Sacando recursos de todas las instituciones del Estado, incluyendo del Banco Central, subsidió la reelección; estableció una nómina pública clandestina para militantes de su partido, compró todos los dirigentes de la oposición que estaban en el mercado, gastó miles de millones de pesos para llenarle la boca de papeletas a más de mil periodistas, lo mismo hizo con una gran parte de los dueños de la radio, la televisión y los periódicos; embadurnó todo el país de vallas y afiches que le costaron una fortuna, compró millares de cédulas, tomó un préstamo ilegal de 130 millones de dólares para también gastarlos en la campaña, intervino en la Suprema Corte de Justicia para que no conociera los recursos de inconstitucionalidad presentados por la oposición; avasalló y atropelló a los partidos que le adversaban, dividió y destruyó prácticamente al Partido Reformista; degradó como nadie en la historia, la actividad política amparado en la tesis de que “el fin justifica los medios”, y que en política no hay moral ni principios, sino resultados.
En ese proceso traumático para el sistema democrático y sus instituciones, el presidente desarticuló la economía; elevó excesivamente el gasto público poniendo en riesgo sus propios logros económicos, principalmente la estabilidad cambiaria. No previó la crisis alimentaría mundial, ni los altos precios del barril del petróleo; no respetó su propia ley de austeridad. En fin, el gobierno se olvidó del país y de lo que estaba ocurriendo en el mundo porque solo estaba interesado en mantenerse en el poder para salvaguardar sus propios intereses y los de sus funcionarios. En ese festín indiscriminado el gobierno gastó lo que no podía, provocando un agravamiento de la crisis económica.
Ahora tiene las manos en la cabeza sin saber qué hacer ni como hacerlo. El petróleo sigue subiendo, las materias primas y los alimentos por igual. ¿Y ahora, qué hacemos?
El gobierno está abocado a eliminar o reducir los subsidios, tendrá que aplicar medidas de austeridad, reducir drásticamente el gasto público o aplicar una cuarta reforma fiscal que seria devastadora para los distintos sectores sociales del país. De igual manera que acudir nuevamente al Fondo Monetario Internacional.
El presidente le compró las elecciones al pueblo a un precio muy alto. Ahora quiere pasarle la factura al mismo pueblo para que la pague con más delincuencia, con más desempleo, más pobreza y más miseria.
Es dentro de ese marco que el presidente y el Cardenal, su socio en la campaña electoral, llaman a la concordia y la unidad nacional. ¡Qué bonito, que bonito! ¿No? ¿Ahora? ¿Por qué no antes del 16 de mayo que la crisis estaba latente como ahora? Anjá, ¿Por qué ahora? El presidente Fernández estaba ocupado en avasallar y maltratar a los que hoy llama a la unidad nacional; estaba ocupado montado en el Metro haciendo piruetas, y cuando no, pues dedicaba el tiempo libre a visitar tránsfugas y traidores para luego comprarlos.
El presidente Fernández quiere que al PRD de socio en la quiebra del país; un socio que pague la mitad de sus deudas políticas, económicas y sociales. Y quiere que le perdone sus travesuras de la campaña electoral. Pues no, el PRD es un partido de “perros realengos y viralatas”, cuyos dirigentes no pueden debatir con el presidente que es la única persona en este país con capacidad para “conceptualizar”. ¿Para que llamar a esos “perros realengos” del PRD incapaces de “conceptualizar” sobre economía y otros temas de interés nacional y mundial? ¿No sería perder el tiempo?
La actitud del presidente es similar a la del marido abusador que golpea a su mujer, le instala una querida, gasta el dinero en parrandas. Llega borracho a la casa con la puesta del Sol. Cuando la necesita la llama y le pide perdón. Ella lo perdona, pero él lo olvida y vuelve a los maltratos. Un día la mata.
Ya está bueno de que el PRD y el pueblo hagan el papel de la esposa sufrida, que en aras del bienestar de los hijos y la familia, hace los mayores sacrificios.
El presidente Fernández no se ha juramentado para su nuevo mandato cuando ya se trabaja en el proyecto reeleccionista del 2012.
Modificar el artículo 49 que establece el “nunca jamás” es vital para Fernández, pues de no ser así, el candidato presidencial del PLD para las elecciones del 2012 tendría que ser Danilo Medina, Radhamés Segura, Jaime David Fernández Miralbal o cualquier otro dirigente de ese partido.
El presidente, como el marido abusador, mientras pide perdón por los pecados de la campaña electoral, se va de parranda en busca de una nueva reelección.
El PRD junto al sector de Danilo Medina dentro del PLD y el Partido Reformista le harían un gran servicio a la democracia dominicana si desde ya anuncian su oposición al proyecto de reforma constitucional. De esa manera quedaría cerrado el camino malo del continuismo que representa al presidente Leonel Fernández.
El dinero correrá como un río revuelto en el Congreso para comprar la voluntad de los legisladores de la oposición. Habrá que ver si los legisladores del PRD son del PRD; habrá que ver si los legisladores de Danilo Medina siguen siendo de Danilo Medina.
Habrá que ver si los legisladores del Partido Reformista siguen siendo de ese partido.
Veremos que puede más, si el dinero sucio del gobierno o la dignidad y la decencia. La campaña electoral no ha terminado. De hecho la campaña no termina nunca.
El PRD tiene que colocarse a la altura de los acontecimientos. Abocarse a un proceso de crítica y autocrítica que le permita salir fortalecido. Retomar la institucionalidad, que sean los organismos de dirección, Presidium, Comisión Política, Comité Ejecutivo, etc., quienes tracen las políticas que han de conducirlo nuevamente al poder.