El líder perredeísta, al hacer esa distinción, en realidad matizaba un hecho que la mayoría de los dominicanos conocíamos: que había un sector, integrado por hombres y mujeres de pensamiento progresista y práctica no abusiva, que coexistía en el entonces Partido Reformista y en el Estado con otro que, compuesto por gente de mentalidad primitiva y comportamiento represivo, las más de las veces era predominante en las cercanías del caudillo de Navarrete.
Más específicamente, el “reformismo de las luces” era representado por los correligionarios y prosélitos del doctor Balaguer que ejercían el laborantismo de las ideas, promovían cambios sociales, no se habían manchado con el peculado, abominaban del clientelismo y del transfuguismo, estaban al margen del aparato represivo del régimen y, en fin, se negaban a ser parte de la poderosa maquinaria de extorsión y fraude que operaba en el país cada vez que se estaba frente a un proceso electoral.
Como contrapartida, el “reformismo de las sombras” era el sector que le hacía el “trabajo sucio” al doctor Balaguer en su irrefrenable carrera por mantenerse en el poder a toda costa: sus “argumentos” principales eran la mentira, el dinero y las prebendas, y no paraba mientes en comprar o encarcelar a opositores, hacer uso de los guardias y los policías en la campaña electoral, comprar cédulas, distribuir fundas de alimentos financiadas con dinero público, reclutar al “tigueraje” de los barrios dándoles chequecitos, ron y cervezas, y desde luego montar descomunales fraudes electorales.
Obviamente, ahora que estamos en presencia -tras las elecciones recién trascurridas- de una recomposición política que pudiera ser definitiva en términos de ciclo histórico, y cuyo rasgo predominante estriba en la lamentable depauperación político-electoral del partido del doctor Balaguer a la grupa de los empeños del PLD y el doctor Leonel Fernández por “captar” a la mayor cantidad de dirigentes y militantes del mismo, resulta inevitable hacerse una interrogante directa y simple: ¿cuál de los dos reformismos está recibiendo como “herencia” el líder del peledeísmo, el de las “luces” o el de las “sombras”?
La respuesta a esa pregunta, a no dudar, se puede encontrar en la estructura actual del gobierno, en el abigarrado rebaño de los aliados del PLD, en las sinuosidades de las últimas dos campañas proselitistas que éste desarrolló y en los resultados electorales mismos tanto del 2004 como de este año: en todo esto se percibe la ausencia del ideario, los valores, el estilo y los métodos del boschismo, y en cambio se ponen de relieve nítidamente los del viejo balaguerismo, particularmente los del de las “sombras”. Seamos sinceros: el PLD de hoy, en realidad, es lo que más se parece al Partido Reformista de los años sesenta y setenta.
Y, que conste, no lo digo con alegría sino con pena, pues el hecho de que una organización que fuera fundada justamente como negación de las ideas y las prácticas que eran características del “balaguerismo de las sombras” (aunque su mentor reiteradamente las atribuyera también al PRD en razón de su necesidad de legitimar la ruptura de 1973) sea actualmente émula orgullosa de éste, es motivo de justificada congoja. El profesor Juan Bosch, donde quiera que se encuentre, debe sentirse muy incómodo con esta situación.
Pero si algún peledeísta de alma blonda (que sin dudas los hay todavía) cree que estoy exagerando al hacer estas anotaciones, lo invito a examinar lo que he reseñado de cara a la realidad, porque estoy seguro de que se encontrará con que la mayoría de los funcionarios de su gobierno no es de procedencia peledeísta, los aliados actuales de su organización son los antiguos adversarios de Bosch y, por añadidura, las últimas jornadas electorales del PLD han sido desarrolladas en base a la divisa del “balaguerismo de las sombras”: lo único importante es ganar y para lograrlo todo es válido… Es decir: el fin justifica los medios.
Y de las “personalidades” de procedencia balaguerista que ahora adoran y apoyan al doctor Fernández, algunos con antiquísima fama de prebostes del boschismo, ni siquiera es necesario hablar. Ahí están, para que cada quien juzgue si son de las “sombras” o de la “luz”… Como se dice en buen dominicano: “Mátese usted mismo, compadre”.