Santo Domingo. Rep. Dom. - 27 de Agosto 2014
Opinión
14 Febrero 2013, 09:36 AM, 0 Comentarios
¿Posible solución?
Por FAUSTO PIÑA BELLO

La paz en el mundo es diferente a la paz que Jesucristo ofrece. El mundo habla de una paz social, mientras Jesús habla de la paz interna del individuo, de ahí que él dijo: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo;" Jn. 14:27.

Es obvio, esta paz es posible que cada individuo la consiga; sin embargo, la paz en el mundo nunca podrá conseguirse, debido a las contradicciones generadas por el mundo. El primer mundo fue destruido, debido a la violencia que generó, como está escrito "Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: He decido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra, "Gén. 6:11- 13. De ahí que: El desarme, ¿posible solución?

Aunque parezca extraño decirlo, todas las armas son indicadores de violencia y muerte en el mundo. Muchas personas que usan armas, creen que están realmente protegidas de la delincuencia, pero en realidad la tenencias de armas en este tiempo, es una llamada a la delincuencia, debido a que buscan esas armas para ellos protegerse para cometer con armas ajenas (ahora robadas, e ilegales) sus delitos. Además de que el delincuente está más preparado en el uso de las armas que muchos que las poseen; sin embargo, el falso orgullo de estar armados, les lleva a pensar que ellos pueden defenderse y atacar a la delincuencia. Así mismo, la delincuencia ataca a sus víctimas sin avisarles, es decir que el factor sorpresa le favorece.

Desarmar a la población es un acto de conciencia, tanto en la misma población como también en aquellos que les corresponde hacer tal acción. Las armas son un peligro, puesto que cuando se ve una persona armada, no se sabe si es delincuente o no, lo que sí se piensa es que esa persona tiene una ventaja sobre el que lo ve. ¿Qué piensa una persona armada? Que puede hablar duro a otros, que es más que el que está desarmado, que a él hay que respetarlo, y que él tiene un privilegio sobre los demás, entre otros pensamientos. No solamente está armada la delincuencia, sino también muchos ciudadanos con deficiencias sicológicas, económicas, sentimentales, educativas y religiosas quienes sin mediar palabras, utilizan su dios (armas) para atacar al prójimo indefenso o no.

Una sociedad desarmada es digna de vivir, puesto que se reduce a su mínima expresión la delincuencia. A mayor cantidad de armas en manos de la población, mayor posibilidad de delincuencia. En otras palabras, la sociedad con la falsa idea de que hay personas que tienen pertenencias materiales que justifican el tener un arma o varias, han incrementado este odioso instrumento de quitar vida. No es verdad ni justo decir que alguien tiene el deber de tener arma; si una persona ha logrado sus bienes a través del trabajo honrado, la mayoría de las personas aprecian esa conducta, y si además la persona sabe que el bien material es para compartir con la sociedad necesitada a través de hacer empresas que generen trabajos, estas dos condiciones disminuyen la delincuencia y a la vez, le da más seguridad en la sociedad.

La generación de pobreza, la falta de una educación adecuada y el escepticismo religioso son en gran manera indicadores de delincuencia. La ausencia de estos tres generan la paz anhelada en la población. El rey sabio, Salomón escribió: "Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien," Ecl. 9:18. La solución de la delincuencia y de los actos violentos involuntarios, pueden desaparecer en gran porporción a medida que existan menos armas letales. Salomón escribió: "No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee," Ecl. 8:8.

El hombre no tiene seguridad de sí, aunque esté fuertemente armado, eso es simple ilusión; siempre aparecerá otro que puede tomar ocasión sobre él. Jesucristo dando una enseñanza del poder que había en él sobre los demonios, dij "Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín," Lc.11:21, 22.

Es tiempo de darnos cuenta, que la libertad de comprar armas en Estados Unidos de América, ha generado la inseguridad en el mundo educativo de esa poderosa nación. En nuestro país, con un bajo nivel del régimen de la ley, se hace un suicidio social la tenencia y porte de armas. Muchas personas ni siquiera saben maniobrar un arma, y llegan hasta herirse ellos mismos, o matan involuntariamente a familiares y amigos. Los constantes femenicidios, son una evidencia de lo que vengo diciendo. En la actualidad una mujer sabia no se casa, ni tiene ni trato amoroso con un hombre armada, puesto que tiene la muerte tan cerca, que sólo tiene que apretar el gatillo.

Asimismo, un verdadero y justo desarme evitará la desconfianza de la población en los "intercambios de disparos;"pues se sabe que no habrá manera de justificarlos, pero si hay tantas armas en el medio, es difícil negar tal afirmación. La confianza en nuestros cuerpos armados, debe ser una realidad, pues es su papel proteger la ciudadanía, pero si ellos tienen que proteger a la ciudadanía de la ciudadanía, entonces se hace más difícil, por no decir imposible, ya que ellos también tienen que protegerse de la ciudadanía armada.

Sabemos que la fabricación y negociación de las armas dan mucho beneficio, pero si pensamos en el amor al prójimo, entonces nos damos cuenta que si cierta riqueza va en detrimento de la paz social, de la vida humana, entonces vale la pena no obtener esa riqueza. Cualquier persona, puede ser la víctima de las armas, y como dicen los dichos: "El que a hierro mata a hierro muere;" "la violencia engendra violencia," son expresiones del diario vivir, que recoge la veracidad en los tiempos. Las armas cualquiera que sean que vayan en contra de la vida de los humanos, son herramientas enemigas de Dios. Dios quiere la paz basada en una convivencia humana aceptable. No más armas. Agradeceremos cualquier esfuerzo que se haga para reducir a cero las armas legales e ilegales en mano de la población. Sabemos que esto debe hacerse en forma paulatina, según ciertos indicadores van desapareciendo.

Una efectiva planificación del futuro en sociedad, no en suciedad, hará posible un hombre más feliz, que aprecie la vida, la de todos. Nunca pensemos que los demás son los únicos responsables de nuestra desgracia, sino que todos debemos aprender a buscar y aceptar valores sociales y espirituales que conlleven la materialización de una justa, próspera y duradera sociedad. Muchos hombres han luchado para crear un nuevo ambiente social, sus ideas y esfuerzos son generalmente despreciados, a veces por ignorancia, por intereses personales, por incertidumbre y sobretodo por pereza. Uno de estos hombres fue Jesucristo, a quien mataron los romanos, por la ignorancia e envidia de los judíos de la época.

Solamente Dios a través de su palabra puede hacer una sociedad nueva, un hombre nuevo. Ese hombre orientado en la comunión entre los humanos, no necesita armas, más bien confiar en Dios. Esta es la verdadera solución: Dios. El salmista escribió: "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño," Sal. 127:1, 2. Usemos de sabiduría y busquemos a ese Dios, el Dios Creador del Universo, y él nos ayudará a salir de la situación de violencia, delincuencia e inseguridad en que viven los pueblos. No pongamos la confianza en las armas, sino en Dios Todopoderoso. Dios le bendiga.

Av/am

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