Ban llegó en helicóptero a Yingxiu, un pequeño pueblo en la garganta de un río empinado que perdió a cerca de dos tercios de sus habitantes en el sismo del 12 de mayo y donde casi no quedan edificios seguros en pie.
El secretario general de la ONU se reunió con el primer ministro chino, Wen Jiabao, quien elevó la cifra oficial de víctimas a más de 60.000 y dijo que incluso podría superar las 80.000.
China dijo el viernes que hay más de 55.000 muertos y casi 25.000 desaparecidos, pero cerca de dos semanas después del terremoto, las esperanzas de encontrar gente con vida prácticamente han desaparecido.
Mientras, trabajadores de ayuda con monos blancos y máscaras descargaban suministros y miles de soldados trabajaban para despejar los escombros y desenterrar a los muertos, Ban rindió tributo al liderazgo de Wen y a la respuesta de su Gobierno, y comprometió su respaldo total.
"El Gobierno chino, en las primeras etapas de este desastre natural, invirtió esfuerzos intensos y demostró un liderazgo extraordinario", dijo Ban a un pequeño grupo de periodistas.
Pekín ha recibido muchos elogios por sus esfuerzos de ayuda, por enviar a más de 100.000 soldados y a una serie altos cargos a las áreas más afectadas, además de aceptar la ayuda extranjera aún cuando la zona del terremoto alberga al principal laboratorio de investigación de armas nucleares de China.