El gobierno que tanta autosuficiencia ha pretendido irradiar a través de los espacios de sus allegados, que son muchos, así como por vía de los funcionarios dados a las connotaciones propagandísticas, cuando tienen que adoptar medidas contrarias a lo que han venido diciendo, entendiendo que les puede cuartear el lustre con el que se cubrieron a base de medidas puramente politiqueras, pretenden hacerle a la oposición, precisamente lo mismo que un spot que difundieron en la campaña que decía: mete el dedito aquí que la cotorrita no está ahí.
La oposición pocas veces quiere comprender cuál es el papel que dentro de una democracia debe jugar. Actuando como oposición, hablando como oposición y haciendo las cosas que debe hacer un partido con vocación de poder, pero diferenciándose claramente cuando tiene que jugar ese papel de opositores. Por eso se dejan enredar tan fácilmente por las propuestas de quienes pretenden buscar cirineos para cargar con una cruz que ellos mismos construyeron, a su peso y medida.
Esa es la situación que vive el país y la que continuará viviendo, a no ser que se establezcan diferenciaciones. Ya que se han abandonado las propuestas de tipo ideológico, así como los planteamientos programáticos, por lo menos deberían iniciar un proceso en que queden establecidos los nuevos estilos de comportamiento.
Entendiendo cuál es el papel de la oposición y cuál el del gobierno. Sin vacilaciones.
Si el gobierno quiere cirineos, ahí tiene bastante de entre los que le dieron apoyo y están a la espera de su pedazo de pastel.
Ahí están los paniaguados que de una forma u otra les sirvieron prestándose a divisiones, zancadillas o silencios comprometidos. Ahí están los que no supieron mantener la compostura neutral que por lo menos les imponían sus investiduras.
El juego que en realidad engrandece la democracia es que el gobierno sea gobierno y aplique las medidas con las que se comprometió para evitar que otros ganaran, y que la oposición haga sus reajustes internos y se redefinan como oposición.
Que se pasen por la zaranda necesaria a fin de que las ideas, actuaciones y discursos cual cereales, sean más o menos del mismo tamaño y pureza.
La democracia no se construye a base de trapisondas ni de compromisos al margen de los principios.
La democracia no se fortalece alrededor de mesas donde se puedan pasar por debajo algunas encomiendas no necesariamente sanas ni puras. La democracia crece cuando la oposición se fortalece.
(Reproducido de Hoy)
EL AUTOR es un ex-director de Aduanas.