Mis queridos nietos a esos grupos le llaman allí "lambones". Sin embargo, ustedes no imaginan el Santo Domingo de los años ochenta. Cierto día visitaba el edificio de la Municipalidad –allá le dicen ayuntamiento-- y no tuve otra alternativa que tomar las escaleras -pues el ascensor estaba dañado-, y lamenté interrumpir a alguien que realizaba sus necesidades fisiológicas mayores en mi trayecto. Parece que estaba estreñido, porque los pujos eran casi a gritos y parecía una mujer dando a luz su criatura. Al llegar al piso deseado me abordó un pedigüeño –allá le dicen "buscón", quien gentilmente se ofreció para llevarme a la oficina respectiva a cambio del pago de la respectiva propina. Al llegar a la oficina "del licenciado", su secretaria tuvo la amabilidad de insinuarme que la atención se hacía por turnos, los cuales naturalmente ella manejaba.
En aquel entonces la República también era de todos. De todos eran los olores que se percibían en las inmediaciones de la "Paris con Duarte" –esa es una esquina donde ahora hay muchos haitianos vendiendo ropas--, y los viandantes –esos eran vendedores en triciculos, o sea bicicletas de tres ruedas que vendían sus viandas y frutas a todos los del barrio, o sea, repartos--, que se aventuraban a transitarla.
De todos eran los "tanqueros" que vendían el agua más cara del mundo a los más pobres del mundo. De todos eran las extorsiones de los comisarios municipales que "abordaban" a los empresarios por no tener un balde de basura –allá les dicen zafacón--, fuera de sus locales.
Una cosa muy importante que ustedes jamás deben olvidar. La falta de respeto hacia la mujeres era --¿es?--, algo tremebundo. Sí, mi "Galleguita" y Génesis, no reparan de que el respeto es lo más sagrado en cualquier sociedad y piensan que faltarle el respeto a las mujeres es algo como cuando ustedes sacan buenas notas en la escuela y papi y mami les dan una chambelona de recompensa –allá les dicen, chupeta--, por lo bien que se han portado.
Somos una familia nueva en esta ciudad, no tenemos ancestros aquí, y nuestros recuerdos son breves, casi de una generación. Ustedes nacieron aquí, pero yo soy cubano-dominicano por decisión, no porque me lo impusieron. No permitamos jamás que la demagogia nos vuelva al pasado –demagogia, prometer algo que no se cumple, o sea cuando yo le digo a "Juan Dos Pistolas" que le voy a comprar una pistola y nunca se la compro, eso es un demagogo y allí hay muchos demagogos, mis queridos nietos--, para que luego no les vaya mal.
Nietos míos, recuerden a Santo Domingo Sánchez Mendoza, el poeta de mi pueblo, ya que hoy tenemos odiadores gratuitos de nuestro país: "Santo Domingo, si algún día te fallan recuerda el 16 de agosto de 1844, reconquista tu libertad, que para romper tus prisiones más que balas y cañones necesitas sacudir a tu indomable voluntad". ¡Como antes, jamás!
Les prometo que les haré, próximamente, la historia de Cuba, mis queridos Nietos para que no se les olvide jamás. Es la historia de una Rata que se hizo dueño de un país y mordió a casi todos sus habitantes y la rabia se contamino en toda esa tierra… que traducido en buen cubano es mucho odio y esa es una palabra feísima que les explicaré en mi próxima visita a ustedes. Así que "Juan Dos Pistolas" y "El Diablito de Madai" ustedes cuiden a sus hermanitas y primitas. ¿Okey?