Santo Domingo. Rep. Dom. - 18 de Abril 2014
Opinión
05 Febrero 2012
Pol
Por: POR ORION MEJIA*


Aunque oficialmente la campaña electoral  se inicia el 15 de este mes, hace casi dos años que  los partidos  están calle al medio en promoción de  sus candidatos a través de  actos  masivos  como caravanas,  encuentros bajo techo y publicidad política, sin que hasta  ahora  se reporte ningún  caso de muertos o heridos, ni siquiera se tiene noticia de alguna bofetada o empujón.

La gente  disfruta de la política casi igual que la pelota, porque  los fans partidarios  celebran el paso de  caravanas, en tanto que los contrarios  se guarecen  en sus hogares a la espera de que  llegue  la que promueve  a su candidato, pero nadie pelea por partido, aunque discuten tanto como jugadores de dominó.

A pesar de que  algunos candidatos promueven un discurso  más caliente que flama de gasolina, la población ha asumido una conducta ejemplar, basada en el respeto al derecho  ajeno y en  aceptar los designios de la voluntad popular.

Puede decirse que la campaña  ha transcurrido  en paz y que hasta ahora  representa  el mejor precedente  en toda América Latina sobre  el desarrollo de un proceso electoral en completa armonía, con  amplia participación partidaria en un ambiente de absoluta libertad de movimiento en el que cada candidato o simple mortal puede decir o hacer lo que mejor le parezca  a favor  de su causa.

Claro, no todo es color de rosa, pues uno de los litorales confrontados  parece decidido a incidentar el proceso por vía  de incesantes cuestionamientos a  la instancia  encargada de organizar el montaje de las elecciones  presidenciales programadas para el 20 de mayo. Se acepta  que tal o cual partido o candidato  presenten querellas contra  alegadas irregularidades, pero el cierre a banda parece tener otro pespunte.

Otra  forma de  echar pelos en la sopa es  a través del discurso sustentado en  la afrenta  y la infamia, en el errado  entendido de que  el constante embadurnamiento termina por dejar manchas indelebles en el contrincante,  cuyos frutos se recogen el día de  las votaciones, como si se tratara  de  una lucha  en el Coliseo Romano.

Por  el desempeño que ha tenido la ciudadanía ante  una campana  profusa, intensa, extensa y colorida, parecen condenados al fracaso los intentos por pintar de negro al estadio y a los competidores, porque contra viento y marea, la gente irá a votar con alegría y determinación.

Aunque nadie me lo ha pedido, me permito aconsejar a quienes intentan trasladar  la lucha  al terreno fangoso que por ese camino se llega, porque  no hay  forma de  torcer la voluntad popular con artilugios de infamias y afrentas.

La verdad y la razón  son igual que el diamante,  cuyo brillo resalta por encima de  desechos  y maledicencias, con lo que quiero decir que  el pueblo está decidido a  disfrutar de esta campana  sin poner  atención  a las aves de mal agüero. 
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