Un día después de que John McCain se tomara un café cubano en Miami, los aspirantes demócratas, Barack Obama y Hilary Clinton, aterrizaron en el estado. Obama para vender la idea de que ya es candidato. Clinton, para prometer que seguirá peleando por la nominación.
Al acusar a McCain de querer continuar las políticas del presidente George W. Bush y hablar de Hillary Clinton como alguien que "merece nuestra admiración y respeto", Barack Obama quiso mandar el mensaje de que su pelea con la ex primera dama ya terminó y que ahora su adversario es el candidato republicano.
Sin embargo, el camino no está para nada despejado, pues la senadora Clinton ya prometió seguir peleando para que se reconozcan los resultados de las primarias en ese estado y en Michigan, castigados por la directiva demócrata por adelantar los comicios internos.
Obama tiene también por delante el desafío de aclarar el viernes ante la influyente comunidad de exiliados cubanos de Miami las acusaciones de querer reunirse "incondicionalmente" con el presidente de Cuba, Raúl Castro, que hizo ante ese mismo auditorio el senador McCain.