Por el contrario, el PRD debe unificarse, forjar una visión de conjunto que le permita en la oposición responsable seguir recuperándose, como lo ha logrado en cierta medida de los lastres y errores fundamentales del pasado.
La derrota es relativa y tiene varias causas, entre ellas -desde el punto de vista interno- la aparición tardía de la maquinaria perredeísta en las calles hostigando a la administración de gobierno peledeísta. Hasta que esa maquinaria no tomó las calles no se produjeron las condiciones de competencia entre ambos partidos mayoritarios. La mejor tradición perredeísta es precisamente su capacidad de movilización, insuperable históricamente. Gran parte de los dirigentes perredeistas que se alistaron en el tren reeleccionista peledeísta no lo habrían hecho si hubiesen visualizado esa maquinaria impresionante de militantes en respaldo de la candidatura de Miguel Vargas.
Con datos concretos podemos afirmar que en el tramo de las últimas semanas de campaña no se produjo ninguna deserción, se paralizó el sonsacamiento de dirigentes perredeístas al calor de movimiento de masas que levantó la autoestima del partido. El único argumento que pudo argüirse para explicar la desafección, renuncia o traición, fue que los perredeístas estaban siendo maltratados o marginados de la campaña, que no se veían los símbolos y que no aparecían los líderes conocidos. El PRD es un partido que Peña Gómez acostumbró a los mimos, a la afectividad, al reconocimiento personal, porque es una gran emoción, un sentimiento histórico, no puede dejar de ser lo que ha sido, puede adecuarse a las circunstancias, puede renovarse y modernizarse pero no puede cambiar su alma. Otro error de bulto fue repetir la consigna o mote de “come solos” que fue tan efectiva y mortal en las elecciones congresuales y municipales de 1998 y en las generales del año 2000.
En este momento el PLD es todo lo contrario; aleccionado por sus tres derrotas consecutivas, varió sus métodos de trabajo político, rompió con la política de confinamiento de cuadros y masificó la organización, la hizo a imagen y semejanza de los partidos tradicionales, y aplicó lo que el ex presidente Mejía llamó el “boroneo”. De ahí la articulación del clientelismo en demasía, superando la labor clientelista y paternalista del ex presidente Balaguer, no hubo en el país nadie que quisiera venderse por lo que pensaba que valía que el gobierno no lo comprara, le hiciera su ceremonia de iniciación y lo sumara a su causa.
Decirles a los peledeístas “come solos” era una distorsión, una incapacidad para comprender la variación significativa del escenario social; son cualquier otra cosa pero no son “come solos”. Desde la repartición de alimentos, prebendas, utensilios, hasta la tarjeta solidaridad, el Estado dominicano involucionó lo suficiente como para reivindicar esa práctica y legitimar el ejercicio del poder por el poder mismo. Otro factor que influyó en la masa amorfa votante sin capacidad crítica fue la intensa campaña de propaganda, a todos los niveles, en uso desmedido de todos los recursos del Estado, de carácter peyorativo del PRD y su candidato presidencial. No hubo respuesta en ese mismo orden contundente que anulara la infición diaria de negatividades.
El mejor anuncio de la campaña reeleccionista por su incidencia en el electorado silvestre, sobre todo a nivel marginal y de un sector de los jóvenes, fue aquel que decía: “Cada vez que el PRD sube, el país baja”. Habría bastado una campaña para contrarrestar ese anuncio, con datos y pruebas de la ineficacia y la comisión de errores y barbaridades de esta administración para que fuera neutralizado. La capacidad de respuesta se redujo a la presentación de propuestas del candidato presidencial, subestimando el medio, la vulnerabilidad de los votantes, la morbosidad de los electores en un gran porcentaje, estimulados por la agresividad, los efectos visuales y las palabras impactantes. Desconocer a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de la Alemania nazi, cuando proclamó que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad, fue determinante.
Un compañero de universidad de mi hijo adolescente le confesó a éste que cuando entró a votar sintió en su cabeza el martilleo de las consignas televisivas peledeístas, sus cifras, sus datos, su lema de que cuando el PRD sube el país baja, y sintió que una fuerza mecánica guiaba su voto por el candidato de la reelección presidencial. Continuaremos con este análisis crítico sobre las pasadas elecciones, en la próxima entrega.