La prensa ha recogido en los últimos días las cifras asombrosas del gasto realizado durante los últimos meses en publicidad por parte de las principales organizaciones políticas; recursos que son necesitados por un pueblo indigente, con un alto porcentaje de la población ubicado en la pobreza sin posibilidades de acceder a un mejor nivel de educación, carente de una salud digna, sin oportunidades para que la ciudadanía pueda salir de la miseria en la que vive cada día.
Una nación necesitada, la cual no se merece que un pequeño grupo se lucre de manera desbordada, eximiendo a una gran parte de la población de acceder a una mejor calidad de vida.
Por otro lado, el modelo de hacer política utilizado en la pasada campaña se ha repetido en las últimas décadas como la panacea para cautivar al electorado en cuestión; lamentablemente esta forma de “politiquear” se desfasa paulatinamente ante un electorado mayormente ubicado entre los 18 y los 40 años de edad, el cual no fue testigo presencial de la época del tirano y que requiere de nuevos patrones, nuevos ideales y nuevos ejemplos de liderazgos hechos a la medida de estos nuevos tiempos.
Urge la recomposición de las reglas y los modelos de hacer política. El día después de los comicios electorales se constituye en un excelente punto de partida para que la nación compuesta por todas las fuerzas vivas inicie un proceso de análisis e introspección que pueda desembocar en propuestas efectivas a fin de organizar el escenario en el cual seleccionamos a los líderes que nos gobernarán.
Si los espacios previos al día de votación en los que la población observa, conoce y selecciona a sus futuros líderes están viciados, el producto final estará igualmente viciado; por consiguiente la suerte de nuestra nación estará en manos inciertas en lugar de manos seguras.
El día después de las elecciones, sin emocionalismo, sin partidarismo y sin la euforia desbordante que adultera la razón, pensemos en una mejor República Dominicana.
(Reproducido de El Caribe)
EL AUTOR es arquitecto.