 |
El autor es experto en marketing polÃtico y comunicador. |
|
|
|
HabÃa una vez una zorra que querÃa alcanzar su sombra. CorrÃa tras de ella, brincaba con sus patas delanteras tratando de agarrarla como felino al fin. Asà se pasaba los dÃas atrapando el reflejo de la luz de su cuerpo. Lo único que no sabia la zorra era que la sombra no era su sombra sino ella misma, la zorra quedó atrapada por su sombra o quizás ella nunca fue una zorra siempre fue una sombra. Algunos pasaron la infancia bajo el trujillismo, pregonando sin darse cuenta el peligro de su significado: Abajo Chapita!, pues eran niños y todavía no sabían medir consecuencias a su edad. Luego calcaban el eslogan de moda “Balaguer muñequito de papel”. De ese modo fueron creciendo y testimoniando el destino dominicano y se percataron de que los cambios hay que generarlo contra el imperialismo palabra que se convertiría en el clisé de la izquierda.
Eso fueron los años 70´. Watergate, la guerra de Vietnam, los hippies, la nostalgia por los Beatles y el boom de los Rolling Stones, las mini faldas, la crisis cíclica del capitalismo y la nueva teoría neo liberal monetaria, la Salsa en su apogeo en el ritmo cadente de las metrallas de la policía desde sus carros verdes llamados Seven Up y algún joven estudiante caía abatido por las balazeras en Ciudad Nueva, o un disidente corriendo por calle Padre Billini escondidillas hasta el cementerio parte atrás del jardín Clavel. El inolvidable el parque Eugenio María de Hosto y la lucha libre, el matiné del domingo del cine Independencia, entonces todavía el parque tenia su glorieta, obra de principio del siglo XX del arquitecto checoslovaco Antonin Nechodoma, y los televisores colocados en postes como palomares todos sintonizados con Radio Televisión Dominicana la voz estatal. El barbero de la esquina y sus paredes pintadas como papel de canquiña y el colmado Pepin donde los hombres bebían frías hablando de pelota. Así era esa década y Ciudad Nueva la capital de esta gran aldea.
Los años 70 pasaron dejando herida a toda una generación de dominicanos, dominicanas y que muchos de ellos sacrificaron con sus vidas, luchando por ideales, luchando para que sus hijos vivan en un país mejor. Desgraciadamente su sacrificio ha sido engavetado en algún rincón del hipocampo. Nadie les recuerda o casi nadie para no dejar de mencionar a ese grupo de abuelos que celebran de vez en vez algún aniversario.
Hoy tenemos un benefactor de la democracia dominicana llamado Balaguer, vivió todos los años que un hombre puede vivir y marcó para siempre nuestra sociedad. Logró que la mayoría de los buenos dominicanos adquieran los valores de los malos dominicanos. Construyó hospitales sin médicos ni medicina, construyó muchas escuelas sin pedagogos ni pedagogía, construyó carreteras y puentes para unir la miseria rural con la urbana, construyó aeropuerto para que el dominicano pueda emigrar e huir de la miseria, la injusticia y del subdesarrollo. Corrompió el país y creó nuevos valores, el valor de la mercancía. Lo ético es una quimera, si no tienes dinero no tienes poder y sino tiene poder no eres nadie. Esta seria nuestra nueva doctrina. Surgió una clase de nuevos ricos que fueron abandonando las calles de Ciudad Nueva y de Gazcue. Bastaba con ser un epigono del sistema, vender tu consciencia en caso que la tuvieses y ya estabas del otro lado diferenciado del resto. Pero también estaba en esos días un maestro de escuela secundaria, un hombrecillo mulato, de afro y bigote, con camisa de cuadro como esos manteles que les poníen a las mesas de las fondas populares y un pantalón campana. Impartía clases de historia social dominicana y trataba de guiar a sus estudiantes hacia esos ideales que se estaban desvaneciendo por el signo del progreso en un periodo llamado “normalización”después de la guerra de abril. Un hombre que se identificó con el clisé de la izquierda y la expresión más manoseada “El mal de nuestra sociedad es el imperialismo Yanqui”, La revolución socialista es el futuro de la humanidad” bla, bla, bla. Luego por circunstancias del realismo mágico de nuestro país este señor llegó a ser presidente, olvidó esos eslóganes en una metamorfosis de valores a lo Gregorio Samsa o lo cambió por otros menos radicales y más lucrativos. Todos creyeron que trazaría un nuevo destino al país, que construiría un Estado de Derecho, que haría una revisión de la historia, haría justicia y sacaría al país de la miseria, ignorancia para llevarlo a una democracia progresista. Pero no, siguió como la zorra tratando de atrapar su sombra. La sombra del caudillismo. No negó eso que acusó en el pasado, por el contrario usó descaradamente los recursos y todos los mecanismos del Estado en función a su reelección, compró y sobornó a políticos y a franquicias partidista, introdujo el mayor número de boletas y de partidos satélites, procurando impactar desde la boleta electoral a los(as) votantes con la repetición de su carita, compró figuras del seudo-arte dominicano, del deporte comercial y de la basura farandulera. Compró a miembros del sector militar activo y retirado con simpatías por la oposición, y de ese modo implementó otras practicas más propias de aquel “benefactor” de la democracia dominicana. Ningún marketing político conceptual, ninguna creación, solo una burdo plagio de la mediocridad política. La zorra no quería atrapar realmente la sombra como los felinos cazan a los roedores, al contrario la zorra siempre fue, ha sido y será la sombra porque esa es su condición.
Dedicado a Orlando Martinez
ariostod85@gmail.com
|