El Presidente Fernández ordenó formar una comisión para evaluar los daños y hasta se reunió con representantes de los afectados en el poblado de Los Rios. Hoy, con pena podemos decir que aquello fue una pose teatral con mucha espuma y poco chocolate. Las instancias llamadas a dar soluciones a quienes perdieron los medios de sustento para sus familias, desaparecieron y los afectados siguen a la espera de las alternativas ofrecidas por la comisión.
Los medios escritos han reseñado sobre pagos millonarios a las asociaciones de ganaderos del área, pero es bueno que se sepa que la gran mayoria de los campesinos de Neyba, Villa Jaragua, Los Ríos, Postrer Rio, La Descubierta, Boca de Cachón, Bartolomé, Jimaní, El Limón, Las Baitoas y Duvergé no son miembros de asociaciones de ganaderos. Se han cumplido los reclamos de los acomodados, pero los de abajo, aunque afectados más que nadie, no han recibido alternativas adecuadas.
Una fuerte sequía afecta la zona en este momento, lo que incrementa la angustia de los agricultores de alrededor del lago Enriquillo, cuyas aguas no han cedido y las tierras cultivables siguen bajo las aguas. Hace falta que se imponga el buen sentido de las autoridades y que alguien rescate la región, que al parecer sólo es importante durante los tiempos electorales.
Da pena decirlo, pero con lo que el gobierno dominicano gasta para albergar a un ex-presidente extranjero, que es rico de cuna y puede pagar por su exilio (los contribuyentes dominicanos le pagan una mansión de lujo, su seguridad, el uso de vehiculos, choferes y sabe Dios cuantas cosas más) se resolverían las penurias de centenares de familias dominicanas, a los que el lago Enriquillo privó del uso de sus tierras.
La situación a consecuencia de la crecida del lago Enriquillo está dormida, como dormida están las posibilidades de los que viven al borde de aquel ecosistema, que es tesoro y riqueza del país. Espero que las autoridades reconsideren su actitud negligente y resuelvan los males que dan origen a estas inquietudes. Dde ese modo tendría yo la paz mental para escribir sobre cosas dulces y placenteras.