Es su frase preferida, aunque al momento de pronunciarla lluevan las denuncias de compras de cédulas, desubicación de electores, violaciones de la ley electoral, robo y uso abusivo de los fondos y recursos del Estado a favor del partido oficial, intimidaciones, compra de conciencia y hasta del uso indebido de la fuerza militar.
Aunque el acceso a los medios de campaña sea anormalmente súper-desigual, la ley electoral excluyente, los jueces electorales permisivos con los de más poder… aunque se haya conformado un oligopolio de dos partidos, mediante métodos sucios y prácticas espurias… aunque el soborno haya sido usado para adulterar el proceso.
¿Fiesta de la democracia? ¿De cuál democracia? Su fiesta, de su “democracia”: la fiesta de la “democracia representativa”, secuestrada por minorías poderosas y corrompidas.
Con todas sus instituciones copadas por una partidocracia perversa y puestas al servicio del oligopolio, con ventajas supremas para el que más gravite en y desde el Estado.
Con el gran empresariado, la alta jerarquía de la Iglesia Católica y la Embajada de EEUU… apostando al oligopolio de dos, cada quien con preferencias soterradas repartidas y volubles según convivencias concretas y en el discurrir de una competencia ríspida, pero protegida por reino común de la impunidad.
Esa es “su democracia” y es claro que cuando logra reciclarse, sin amenazas inmediatas, gestores y beneficiarios tienen razón para hablar de fiesta
Pero en verdad aquí no hubo elecciones en términos reales, más bien hubo votaciones viciadas para escoger entre dos opciones secuestradas.
Los resultados se resumen así:
-Votaciones dominadas por la polarización a favor del PLD-Leonel y del PRD-Vargas Maldonado: 53.83% para el primero y 40.48% para el segundo.
-Depresión electoral en grande del PRSC, hasta bajar al 4.59%
-Minimización al máximo de las minorías independientes de los dos grandes polos, expresada en un 1.1% de del total de votos depositados, repartidos de la siguiente manera: 0.47% Eduardo Estrella-PRSD y Partido Humanista; 0.44% Guillermo Moreno-MIUCA y aliados; 015% Candelier-PAP; 0.04% Trajano-PRI.
Sencillamente se consumaron resultados predecibles por simple intuición política y además anunciados por las encuestadoras profesionales.
Todo esto se veía venir, incluidos lo resultados extremadamente limitados y marginales de la candidatura vía MIUCA; a pesar de que la oportunidad no era mala. Agrietar, perforar desde la izquierda, un sistema político y un mecanismo electoral como el dominicano, no es fácil; pero tampoco se trata de una misión ilusoria, siempre que se trabaje y se logren las condiciones y los prerrequisitos necesarios.
Para acumular fuerza electoral desde las izquierdas en condiciones tan adversas, se necesitaría uno o varios acontecimientos político-sociales impactantes, capaces de catapultar nuevos liderazgos y de acelerar procesos de construcción, unificación, renovación y organización.
O, en su lugar, un esfuerzo organizativo y político previo, especie de arquitectura unitaria, que incorpore al proyecto político y a la nueva propuesta electoral importantes franjas de la amplia izquierda sin partido (dispersa) y a diversos sectores progresistas; que defina propuestas y métodos contundentes y escoja democráticamente candidaturas con carisma y consistencia confrontativa.
Se procedió en sentido contrario y los malos resultados están ahí. Es duro tener algo de razón en situaciones como ésta. Sinceramente no hubiéramos querido esos resultados, pero era difícil verlos venir y no advertir sobre ello.
Los resultados electorales, con todo lo favorable para la reelección y para el polo opositor de la partidocracia corrompida y neoliberal, no sirven para contener la crisis en desarrollo. De ahí la preocupación de la clase dominante-gobernante por la “gobernabilidad”. Preocupación que no debe ser la nuestra, pues nuestro reto es contribuir a que esta dominación entre en crisis y a que las izquierdas se fortalezcan para junto al pueblo producir el gran viraje.