Pero los que así se manifiestan tienen un sentido algo limitado de lo que es el engaño, el fraude.
Ciertamente, el engaño ha sido la práctica de la política seguida por los partidos del sistema. El pueblo sí puede hablar de fraude, porque se le ha prometido y nada se le ha cumplido.
Tiene que resultar asqueante para el verdadero pueblo dominicano tener que encontrarse, cada cuatro años, con los mismos que le han prometido el progreso y lo que le han dado es el atraso.
Desde el momento que un partido o dirigente político dice que en caso de llegar al poder acabará con el hambre, la miseria y el fenómeno de la corrupción, está haciendo fraude porque no es verdad que una organización ligada con el sistema puede acabar con lacras que lo acompañan siempre
El fraude tiene diferentes formas de aplicación en la politiquería; venderle al pueblo falsas ilusiones, sueños, quimeras, ha sido algo anormal en el discurso de los políticos. En cada proceso electoral la palabra falsa, hueca y sin sentido sale de las gargantas de los negociantes de la política.
Hay que tener algo de farsante, embustero, hipócrita y cómico para ocupar una tribuna y desde ella decirle a las masas que si favorecen a determinado candidato terminará con el analfabetismo, la insalubridad, la falta de techo, el desempleo y el robo de los dineros del erario. Engañar, burlar, embaucar, engatusar, dar gato por liebre, es de la esencia de los que tienen como norte el fraude, la mentira, sembrar en la conciencia del electorado falsas ilusiones.
Hasta ahora lo que han hecho los políticos y partidos tradicionales no es más que en forma fraudulenta llevar a los ciudadanos y ciudadanas la falsa idea de que se resolverán los problemas depositando un papel en un cajón, cada cuatro años, para que un falso llegue al poder y disfrute de él en beneficio propio y sus cómplices en la operación electoral. El de la mentira es el único arte de la gente de escasa capacidad y el solo refugio de los espíritus mezquinos. Los mismos candidatos son, en verdad, un fraude y los electores y electoras los instrumentos, las cosas al servicio de las maquinaciones politiqueras.