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Sat, 05 Jul 2008 09:00:00 |
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A corta distancia de un desfiladero |
POR MIGUEL GUERRERO*
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EL AUTOR es escritor y periodista. |
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Dos hechos, ocurridos coincidencialmente en forma simultánea el jueves de esta semana, nos indican con meridiana claridad el camino por el cual transitamos y a cuán corta distancia nos encontramos de un desfiladero. En una inusual reunión encabezada por el presidente de la República acompañado de varios secretarios de Estado, en el aún augusto recinto del Palacio Nacional, el gobierno llegó a un acuerdo con los dirigentes del transporte público con la finalidad de evitar nuevas alzas en los fletes y los pasajes—de todas maneras ya aumentados- y, principalmente, nuevas amenazas de paralizaciones del transporte. El acuerdo, basado en concesiones y privilegios de precios de los combustibles, tomó por sorpresa al país. Por centésima o no se sabe cuánta vez, los sindicatos le tumbaban el pulso a la autoridad, sin necesidad siquiera de cumplir con el formalismo protocolar de quitarse la gorra en una reunión celebrada bajo techo. Mientras tenía lugar ese otro capítulo del folclor político nacional, la asociación de industriales, la AIRD, advertía sobre el inminente peligro de un “desastre económico”, a causa de la pérdida creciente de competitividad de los sectores agrícola e industrial, ante cuya realidad poco o casi nada se hace en el sector público. Le falta a los poderosos y pobres industriales del país el recurso de la huelga para agenciarse subsidios y gasoil barato, con los cuales producir para alimentar a la población y sostener la economía. Los arreglos de Palacio con los transportistas, con poderes para paralizar el país y embotellar con sus vehículos calles y carreteras, y la absoluta falta de atención al campo y a la industria hablan por sí mismo. Alguien debe estar tarareando a Facundo Cabral: “Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. Pero falta quien le recuerde al gobierno que la campaña electoral terminó el 16 de mayo.
(Reproducido de El Caribe) mguerrero@mgpr.com.do
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