Las acciones de Toyota tomaron una abrupta senda descendente. Las declaraciones de LaHood se produjeron durante una comparecencia en el Congreso y cuando se acabó la sesión se vio obligado a improvisar una rueda de prensa en la que aclaró que lo que quería decir es que los dueños de los Toyota deben llevar el coche al concesionario, no que dejaran de conducir sin más.
La situación puede aún generar problemas para la japonesa porque no todos los concesionarios están preparados y tienen las piezas para la avalancha de coches que pueden llegarles a la vez. Además, sigue en disputa qué es lo que está provocando las aceleraciones. En EE UU se sospecha de los sistemas electrónicos.
LaHood dijo que tenía pensado tener una conversación con Akio Toyoda, el presidente de la automovilística, para explicarle la seriedad de la situación "y asegurarme de que lo entiende". El secretario de Transportes explicó que cree que ahora la empresa se está tomando los fallos en serio.
Desde su departamento se ha explicado que, pese a que ha habido muchos accidentes, problemas y denuncias, hasta que una delegación de esta secretaría no fue hasta Japón para hablar con Toyota, la compañía nipona no pensó en hacer la llamada para reparación. "Han hecho un poco oídos sordos a la seguridad", dijo LaHood. EE UU estudia la posibilidad de imponer multas a la empresa japonesa.
Revisiones costarán 1.426 millones de euros
Al anunciar sus resultados financieros del último trimestre de 2009, los responsables del líder mundial del motor explicaron en rueda de prensa que esa cifra incluye el coste de las revisiones de ocho millones de unidades en todo el mundo por posibles fallos, así como el impacto sobre las ventas.
El fabricante ha fijado unas provisiones de 100.000 millones de yenes (794 millones de euros) para el control de calidad de los vehículos y de hasta 80.000 millones de yenes (635 millones de euros) para cubrir el esperado descenso en ventas y otros gastos.
Según Toyota, las revisiones por posibles fallos en el pedal de acelerador supondrán una reducción de la ventas en 100.000 unidades, el 80 por ciento de ellas en Estados Unidos y el porcentaje restante en el resto de sus mercados.
A finales de enero, Toyota llamó a revisión 4,5 millones de vehículos en EEUU, Europa y otras zonas por un posible defecto del acelerador, que se suma a otro problema con las alfombrillas del conductor por el que ya había anunciado chequeos de 4,2 millones de unidades en Estados Unidos, su primer mercado.
Además, esta semana se han recibido más de cien quejas en Japón y EEUU por el mal funcionamiento de los frenos de la exitosa última versión del híbrido Toyota Prius en determinadas condiciones, que al menos en un caso llegaron a causar un accidente con dos heridos.
En este sentido, los directivos de Toyota minimizaron hoy esos posibles fallos, que calificaron de "un problema de software" contra el que ya se han tomado medidas, y dijeron que no se trata de un problema mecánico.
Los responsables de Toyota reconocieron que, tras las primeras reclamación, identificaron el problema y en enero realizaron un cambio en el software que coordina el sistema ABS y los frenos para evitar un retraso en la respuesta del vehículo.
Hiroyuki Yokoyama, uno de los jefes de división de Toyota, aseguró que el retraso sólo se produce en terreno con baches o deslizante y que "no compromete la seguridad de los ocupantes".