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Bush llegó en el dÃa de su cumpleaños acompañado por su esposa Laura. |
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Justo a tiempo para celebrar su cumpleaños número 62, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, fue uno de los primeros lÃderes del G8 en llegar a Japón para la cumbre de tres dÃas en la isla de Hokkaido. El encuentro, al que le espera una agenda cargada de crisis internacionales, será también el último que Bush tendrá con con sus pares de este club de países más ricos del que además de EE.UU. y el anfitrión, son miembros Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia Rusia y Canadá.
Tras ser recibido junto a su esposa Laura con los honores del caso, el jefe de la Casa Blanca, pasó directamente a una reunión de una hora con el primer ministro japonés, Yasuo Fukuda para discutir uno de los temas que más preocupan a este último: Corea del Norte.
Fukuda no está conforme con la reciente decisión de Washington de retirar al régimen norcoreano del llamado "eje del mal" tras la aceptación de Pyongyang a las negociaciones para el desarme nuclear.
Apuesta por el dólar
Durante una conferencia de prensa conjunta tras ese encuentro, Bush
afirmó que a pesar de los mensajes diplomáticos, la última declaración
nuclear de Corea del Norte requiere "una verificación firme".
Por otra parte se comprometió a no olvidar la lucha para "recuperar a los ciudadanos japoneses secuestrados en Corea del Norte".
Durante el encuentro con los periodistas, Bush también hizo
referencia a otros temas que preocupan a los líderes del G8 como la
economía de su país, de la que aceptó que "no crece en la forma robusta
que quisiéramos".
De todos modos, se manifestó confiado en una "política de un
dólar fuerte". "Creo que la solidez de nuestra economía se verá
reflejada en el dólar", expresó.
Fukuda va a Pekín
Menos concreto se mostró a la hora de abordar otro de los temas difíciles en su relación con el primer ministro japonés.
Fukuda aspira a que esta cumbre finalice con pasos más concretos en la
reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y que se impulsen
las negociaciones para un nuevo marco que vaya más allá del protocolo
de Kioto.
Bush, quien durante su mandato se mostró reticente a que se
impongan objetivos a Estados Unidos sin que antes se sumen las grandes
economías emergentes como China, sólo se comprometió a poner lo mejor
de sí en esta cumbre "para lograr una declaración positiva".
Yasu Fukuda, por su parte, aprovechó su intervención en la
conferencia de prensa para anunciar su presencia en la ceremonia
inaugural de los Juegos Olímpicos en Pekín, algo que hasta el momento
estaba en duda teniendo en cuenta las difíciles relaciones con el
régimen chino.
"Hay muchos atletas de Japón que van, así que es natural que yo esté allí", dijo Fukuda.
"No necesitamos mezclar la política con este evento. Aún cuando
China tenga muchos problemas, su gobierno está haciendo esfuerzos para
resolverlos", agregó. Crisis y escepticismo
La agenda que espera a partir de mañana a los líderes del G8 en el
lujoso hotel de Toyako, Hokkaido, genera muchas más expectativas y
preocupaciones que las competencias atléticas de Pekín.
A los temblores de la economía mundial, se suman temas tan
álgidos como el alza en los precios de los alimentos y del petróleo,
los controvertidos biocombustibles, la lucha contra el cambio
climático, las promesas incumplidas de ayuda a África y los países más
pobres, así como la posición del grupo hacia el régimen de Irán.
A diferencia también de los juegos olímpicos, no es la
esperanza por los resultados lo que rodea la cumbre, sino el
escepticismo y no sólo de los miles de activistas que llegaron ya a
Japón para protestar contra este club de países ricos.
Más que la declaración final del próximo miércoles, quizás lo
único que los líderes del G8 lleguen a festejar sea sólo el cumpleaños
de Bush este domingo, dicen los más escépticos.
Esta falta de optimismo también se ve reflejada a la hora de
pronosticar los resultados del encuentro que el miércoles sostendrán
los líderes del G8 con sus pares de economías emergentes, entre las que
se encuentran China, India y Brasil.
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