Santo Domingo. Rep. Dom. - 17 de Septiembre 2014
Opinión
25 Enero 2013, 08:53 AM, 0 Comentarios
El PLD y la encrucijada del Bosch-partido
Por FRANCISCO CRUZ

La pregunta obligada es: después de Bosch ¿quién ha pensado el partido (el PLD)? Que yo sepa, nadie. Lo que sí es una realidad concreta es que el PLD post-Bosch (y con él en el 90), se convirtió en una maquinaria electoral capaz de lograr cinco victorias electorales a la luz de una correcta estrategia de alianzas (lamentablemente, puramente electorales no programáticas), el relevo político-generacional de Bosch y Balaguer en la persona del ex Presidente Leonel Fernández por méritos político-intelectuales propios y la emergencia de un liderazgo real (aunque la socióloga light dijo que era “mediático” obviando el referente histórico y los procesos electorales de confirmación del fenómeno político-electoral: Leonel; y ahora Danilo, que se está perfilando con un liderazgo social y de cumplimiento programático puntual); y de lo innegable: el PLD ha sido, en la historia política del país, el único partido político escuela formador de políticos profesionales para el ejercicio de la política y del poder, legado del Prof. Juan Bosch. Pero esto último fue el partido de cuadros que Bosch pensó y organizó (1973), el que existe hoy es otro el de masas y eminentemente electoral.

Por esos antecedentes históricos, reales y tangibles, me da pena cuando escucho y leo a peledeístas ortodoxos y románticos que se formaron en el partido de cuadros que ya no existe, pero que su psiquis se niega a darle acta de defunción por razones que desconozco y que más bien podrían inscribirse en cierta nostalgia o apego ciego a lo doctrinario-disciplinario que el proceso dialéctico se llevó y que su jerarquía con espantoso pragmatismo gerenció. Con tan buena suerte y disimulo -para su jerarquía- que, todavía, algunos no se enteran o no se quieren enterar.

Vista en perspectiva, la gran encrucijada del PLD es: cómo rediseñar un partido de masas (que verbigracia no es el culpable del abandono de lo doctrinario-disciplinario, sino, de su jerarquía, pues sabido es que todo partido es lo que su jerarquía quiere que sea: o acaso, ¿cuál es la razón de que el CC no se reúne en años?) con algún sustento doctrinario-ideológico, hacer la “democracia refrendaría” y, al mismo tiempo, procurar la renovación ordenada y sin posposiciones de su jerarquía sin esperar el colapso, la crisis o el desalojo-ruptura por lógica dialéctica. Ello a pesar del romanticismo-nostalgia de los ortodoxos que se quedaron atrapados en el partido de cuadros (que repito, ya no existe!), o de aquellos dirigentes satélites (muy activos e incondicionales de la jerarquía).

Desde esta visión, el VIII Congreso podría significar el “último tren” o cuyuntura para pensar y reglamentar el partido real: el de masas. Esperar otro “momento” (como salir del poder, el IX Congreso, o apostar al eclipse biológico de su jerarquía) conllevaría un alto riesgo de muerte por inanición o de una rebelión sepulturera del todo. La jerarquía, hoy, puede escoger entre renovación ordenada, o rebelión en incubación.

Ya se han planteado en el PLD -con anterioridad a este VIII Congreso- salidas estatutarias-orgánicas para resolver algunos nudos: la categorización efectiva de miembro y militante (con la que estoy de acuerdo), el desmonte estatutario del partido de cuadros, el rediseño doctrinario-ideológico y una adecuada implementación de “democracia refrendaría”, vale decir, de la conciencia política-cultural de todo miembro-militante que milita en un partido político con reglas, deberes y derechos que funciona orgánica y democráticamente como un todo antes y después de los procesos eleccionarios-electorales internos o nacionales.

También, visto desde afuera, el PLD tiene deudas pendientes e imperdonables: la ley de partido (que con mayoría parlamentaria no ha hecho posible, igual que el PRD cuando lo fue), alianzas políticas-electorales programáticas y la profundización innegociable de lo que el Presidente Danilo Medina Sánchez viene haciendo la agenda social.

Lamentablemente, otra lectura sobre el PLD actual sería, en mi opinión, asumir el “complejo de avestruz” para no mirar una realidad bastante patente. Por lo mismo, ese método de “análisis” (el de “complejo de avestruz”) no encaja con mi formación ni mucho menos con la honestidad y la sinceridad que me caracterizan al enjuiciar y ponderar un fenómeno, aunque tal ejercicio me acaree alguna pérdida o antipatía interna. Prefiero eso, a quedarme callado, o peor, a hacer de borrego.

Dicho esto, me repliego hacia adentro (hacia el VIII Congreso), porque la suerte está echada….

Av/am

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