, le dij “Ahí tenemos el hombre, Severo ¿qué hacemos ahora?.”

De la casa de Juan Tomás, Severo fue a la estación de radio convenida, pero allí comprobó que la custodia militar estaba alerta y prevenida. Luego fue a reunirse con Manuel Tapia Brea y el Rafael Acosta.

Nadie más acudió de los convocados.

El plan posterior a la ejecución del tirano había abortado al ser alertado el SIM por la pusilanimidad de Pupo Román que no redujo al general Espaillat, Navajita, cuando fue a informarle del hecho, al silencio. Ese acto le costó a él mismo, a Pupo, la vida.

ORGANIZAR LA RESISTENCIA EN MEDIO DE LA TIRANÍA

El 11 de junio de 1961, apenas a 12 días del ajusticiamiento del tirano, Ángel Severo Cabral y Viriato Fiallo anuncian, junto a un nutrido grupo de desafectos y opositores, la formación de la Unión Cívica Nacional. Ese hecho motorizó a que se negociara para traer al país al PRD para formarle un contrapeso político, menos de un mes después de la salida pública de la UCN.

Fue la clarinada de la libertad.

La Unión Cívica reunió una serie de personas, algunas de ellas parte de los conjurados que organizaron el complot del 30 de Mayo, como Federico Carlos Álvarez y el propio Severo Cabral, del Frente Cívico de Unidad Nacional, así como con representantes del Movimiento 14 de Junio, tales como el Dr. Fernández Caminero, Rafael Alburquerque Zayas-Bazán, Asela Morel y Manuel Baquero; personalidades independientes como Mineta Roques, Federico Henríquez Gratereaux, Osvaldo Peña Batlle y los Fiallo, Viriato, Gilberto y Antinoe, así como algunos remanentes que sobrevivían del Partido Socialista Popular, como describe Fabio Rafael Fiallo en su bellísimo libro “Final de ensueño en Santo Domingo”.

En esos meses turbulentos, arriesgando la vida, porque los Trujillo, encabezados por el hijo mayor del tirano, Ramfis, y todo el aparato político y militar estaba incólume, Ángel Severo Cabral y sus compañeros de causa rindieron un extraordinario servicio al país, para frustrar los planes de perpetuidad de la dictadura.

EL CRIMEN QUE NOS ROBÓ A SEVERO CABRAL

Terminada la “revolución”, firmado la llamada Acta Institucional que puso fin formal al conflicto e instalado el gobierno provisional del Dr. Héctor García-Godoy, Ángel Severo Cabral retornó junto a su familia a su casa en la calle Padre Billini del sector de Ciudad Nueva.

Aquella vivienda, heredada parcialmente de sus padres, la pagaba Severo Cabral, quien había contraído un préstamo bancario para adquirirla.

Una turba, organizada para disimular el crimen, se apersonó a la vivienda en que Severo Cabral, su esposa y sus dos hijas se encontraban y penetró por la fuerza a la vivienda.

Uno de los que fueron, el dentista Daniel Ozuna, disparó contra Severo Cabral. Tras herirlo, salió dando brincos y gritando de alegría: “¡Lo maté! ¡Está muerto, está muerto!”

Al acudir una ambulancia y llevarse herido a Severo Cabral, la puerta trasera de la misma se abrió y un menor de 14 años de apellido Pedemonte, hermano de una menor amante por entonces de Montes Arache, el presumible instigador de aquella acción infame, le disparó una ráfaga de ametralladora y terminó con la vida de aquel héroe.

Las hijas y la esposa de Severo Cabral tuvieron que ser protegidas y llevadas lejos de aquella turba que quemó el automóvil y saqueó la vivienda. Una familia apellido Brenes se apropió ilegalmente de la casa.

El dentista Ozuna, el menor Pedemonte y los Brenes fueron acusados infructuosamente por los deudos de Ángel Severo Cabral. El gobierno de Héctor García-Godoy no movió un dedo para castigar a sus asesinos.

Y eso ocurrió exactamente un día como hoy, 18 de diciembre, sólo que en 1965.

Av/am

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Comentarios

Enviado el 22 de Octubre 2013  |  #134399

Wow...


Entérese mejor de los hechos antes de publicar en internet tantas ideas erróneas. Es su responsabilidad no desinformar si se ha dedicado a ser "historiador." Más, como “caballero” no creo que debes despilfarrar contra el honor de las damas, ya sea quien sea (en este caso, la Pedemonte quien es madre de alguien hoy). Además, con argumentos ad hominem—de los cuales esta su escrito lleno—jamás se han ganado debates, porque nunca podrán tomar el lugar de pruebas irrefutables.

Enviado el 20 de Noviembre 2013  |  #157985

angel heriberto cabral


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