El PRD no ganó las elecciones, primero porque estuvo afectado por las secuelas negativas de sus anteriores gobiernos, y segundo por errores tácticos que cometió durante la campaña electoral.
Fue el partido que primero escogió su candidato presidencial. Lo hizo en enero del 2007. Pero Miguel Vargas Maldonado, a pesar de ser una figura conciliatoria y no polémica, perdió mucho tiempo conformando su Comando de Campaña debido a rebatiñas que a comienzos del año pasado hubo entre los propios perredeístas, quienes se disputaban los puestos del Comando de Campaña y hasta boicotearon los primeros trabajos porque no habían sido tomados en cuenta. Los pugilatos afectaron incluso al importante Equipo de Comunicación, el cual durante la mayor parte de la campaña se mantuvo sin jugar un papel satisfactorio.
Miguel Vargas permaneció casi todo el tiempo dando la impresión de que no tenía un Norte en materia de estrategia. Sus asesores cometieron el error de basar su campaña en críticas y denuncias en contra del Gobierno de Leonel Fernández y no en exponer las ideas que el Candidato tenía para cambiar el estado de cosas que denunciaba.
No fue sino hasta un mes antes de las elecciones cuando los distintos departamentos del Comando de Campaña del Candidato del PRD lograron unificar criterios y exhibir coherencia. A esto se explica el hecho de que después de permanecer estático en los resultados de las encuestas, registrara en los días finales un crecimiento de unos cinco puntos porcentuales.
A pesar de estos problemas internos y de la embestida que en su contra mantenía el Gobierno, el PRD y sus aliados obtuvieron 1,654,066 votos. Esta es, gústenos o no, una cifra considerable y demostrativa de que hay que tomar en cuenta a este partido a la hora de adoptar decisiones trascendentales para el futuro del país.
En cuanto a los perredeístas, lo que más les convendría en los actuales momentos es convocar cuanto antes a sus organismos de dirección para analizar las causas de la derrota electoral y trazar la estrategia a seguir, ahora cuando se anticipan tantos problemas de origen interno como externo. Les vendría bien una reestructuración de sus cuadros directivos y definir líneas de acción para atraer a jóvenes votantes.
Es aconsejable que se mantengan en el debate político, no sólo criticando las cosas negativas como hasta ahora lo han hecho sino también elogiando las positivas.
El PRD, en resumen, tiene las más amplias posibilidades por delante. De la capacidad que tengan sus dirigentes para conducir el partido en la actual coyuntura, dependerá el futuro de esta organización.