Una vez más los votantes le dieron un ejemplo a los candidatos y sus partidos, que no ocultaban sus ambiciones y sus garras para adueñarse de los recursos públicos. Por ese afán establecieron las estrategias más variadas de conquistas de apoyo, de avalancha de campañas mediáticas de gran costo y colorido para convencimiento y de costosas caravanas y desfiles, en donde solo se le ofrecía mucha música y chercha, sin garantizarle el futuro a la ciudadanía de una reducción de la pobreza.
Fue poco lo que se vio en esta opaca y mediocre campaña en planes concretos. Es que los políticos subestiman al electorado y creen todavía que es el mismo desde hace 40 años, cuando se les engañaba continuamente en cada proceso electoral. Estos, muchas veces acabaron en negociaciones de aposento, o en torpes acciones de fraude para dislocar el padrón electoral a escala increíble o desestabilizaciones que nunca llegaron a vías de hecho, gracias a la presencia de notables ciudadanos nacionales y extranjeros que jugaron su rol para preservar la democracia en el país, enraizada por 42 años.
Es indudable que ahora hay una mayor madurez de los políticos, pese a los lenguajes incendiarios e iracundos de muchos de ellos para denostar todo lo que olía a oficialismo. Al menos se mantuvo la cordura en acudir masivamente a las urnas con que voces agoreras, conscientes de sentirse derrotadas desde hace tiempo, cuajaron la peregrina e inmadura tesis de retirarse de los comicios. La sensatez predominó y los candidatos creyeron en sus posibilidades y más cuando recibieron tan generosos aportes de la Junta Central Electoral para subvencionar sus actividades. El país espera que, con seriedad y responsabilidad, rindan cuenta de su uso, que para algunos partidos de votación reducida, cada voto que se obtuvieron le habría costado más de RD$10 mil.
Fue un proceso singular y aleccionador. Con la existencia de una multitudinaria y esquizofrénica JCE, sus miembros sacaron de abajo para no verse estigmatizados y sometidos a serios cuestionamientos.
Se pudo culminar el proceso, el cual el país espera que en las próximas horas se ofrezca un informe final de lo ocurrido ayer. Entonces el pueblo se sentirá satisfecho y borre los malos presagios que se forjaron en torno a tan peculiar integración, pronosticada a terminar como una fiesta de los monos, ya que continuamente daban muestras de mucha independencia de criterios y falta de sentido del trabajo en equipo, que a veces hacía tambalear el objetivo de elecciones transparentes y democráticas. Gracias a Dios hemos sobrevivido una vez más a la desesperación de los políticos perdedores.