Se aumentaron el salario a lo calladito….ahora fue que se supo, fue un aumento salarial escondido.
Uno no puede más que indignarse, porque un empleado público, un empleado privado recibe sueldo de hambre. Nuestros profesionales de las diferentes ramas, por ejemplo los médicos, llevan años exigiendo, luchando, mendigando un aumento salarial que nunca llega. Así mismo pasa con los maestros, con las enfermeras, etc.
Los militares, que arriesgan sus vidas combatiendo la delincuencia en nuestras calles inseguras, perciben un sueldo de miseria, que no le da para llevar comida, educación ni salud a sus hijos y esposas. Por ello muchos terminan apadrinando a los delincuentes.
Dice el presidente de la Cámara de Diputados que los recursos destinados a ese aumento salarial es fruto del ahorro que ha hecho el organismo. Pero se le olvidó al honorable Julio Cesar Valentín que esos recursos se nutren de las contribuciones pagadas por la ciudadanía. Dinero recibido de las contribuciones que pagamos los que generalmente ganamos significativamente mucho menos que ellos.
Solo nos falta que se presenten como víctimas de la carestía, de los aumentos de la gasolina y de los artículos de primera necesidad.
El deber de esos honorables diputados era haberse congelado automáticamente sus salarios, el haber anunciado al país la entrega de todos los privilegios y beneficios económicos que reciben por representarnos, haber entregado el barrilito o super barril.
Todo eso nos preocupa, nos indigna, pero más nos preocupa que este pueblo, sus instituciones representativas, los periodistas y medios de comunicación, nada hagan para cambiar las cosas. Hay una complicidad del silencio. Se habla de todo, menos de la crisis que nos abate.
No tenemos a dónde voltear y solo nos queda preguntarnos como lo hiciera Chespirito: “Oh… y ahora. ¿Quién podrá defendernos?”