La lucha contra la criminalidad es un importante desafío en varios países de Latino América, considerada la región más violenta del mundo. Recientemente el Presidente Danilo Medina informó que en los próximos días anunciará al país un plan para reducir la delincuencia y la violencia en general que, según dijo, logrará disminuir la desigualdad social construyendo una sociedad más homogénea.
Dentro de ese plan sería justo que se tome en consideración a las víctimas de delitos violentos, estableciendo el derecho a una pensión a los damnificados a causa de robo, asalto o secuestro dentro del territorio nacional. También compensar a los cónyuges o concubinos e hijos de víctimas de homicidio. Esto, siempre y cuando la víctima no sea el autor, coautor o cómplice y resida en el país.
Uruguay ha sido el primero en la región en aprobar este tipo de iniciativa y los beneficiarios solo tienen que presentar la partida de defunción de la víctima con la documentación médica que se requiere dando fe del hecho generador. Los adjudicatarios solo deben demostrar la carencia de ingresos para subsistir, teniendo derecho al beneficio siempre que no supere la suma establecida en la Ley de Salarios Mínimos, con los reajustes correspondientes.
La Ley uruguaya indica que los beneficiarios que tengan 40 o más años a la fecha del fallecimiento de la víctima la recibirán durante toda su vida y los viudos o concubinos que tengan entre 30 y 39 años se le otorgará por cinco años y por 2 años cuando sean menores de 30. Este tipo de ayuda aunque no compensa la pérdida del ser amado, alivia la carga económica.
Esta subvención no puede ser inalienable ni embargable, tampoco es acumulable con cualquier otro tipo de jubilación o retiro a cargo del Estado o de alguna de las instituciones de seguridad social, públicas o privadas.
En caso de incompatibilidad, el agraciado tiene la opción de optar por la que le resulte más favorable. Conjuntamente Uruguay creo un Centro de Atención a las Víctimas de la Violencia y el Delito que dentro de poco entrará en funcionamiento para bridarle la atención necesaria a los que resulten afectados por crímenes y delitos violentos.
En el caso de la República Dominicana muchos de los que hoy se encuentran incapacitados por esas causas nunca han recibido ni siquiera el miramiento de las autoridades, la mayoría pertenece a un grupo que apareció en la televisión un día, se hundió en el olvido estatal al siguiente y debe arreglarse como pueda a convivir con la cicatriz. En algunos casos sus hijos están por cumplir la mayoría de edad, pero tampoco tuvieron la oportunidad de recibir terapia psicológica.
El reciente estudio ordenado por del Banco Interamericano de Desarrollo, realizado en varios países de la región y difundido esta semana, señala que el crimen y la violencia tienen un dramático impacto económico sobre las mujeres, los jóvenes y el patrimonio de las familias de América Latina y el Caribe.
En el caso de nuestro país la tasa de homicidios y delitos están entre las más altas y el nivel de confianza en las instituciones públicas como la policía está entre las más bajas. La violencia y el crimen constituyen una de las mayores preocupaciones de la población, en ocasiones superando otros temas como el desempleo y la salud.
Se requiere urgencia en acciones de prevención social enfocadas en el fomento de más oportunidades como lo ha plateado el Presidente, mejorar los entornos y espacios públicos, fortalecer la gestión policial, la justicia penal y la rehabilitación. El crimen no sólo victimiza a individuos, siembra la incredulidad y destruye la paz familiar.
No existe ninguna duda que el Gobierno toma decisiones claves en temas neurálgicos que afectan al desarrollo de nuestro país. Son palpables los avances en materia económica, educativa así como en otras áreas, y por ello recibe el reconocimiento mayoritario de la población. Pero en este tema para lograr hacer lo que nunca se hizo se requerirá de mucho empeño del Ministerio del Interior, apoyo de la ciudadanía denunciando los delitos y de los medios de comunicación evitando el sensacionalismo.
Av/am
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