Los evangélicos en los Estados Unidos son decisivos para la victoria del candidato que decidan apoyar, y son tomados en cuenta, no como bisagra, sino como un sector votante con plena conciencia de su poder electoral. Eso se debe a que, como sector social, además de ser cristiano-evangélicos, están claros que también tienen otras funciones en la sociedad, que tienen que aportar al desarrollo y bienestar de la sociedad en la que les ha tocado vivir. Estoy plenamente seguro de que ellos han leído lo que dijo Jesús de Nazaret de “que no son de este mundo, pero que están en este mundo”, y que mientras sea de día “hay que trabajar”.
En la República Dominicana las cosas han sido diferentes. A pesar de que la predicación evangélica nos llegó de Norteamérica, la evolución de la conciencia social no ha ido a la par con la de sus hermanos norteños. Incluso, se han quedado por detrás de países semejantes al nuestro, tercermundistas, en los que los evangélicos, como sector plenamente concienzado, han elegido y quitado presidentes de la República.
A la República Dominicana llegó un evangelio netamente kerigmático, un evangelio desprovisto de una visión social, global, y enfocado únicamente a la parte de la “salvación de las almas”, o sea, un evangelio espiritualizado. Desde esta perspectiva, a los cristianos evangélicos no le era permitido participar en “asuntos terrenales” como lo es la política, participar y/o apoyar movimientos sociales, entre otras cosas “de este mundo”.
Debemos decir, entre paréntesis, que este tipo de evangelio no es el que le legó el galileo a la humanidad, pues el evangelio presentado por el Señor Jesucristo a sus contemporáneos fue de anunciación-denuncia, dentro de un enfoque global, en su presentación del nuevo reino.
Con el desarrollo social y político de la sociedad dominicana este concepto parcializado del evangelio entra en crisis, pues a las iglesias llegan nuevos conversos con una visión diferente, y hasta más coherente bíblicamente, con lo que es el Evangelio del Reino que a la fecha se había presentado.
En el caso particular de Barahona, dentro de las iglesias evangélicas surgen segmentos poblacionales con demandas insatisfechas; grupos de evangélicos, por ejemplo, con nuevas formas de relacionarse con el “mundo”, y con criterios propios y definidos sobre las cosas que “salvan” y aquellas que no impiden “la salvación de sus almas”, con un nuevo concepto musical y hasta de vestir. Una sociedad que demanda que la iglesia vaya a ella, dándose una tensión entre una feligresía con una mentalidad abierta y elástica, y un liderazgo formado bajo la rigidez de normas draconianas.
Por momentos parecía que la iglesia no tenía respuesta a estas nuevas necesidades. El liderazgo evangélico tradicional había sido desbordado en su capacidad para responder ante estas nuevas demandas. Fruto de este desafío surge, pues, un nuevo liderazgo y una iglesia evangélica con un nuevo perfil; no con un nuevo evangelio, pero sí, con una nueva forma de presentarlo y de vivirlo, y hasta con nuevas liturgias.
En Barahona el proceso de acomodación a estos nuevos requerimientos tiene ya cierto tiempo. A nivel del liderazgo, la figura del pastor tradicional está dando paso a una nueva figura de pastor; al pastor que participa en actividades políticas deslidando sus labores netamente pastorales con las de corte socio-políticas, a aquél que toca y canta regguetón, a aquél cuya forma de saludar es la de los “chamaquitos” del parque, que viste como ellos, que va a donde ellos van, en fin, un líder que entiende que la iglesia debe salir de sus cuatro paredes y llegar al barrio, a las calles, que debe participar en el saneamiento del ambiente, contribuir con la limpieza de las calles, recoger las basuras.
Los títulos de los himnos ya no son sacros como antes, sino a lo jevito, como por ejemplo, Tamo’alante, e’pa’rriba que voy, entre otros.
Es en este contexto en el que la participación de los evangélicos en la política- partidarista comienza a verse como “no-pecado”, y a veces como algo hasta necesario. Se inicia, pues, un proceso de concientización social hacia el interior de las iglesias evangélicas.
Barahona es, quizás, una de las ciudades que más iglesias evangélicas tiene; casi en cada esquina hay una iglesia. Quizás por ello se deba a que en Barahona el fenómeno de la toma de conciencia social ha sido sorprendente.
El pueblo evangélico de Barahona se queja persistentemente de que los políticos lo usan como instrumento para ganar los comicios, y que pasados éstos, es olvidado. Esta situación desde luego tiene su explicación en que hasta ahora sólo había sido espectador, no un participante, del hecho político. Siempre he creído que esta situación puede, y debe ser, revertida
El liderazgo cristiano-evangélico de avanzada en Barahona se ha dado cuenta de que no tiene el suficiente peso específico a la hora de reclamar un lugar en los mecanismos sociales de participación, ya sea en el Estado, en el gobierno, o en las organizaciones comunitarias. No obstante, muchos aún no han llegado a entender que los espacios sociales se ocupan por méritos propios, por una labor realizada y reconocida, no porque alguien quiera, sin más y más, ocuparlos.
Durante la tragedia de la Tormenta Olga en nuestra zona, la Asociación de Ministerios Evangélicos del Suroeste, AMERSO, hizo una contribución significativa a favor de los damnificados y estuvo presente en los mecanismos creados para resolver el problema de las comunidades afectadas. Todos recuerdan que el local de la iglesia “Buenas Nuevas” fue un refugio de cientos de damnificados.
Aunque en su Código de Ética AMERSO prohibe la participación de sus miembros en actividades partidarias, no puso obstáculos ni reparos a aquellos líderes evangélicos que entendieron que debían poner su grano de arena en la coyuntura política del momento.
En la recién finalizada campaña electoral la iglesia evangélica de Barahona dio muestra del avance que venimos hablando. Una parte de su liderazgo se comportó dentro de los parámetros tradicionales de observador del proceso político, pero otra parte dio un paso adelante: se propuso sembrar para luego cosechar. Hubo líderes cristiano-evangélicos que en el fragor de la campaña electoral conformaron frentes evangélicos, y otros hasta diligenciaron la creación de movimientos políticos evangélicos.
La cerrazón que condenaba a la iglesia evangélica al ostracismo social ha comenzado a resquebrajarse. Llevará su tiempo la toma total de conciencia, y quizás nunca se alcance en su totalidad, pero lo cierto es que el evangélico barahonero, y por extensión el del país, se encamina hacia la búsqueda de una respuesta a los requerimientos de los nuevos tiempos.