Le corresponde, pues, al doctor Fernández y al Partido de la Liberación Dominicana enfrentar la difícil situación económica a la que está abocado el país como consecuencia del creciente aumento de los precios del petróleo, la desaceleración de la economía de Estados Unidos, el sostenido incremento de la deuda pública y del gasto corriente y los excesos derivados del financiamiento masivo de la campaña releccionista con fondos del Estado.
La problemática planteada no sería fácil para nadie, pero es lógico asumir que será mucho más difícil para quienes han tenido la responsabilidad de provocar los nuevos desajustes que afectan la economía nacional, tal como lo a acaba de plantear Bernardo Vega al señalar que "el proceso electoral, con los afanes reeleccionistas del partido de gobierno, desguañangó la economía". Pero además, para Leonel Fernández y su equipo económico resultará prácticamente imposible desmontar la estructura de corrupción y privilegios que se ha apoderado de la administración pública en estos últimos cuatro años.
A pesar de que no era un discurso simpático para un segmento importante de la población, Miguel Vargas se había comprometido a iniciar un proceso de racionalización del gasto público, reduciendo la excesiva e improductiva nómina pública y desmontando los salarios de lujo que benefician a los altos dirigentes del partido de Gobierno, aunque también se comprometió a compensar a la gran masa de los servidores estatales, incluyendo a los miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
Y aunque una eventual administración perredeísta hubiese tenido la oportunidad de hacer un mejor esfuerzo y superar con creces la calidad de la gestión de las actuales autoridades, difícilmente habría estado en capacidad de evitar el costo social, económico y político de la crisis que ya erosiona la estabilidad económica del país.
Parecería que desde este punto de vista tiene sentido la expresión de muchos perredeìstas cuando a modo de consuelo, frente al trago amargo de la derrota electoral, comentan que: "Dios sabe lo que hace".
Cabe recordar que los tres gobiernos previos del PRD, desde el 1978 hasta el 2004, fueron afectados por situaciones coyunturales y al margen del control de los gobernantes de turno, que marcaron de manera negativa la valoración del ciudadano promedio sobre el desempeño de esas administraciones.
A Don Antonio Guzmán, uno de los gobernantes más pulcros y responsables que ha tenido el país, le tocó la desgracia de administrar la crisis del aumento de los precios del petroleo, de 8 a 36 dólares el barril, coincidiendo con la caída de los precios de los principales productos tradicionales de exportación, incluyendo el azúcar, el café, el cacao y el tabaco.
A Salvador Jorge Blanco le correspondió lidiar con el impacto de la crisis de la deuda, que sacudió las economías de todas las naciones latinoamericanas, desde los grandes productores de petróleo como México y Venezuela, hasta Brasil y Argentina. Sin embargo, los analistas económicos más desapasionados reconocen que los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, asumidos casi a la fuerza por el presidente Jorge Blanco, constituyeron el punto de partida del proceso de saneamiento y recuperación que registró la economía dominicana en los años siguientes.
Hipólito Mejía navegó con el viento a su favor en sus dos primeros años de gestión, restableciendo la solvencia económica del Gobierno y la eficiencia de la administración pública, pero la quiebra de los bancos Intercontinental, Bancrédito y Mercantil y el esfuerzo para evitar el colapso de todo el sistema financiero, afectaron brutalmente la estabilidad macroeconómica del país.
Para quienes manejan la memoria de manera antojadiza, es bueno recordar la opinión del propio Fondo Monetaria Internacional (FMI) a través de su representante residente en la República Dominicana, Ousmene Jacques Mandeng, al referirse al impacto y al origen de la crisis del año 2003, durante su participación en el Encuentro de los Medios del Grupo Corripio y según lo reseño el periodista Germán Marte del periódico Hoy.:
"El representante del FMI en el país afirmó también que la causa de la crisis económica que afectó al país a partir del 2003, tuvo su origen en el fraude Banínter. "Pienso que claramente la causa fue la crisis bancaria", recalcó Mandeng al participar como invitado en el Almuerzo Semanal de los Medios de Comunicación del Grupo Corripio. "Si tú me preguntas si fue la economía o la banca lo que ha causado la crisis, yo no tengo ninguna duda que fue por la crisis bancaria".
Los voceros del PLD, encabezados por el propio presidente Fernández, han repetido hasta el cansancio que la crisis originada en el 2003 fue resultado de la mala gestión económica de Hipólito Mejía y su equipo económica. Claro probablemente ahora esos mismos voceros tratarán de convencer a la opinión pública y al país que no tienen nada que ver con el incremento del déficit cuasi fiscal de 94 mil millones en el 2004 a 220 millones en el 2008, con la casi duplicación de la deuda externa, con el aumento desmedido del gasto corriente en violación de su propia ley de austeridad, con las nóminas, nominillas y los 600 mil empleos parasitarios creados con cargo a los fondos públicos por conveniencia electoral, y el reparto irresponsable de miles de millones de pesos para comprar los votos de la reelección.
Si los responsables de enfrentar esta nueva calamidad hubieran sido Miguel Vargas y el PRD, los peledeístas estarían preparando, al igual que lo hicieron después de la crisis bancaria, el concierto de acusaciones para atribuir la responsabilidad de la crisis "a la incapacidad de los perredeístas".
Talvez la sabiduría popular vuelva a tener razón: "Dios sabe lo que hace". Vamos a ver a que le sabe al PLD el trago de su propia medicina.