Si algún acontecimiento dominicano ha tenido resonancia en la comunidad internacional, ha sido el caso Baninter, los restantes eventos más connotados son, el ajusticiamiento de Trujillo en 1961, la Revolución de abril y la invasión de Estados Unidos de América en 1965, la muerte de Caamaño en 1973, la visita de los líderes de la Internacional Socialista en 1977, el triunfo electoral de Antonio Guzmán en 1978, las visitas de los Papas Católicos, y la reciente Cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo.
La verdad es que las exigencias internacionales pesaron más, que el prurito moral de los grupos locales de poder, para que el llamado juicio del siglo no recibiera cristiana sepultura.
Recuerdo como ayer, en la embajada de Estados Unidos a mitad del 2003, cuando Roger Noriega, Subsecretario de Estado, encargado de América Latina en el Departamento de Estado, otros altos funcionarios, y los embajadores europeos, japonés y canadiense, advirtieron a la cúpula política y empresarial dominicana, que el mundo no aceptaría impunidad en el caso Baninter, porque jamás podrían justificar a los contribuyentes de sus países, asistencias o trato respetuoso, a naciones donde se toleren tales fraudes.
A partir de agosto del 2004, conscientes de estas advertencias, el Banco Central y la Superintendencia de Bancos, resistieron presiones del Palacio Nacional para que el silencio del tiempo fueran las únicas sentencias, no obstante, los organismos internacionales y las misiones locales, atizaron tanto, que incluso obviaban las debidas cortesías de la vida diplomática.
Los agradecimientos de la Fundación Global y del presidente Leonel Fernández se angustiaron al sentirse sin fuerzas para proteger sus mecenas.
La conclusión del juicio ha hecho surgir la esperanza de una ética política, en verdad, no debe esperarse demasiado, simplemente el incipiente desarrollo capitalista exige reglas de juego entre los grupos, este evento podrá ser apenas un inicio de una sociedad menos arbitraria.
Sin embargo, se teme que los bienes incautados ya estén asignados simulando subastas, así los canales 13 y 27 quedarían entre defensores del Gobierno, las emisoras de radio a otros allegados, la prensa escrita ya tiene su destino, en fin, todo está asignado.