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*EL AUTOR es nativo de San José de Ocoa. |
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Recuerdo perfectamente cuando el Congreso Nacional aprobó la creación de la provincia número 30, San José de Ocoa. Era una tarde en que el sol brillaba y la brisa suave de mi pueblo se dejaba sentir en cada habitante. Saliendo del Centro Educativo Padre Arturo, dirigido por la hermana María José, escuché en una emisora local la voz del diputado profesor Ramón Mordán que anunciaba que ya pasábamos de Municipio a Provincia. La sensación que experimenté fue de alegría, Júbilo, satisfacción y esperanza. Me atrevo a asegurar que los demás munícipes en ese entonces sintieron lo mismo. Se iniciaron los comentarios en todos los estratos sociales de mi pueblo, creando expectativas y esperanzas de las oportunidades que llegarían con la nueva situación. La zona rural y la zona urbana empezaron a hilvanar lo que serían posibles proyectos para desarrollar en nuestro Ocoa querido. Se mencionaba una zona agroindustrial para aprovechar la capacidad de producción de la tierra local, inversiones en eco-turismo en que se explotaría uno de los puntos más hermosos.
Todo iba dirigido a que el pueblo siguiera su avance con la creación de fuentes de empleo, y de oportunidades de estudios para evitar la migración del talento ocoeño hacia Santo Domingo. También se mencionaba la reparación de calles y caminos vecinales, lo que iría acompañado de oportunidades de producir para el campesino que labra la tierra de sol a sol.
Pero falta algo en esta crónica de perspectivas de evolución y crecimiento, me refiero al factor de la política. Se especuló en esto como el llamado a canalizar lo anterior descrito, a través de los representantes que serían elegidos de manera democrática por el pueblo. Un Senador, dos Diputados, tres Síndicos Municipales, varios Regidores, entre otros cargos que debían ser optados mediante el voto directo.
Fueron creados y elegidos los cargos mencionados, no así la conciencia social del porqué y para qué fueron elegidos. Debo mencionar para ser justo, que existen excepciones de trabajo y responsabilidad las cuales han sido puestas de manifiesto en la creación de programas locales sociales y medicinas a bajo costo, entre otras acciones.
No ha sido suficiente lo que hasta ahora se ha hecho e invertido en San José de Ocoa. No ha habido una voluntad política ni social para que las cosas cambien, y cuando ha existido, el interés particular ha brillado con una intensidad de 220V. San José de Ocoa, olvidada por los rojos, los blancos, los morados y por todos los que alcanzan poder de decisión, merece una mejor suerte. Golpeada por varios fenómenos naturales que han destruido calles, puentes, casas, terrenos agrícolas, no ha sentido aun que la inversión gubernamental tiene voluntad de ayudar a este pueblo de la Cordillera Central. Consejos de gobiernos, provinciales y municipales, sólo han servido para querer poner una “curita”, en la gran hemorragia de la ausencia de inversión.
Hago un llamado responsable a los sectores públicos y privados, para decirles que existe una provincia en el mundo en el mismo trayecto del Sol (con el perdón de don Pedro Mir), que requiere atención e inversión inmediata. Debe de existir un plan de desarrollo en el que el gobierno nacional se una a los gobiernos locales, juntas de vecinos, grupos sociales y toda la población en general, para que juntos busquemos alternativas de solución a la inversión social, infraestructuras, carreteras, puentes, arroyos y todo lo que implique enfrentar la marginalidad para la provincia número 30.
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