Algunos de los marineros viven en la nave y la consideran su casa.

“A veces echas de menos a tu familia y tu hogar pero llegas a conocer sitios muy bonitos. He estado en Israel y en Dubai”, explicó Eduardo Ruiz, un marinero de la flota naval estadounidense de origen puertorriqueño.

Ruiz precisamente ha vuelto a su hogar esta semana, ya que nació en Queens. El boricua se encarga de mantener los explosivos que luego cargan los aviones que transporta el barco. Para Ruiz, la experiencia en la flota naval es única y espera que luego le ayude a convertirse en un agente de la Oficina Federal de Investigación.

“Me gusta esto. Es interesante”, explicó el marinero.

El barco, junto a otros de un tamaño parecido, llegó a Nueva York el pasado miércoles como parte de Fleet Week (Semana de la Flota), un festival donde el público puede charlar con marineros y aprender más sobre los enormes barcos de guerra que utilizan. El Kearsarge —que tiene como base Norfolk, Virginia— está anclado en el muelle 90 del río Hudson, en la calle 50 y la Avenida 12. Entre 70,000 y 80,000 personas se acercaron a visitar los buques el año pasado.

El puertorriqueño Esteban Rodríguez, asistente de uno de los doctores del barco, está acostumbrado a que le pregunten sobre la clínica del buque. Allí se dedica a tratar de todo, desde infecciones, a poner puntos en heridas, a diagnosticar huesos rotos.

“Esto es como una ciudad. Aquí tenemos ingenieros, carpinteros, doctores...”, comenta Rodríguez, que ya lleva seis años y medio en la flota naval y ahora vive en Norfolk.

Sólo unos 12 marineros de la flota del Kearsarge hablan español, aunque hay más marineros latinos, indicó Brenda García, una portavoz de la reserva naval. Precisamente, los hispanos son los que harán falta dentro de tres meses, cuando el barco viaje hasta Latinoamérica para llevar a cabo misiones humanitarias.

El espectacular buque dejó boquiabiertos a Jaime Espinosa y Luisa Martínez, una pareja de ecuatorianos que viven en Brooklyn. “Nunca lo imaginé tan grande, con camiones dentro y todo esto”, comentó Martínez, riendo.

John Trinidad, un Marine dominicano, tampoco estaba tan familiarizado con el barco, al que venía a visitar después de ver a su familia.

“Yo soy de Brooklyn pero ahora vivo en Carolina del Norte”, explicó el soldado. “Estoy feliz, me trajeron aquí gratis, y ahora por fin veo este increíble barco”.