Por eso, quise romper con esa práctica, propuse que al final de la campaña los candidatos nos sentáramos a discutir en un gran debate frente a la nación las diferentes soluciones a los problemas que afectan a los dominicanos. Algo que hubiera servido como plataforma para ir sentando las bases para la elaboración y ejecución de un plan de nación. Pero no se atrevieron y prefirieron seguir el festival, ahí están, en lo mismo de siempre engañando a la gente. Yo en cambio les hablo con el corazón en la mano, les digo lo que pienso y siento sobre la difícil situación que vive, nuestra querida República Dominicana.
Todos sabemos que no ha sido una decisión fácil para mí y para Hatuey De Camps, así como para Juan Cohen, Elexido Paula, Fervio Rodríguez y los dirigentes de los partidos y movimientos que integran la Cuarta Vía, presentar esta candidatura en el actual proceso electoral.
El PRSD, el PHD, el PNVC, el Movimiento FRENO y Dominicanos por el Cambio, hemos tenido que hacerlo. Porque alguien debía de señalarle a los habitantes de este país, que existe otra vía alternativa, distinta a las tres que aparecen como mayoritarias, pero que indefectiblemente conducen al mismo destino: más pobreza, más corrupción, más inseguridad, más deuda, más desempleo, en definitiva más sufrimiento para nuestro pueblo, y a cambio, beneficio para unos pocos, como ha quedado evidenciado en los últimos cuatrenios.
Cuesta creer, que en nuestro querido país, para poder acceder al gobierno, no basta con tener buenos candidatos, las mejores propuestas, ideas claras, conocimiento de los problemas, amor por la patria, honestidad, coherencia y experiencia. Pareciera que eso, no es lo que importa. Pareciera que lo que sí hace falta, es disponer de grandes fortunas, aunque sean de procedencia dudosa, no estar preparado, dilapidar y abusar de los recursos del Estado, endeudar al país, promover la corrupción y la impunidad de los que la cometen, ser un demagogo, mentir descaradamente, aunque estos corran el riesgo, de que toda violación a la verdad, no es solamente una especie de suicidio para el embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad.
Pero los dominicanos, tenemos en esta campaña que termina y en esta elección del Viernes próximo, la oportunidad de dar una señal de que esto comienza a cambiar. De que lo más importante vuelva a ser el interés por la gente y la solución de los grandes problemas que afectan a nuestra patria. Porque esas soluciones no llegarán si no nos damos cuenta que el flagelo principal que nos golpea, y que no cambia, cuando cambian los gobiernos, es la corrupción enquistada en los sectores de poder. Un flagelo que no sólo implica, el mal uso o el robo del dinero del pueblo, sino que tiene consecuencias aun más graves.
Corrompe el sistema de valores de nuestra sociedad, al condenarla a adaptarse a lo malo. Al transformar en normal lo que es anormal. Al hacernos perder la capacidad de asombro, para que poco a poco, vallamos incorporando la idea, de que para que a una persona le vaya bien, no hace falta estudiar, preparase o trabajar duro, que simplemente con estar pegao en el gobierno es suficiente. Pero eso, es pensar sólo en el corto plazo. Es seguir, en el circulo vicioso del que no se sale, y que nos conduce a más pobreza, más ignorancia, y como consecuencia, más demagogia y más corrupción. Una trampa mortal para nuestra patria.
Por eso es que estoy aquí, porque son muchos los calladitos que quieren este cambio. Los veo en todos los pueblos, en todas las esquinas, en todos los rincones del país, cuando se me acercan y muchas veces en forma silenciosa y hasta casi con miedo, nos estimulan y nos piden que no les dejemos solos y que sigamos adelante.
Sé que el camino es difícil. En la historia de la humanidad los grandes cambios siempre implicaron grandes sacrificios, y el cambio que necesita nuestra nación, es de tanta magnitud que bien vale la pena afrontar el desafío. Por eso organizamos Dominicanos por el Cambio, una estructura nueva y sana, sin cola que le pisen que está abierta a todos los que sueñan con un país distinto, por eso se formó, la Cuarta Vía, compuesta por un grupo de organizaciones, que han asumido el papel histórico con valentía y firmeza.
Porque lo más grave de todo es, que este sistema nos está conduciendo al desastre. Ya no son pocos los que dudan que esta pequeña nación que tanto amamos, esté en los umbrales de una crisis económica y social de consecuencias trágicas.
Vienen tiempos muy difíciles. Se va formando, poco a poco, una verdadera tormenta perfecta. Todo nos va indicando que el golpe será muy duro, tanto para la economía general del país, como para el bolsillo de la gente común dominicana y ya se sienten los primeros vientos que presagian al huracán.
La subida del precio mundial del petróleo y de los alimentos están afectando fuerte a nuestro país y las perspectivas, lamentablemente, indican que la situación, no sólo no va a mejorar, sino que por el contrario tiende a empeorar. A esto hay que sumarle la crisis norteamericana que recién empieza, lo que a su vez ya esta reduciendo los ingresos por remesas.
Pocas veces antes hemos enfrentado un panorama más desfavorable y es allí donde se nota la improvisación de los últimos gobiernos. Nada se hizo ni se está haciendo para prepararnos ante una situación como la que se avecina. Tendríamos que haber fortalecido y blindado nuestra economía, aumentado la producción y reduciendo los gastos, para poder resistir estos embates. Mientras más tiempo dejamos pasar, mayores son los males y más dolorosas serán las soluciones.
En cambio, inspirados en doctrinas neoliberales (las cuales están en retirada en todo el mundo y especialmente en nuestra región) han comprometido todo nuestro presente, otorgando préstamos mayormente al consumo y las importaciones, a expensas de no hacer las inversiones necesarias, ni de financiar la agricultura y la industria. Pero claro, había que dar la señal de crecimiento y de una simulada prosperidad; todo a costa del futuro. Había que llegar con el tren en movimiento hasta las elecciones de mayo. Pero después… después que entre el mar.
En una actitud improvisada y sin visión de futuro, con un amplio desconocimiento de nuestras realidades y problemas, se ha gastado una verdadera fortuna, pintando pajaritos en el aire que distorsionan la realidad, como se tratara de poner una venda para impedir que veamos, antes del 16 de mayo, la tragedia que nos espera después de las elecciones, no sabiendo ellos, que esto como quiera le va a costar el poder, porque definitivamente e´ pa fuera que van.
Hace tres períodos presidenciales, que nuestro país, está entrampado en esta espiral sin salida, de más gasto público y más y mayores impuestos. Y un nuevo gobierno de los que están, o de los que ya estuvieron, no cambiará las cosas. Las crisis no la resuelven los gastadores empedernidos e irresponsables, aquellos que nunca demostraron, ni demuestran en la actualidad, ningún tipo de austeridad. Cómo pretenden afrontar los tiempos difíciles desde el palacio, con un barril del petróleo a $126.25 dólares, si por el contrario, son capaces en esta campaña de exhibir niveles de derroche que ofenden la conciencia nacional. O acaso, vamos a permitir, que ellos sigan haciendo fiesta, con lo que nada les cuesta.
Nunca antes, habíamos visto un espectáculo tan lamentable. Millones y millones de pesos derrochados en vallas y anuncios políticos, sin control; publicidad estatal usada desvergonzadamente a favor del partido gobernante; un clientelismo aberrante, que atenta contra la dignidad de los ciudadanos; compra de dirigentes; persecución de los partidos políticos emergentes que no se doblegaron como el PNVC.
Si por un acto de magia, pudieran volver a la vida los grandes padres de la política dominicana: Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez y Juan Bosch, qué vergüenza sentirían, por lo que han hecho los que dicen ser sus discípulos! Han traicionado y renegado de sus enseñanzas! Seguramente, avergonzados por este lamentable espectáculo, preferirían volver a sus tumbas.
La noche será larga si no reaccionamos a tiempo.
Dominicanas y dominicanos, tendremos que soportar, y créanme que me duele anunciarlo, una verdadera serie de penurias, que como las plagas de Egipto, irán castigando a estas tierras, cuyos últimos gobernantes, pecaron de soberbios e improvisados.
Muchos negocios, pequeños y medianos, así como industrias tendrán que cerrar, y como consecuencia inmediata, seguiremos sintiendo el sabor cada vez más amargo del desempleo, golpeando a nuestra clase trabajadora y profesional.
Con la crisis enorme de las zonas francas, con el estancamiento en volumen de nuestras exportaciones y el aumento desmesurado de las importaciones, los precios terminarán disparándose, el gobierno no podrá atender los reclamos de subsidios de cada sector, lo cual provocará una inflación descontrolada, por culpa, de no tener una visión clara o de actuar a tiempo, quien hoy aspira a quedarse y que ha permitido que el territorio nacional se haya infectado por la plaga morada.
Lo que nos espera se asemejará a un constructor desesperado, que frente a su obra maestra, el muro de una represa, con sus dos manos no da abasto para ir frenando el agua que se filtra por las numerosas fisuras que se expanden aceleradamente. Y este gobierno con sus dos manos no detiene las fisuras de la economía que se multiplican por miles. El fin de la historia es conocida. La presa cede y arrasa con todo, llevándose también a su creador irresponsable que no supo construir una estructura resistente.
No es nada grato para mí hacer estos pronósticos. Hoy me hubiera gustado traerles un mensaje optimista y de esperanza. Pero alguien tiene que alertar a la República sobre los males que vendrán, si no cambiamos a tiempo. Alguien tiene que decir la verdad, aunque esta verdad duela y moleste. Tal vez no sea algo muy popular. Tal vez por hacerlo, no ganemos más votos. Seguramente los especialistas en marketing y en comunicación no lo recomienden como un buen cierre de campaña. Pero a quién le importa caer simpático y agradable si lo que está en juego es el futuro del país y de las próximas generaciones! A quién le importan los votos si una crisis sin precedentes amenaza nuestras vidas! Esta es mi obligación.
Tengo que entrar de golpe en los salones del Titanic para alertar a todos los que bailan y disfrutan de una fiesta aparente, que hay témpanos de hielo, que hay peligros acechando en las aguas. Si alguien lo hubiera hecho tal vez aquel mítico barco no se hubiera hundido y mucha gente se hubiera salvado.
Es oportuno dejar bien claro, que no queremos que esto pase. No queremos que nuestro barco se hunda. No queremos que nuestra gente siga sufriendo. Ante esta realidad no es la mejor ocasión para festejar en actos enormes con música y globos de colores. El momento es para reflexionar y decir la verdad, tal y como dijo Seneca: “la verdad se corrompe, tanto con la mentira como con el silencio”.
Pero no todo está en perdido. Hay una luz de esperanza al final del túnel. Cada vez son más los dominicanos que se rebelan y que no se dejan arrastrar, como los ratoncitos que seguían felices al flautista de Hamelín. Felices hacia el abismo.
Cada vez son más los dominicanos que quieren un cambio. Los que sueñan, con un gobierno que tome en serio el objetivo impostergable de reducir la pobreza extrema; que se comprometa con la no reelección presidencial en la cultura política del país; que logre devolver tranquilidad y seguridad a la ciudadanía; que asuma responsabilidades tan ineludibles como mejorar la calidad de la educación pública, proteger la salud del pueblo, garantizar que cada familia tenga su techo propio y procurar un medioambiente sano; que hayan mayores y mejores oportunidades de empleo; con gobernantes honestos que curen al sector público del virus del clientelismo; que no roben y abusen de los recursos del Estado; que se inspiren en el bien de la patria y como dijo el presidente Kennedy “sean capaces de organizar y conducir una sociedad en donde los pobres, puedan salir de su pobreza y los ricos, puedan mantener sus riquezas”.
En estas elecciones, el que vende su voto por unos cuantos pesos, no solo vende a la patria como vendió Judas a Cristo, sino que también hace el peor de los negocios. No seamos cómplices de un virtual fracaso. No optemos por el mal menor. Votemos por el mejor. Marquemos la diferencia, votando en la casilla 6 por el Partido Revolucionario Social Demócrata o en la 20 por el Partido Humanista Dominicano.
Nuestro trabajo no termina este 16 de mayo, ni en junio después de la segunda vuelta. Seguiremos recorriendo cada rincón de la patria para entusiasmar a los que piensan distinto, a los que no se dejan engañar, alzando nuestra voz para que todos la escuchen. Incorporando a los dominicanos de todas las edades y clases sociales, a las mujeres y a los jóvenes, que todavía confían en que aún hay razones para creer y motivos para esperar.
A los que piensan que una mejor Republica Dominicana es posible, a la gente de buena voluntad que ama esta tierra, les aseguro que siempre estaré de pie, que estaré presente, que bajo ninguna circunstancia desmayaré en mi lucha por lograr una Patria mas justa para todos.
Que Dios derrame sobre el pueblo dominicano la luz de su sabiduría.
Muchas gracias.
Santo Domingo, Rep. Dom.
12 de mayo, 2008.