Empero, nada de eso significa, valga la aclaración, que el PLD no sea una fuerza político-electoral respetable, ni que el liderazgo del doctor Fernández no tenga una indudable penetración nacional. Obviamente, negar eso sería no sólo faltar a la verdad sino también caer en la ridiculez. Antes al contrario, es fuerza reconocer que el PLD ha superado su antiguo carácter de organización de votación coyuntural o prestada y, definitivamente, se ha convertido en el hogar político del electorado conservador del país, sobre todo merced al afianzamiento de la ascendencia al tenor del doctor Leonel Fernández.
En realidad, lo que he sugerido precedentemente, y reitero ahora, es que, pese a lo que se acaba de decir, el PLD y sus aliados no pudieron (proyectados desde la frágil plataforma de las realizaciones del presente cuatrienio gubernamental y de las escasísimas ofertas electorales que podían formular sin que el incumplimiento de antaño los ruborizara o les provocara pruritos de mala conciencia) situarse políticamente en una perspectiva de triunfo transparente, legítimo y verdaderamente incontestable de cara a las elecciones recién transcurridas.
Todo parece indicar, desde luego, que los estrategas de campaña del PLD se apercibieron de esa potencial realidad por lo menos desde fines del 2007, y en esa virtud, prevaliéndose de las necesidades e urgencias derivadas del paso por el país de dos fenómenos de la naturaleza, decidieron intensificar su recurrencia al uso de los recursos públicos para otorgar ayudas, prodigar favores y crear privilegios que redituaran votos a su favor. El municipio de Santiago fue un ejemplo notorio y singular de la aplicación de esta política.
Naturalmente, luego vino el positivo toreo de las primeras encuestas del 2008, y el gobierno y el PLD empezaron a actuar con todo desembozo electorero: se desligaron “amigablemente” del FMI, inventaron nuevos programas de “ayuda” social, ampliaron las bases y los alcances del clientelismo interno y externo, acudieron al abominable expediente del transfuguismo, corrieron el Metro por un par de días para impresionar a los incautos, echaron manos de los tan criticados subsidios de campaña y, al final, bailaron a ritmo de papeletas la vieja fiesta de las cédulas, los votos, las fundas de alimentos, los picapollos y las cervezas.
Ni el gobierno ni el PLD pueden negar ya que montaron en todo el país sin rubor alguno y a todo costo aquel festivo aquelarre en el que campearon por sus fueros el desprecio a la institucionalidad, la renegación de toda ética y las cornadas financieras contra los partidos de la oposición, y por ello mismo tampoco pueden ignorar que un gobierno surgido de esos enlodados vericuetos tiene y tendrá colgado sobre el cuello el inevitable sambenito de la ilegitimidad moral, un pecado de origen que no sólo puede eventualmente dar pie a chantajes foráneos sino que, al mismo tiempo, los desautoriza internamente para la convocatoria a diálogos o compromisos de cualquier tipo.
La cuestión es simple: un gobierno y un partido que han mentido y engañado reiteradamente a su pueblo en asuntos del más alto interés nacional, que se han burlado de la oposición usando los más burdos embustes y trapisondas, que han sido “fichados” como inescrupulosos por observadores electorales de aquí y de allá, que tienen un discurso para afuera y otro para adentro, y que luego de proclamar el supuesto “blindaje” de la economía vernácula dicen con todo descaro que hay que dialogar y pactar para “superar todos juntos” la grave crisis que se nos abalanza, ¿tienen calidad o fuerza morales para cuestionar la negativa o el ausentismo de la oposición ante su llamado al diálogo? Ni siquiera vale la pena molestarse respondiendo esta interrogante.
Una cosa, sin embargo, sí hay que recordar: en cualquier país del mundo, los voceros y defensores de un gobierno brotado de circunstancias tan especiales y con desafíos económicos tan anonadantes como los que tendrá que enfrentar el que se inaugurará el 16 de agosto, actuarían con algo menos de prepotencia y “tigueraje” frente a la oposición…Mas aún: harían esfuerzos por exhibir algo de humildad y no dar la impresión de que nuevamente intentan pasarse de listos.
Claro, se sabe que eso podría ser así, pero si el gobierno no fuera del PLD.