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Mon, 15 Mar 2010 18:16:00

De torre en torre, de tumbe en tumbe

POR JUAN TH*
*EL AUTOR es periodista y abogado.
Pese a la descomunal inversión del gobierno de 700 millones de pesos para callar la prensa o crear una corriente de opinión que lo favorezca, los escándalos de corrupción, crímenes y narcotráfico, salen a relucir con mayor fuerza y profundidad.

Es innegable que estamos ante el gobierno más corrupto que haya tenido la historia de la República Dominicana desde su fundación en 1844.

Es innegable, de igual modo, que estamos ante el gobierno más permisible ante el crimen y el delito. No en balde nuestro país ocupa el tercer lugar en materia de narcotráfico, compitiendo muy de cerca por el primer y segundo lugar con México y Colombia, como tampoco es casual que el Departamento de Estado de Estados Unidos haya hablado de una corrupción endémica, ni que la autoridad dedicada a combatir la corrupción haya sindicado a un funcionario de “corrupto patológico”, sin que esto provocara su cancelación.

Estados Unidos acaba de externar su preocupación por la corrupción sin límites que existe en la Policía Nacional, donde se asesinan ciudadanos indefensos, se tortura y se violan los más elementales derechos humanos, algo que todos los dominicanos sabemos y sufrimos en carne viva. Estamos ante una de los cuerpos policiales más corruptos y criminales del mundo. Pero el presidente de la República, lejos de actuar ejemplarmente, asciende de rango y premia a los agentes que participaron en los asesinatos de los implicados en el secuestro de un joven en la provincia María Trinidad Sánchez.

El gobierno va de escándalos en escándalos y de tumbe en tumbe. Y a veces de tumbo en tumbo. No da pie con bola. Un escándalo de drogas, de asesinato o de corrupción sustituye al otro, cada vez mayor. En todos los casos encontramos altas autoridades civiles y militares, pero nadie va a la justicia y mucho menos a la cárcel. ¡La impunidad es total!

El español que construyó la torre Atiemar contó desde “la varilla inicial, hasta la pintura final” con el apoyo del presidente de la República que no sólo dio el tradicional “primer picazo”, sino que pronunció un discurso entusiasta señalando que ese edificio era una muestra del crecimiento económico y de la reactivación de la industria de la construcción. Ahora resulta que el dueño de la torre es un gran narcotraficante. Sabemos de cinco embarques de drogas por el puerto que hace unas semanas denunció el señor Figuereo Agosto. En todos los casos los furgones de drogas estaban franqueados por oficiales de la Policía.

Cabe preguntarse, ¿qué hacía un coronel, asistente del jefe de la Policía por demás, haciendo de jefe de “seguridad” de una torre privada? ¿Es cierto que el jefe de la Policía compró tres de los lujosos apartamentos de la torre Atiemar a través de terceras personas como dicen los empleados y trabajadores del edificio? ¿Es cierto que el jefe de la dirección nacional de control de Drogas también es propietario de un apartamento de la torre Atiemar? ¿Es verdad que por lo menos 8 funcionarios compraron en el mismo lugar? ¿Por qué había armas de fuego en el edificio? ¿Para qué? ¿Dónde están hoy esas armas? Surgen muchas preguntas, pero no hay respuestas. Nadie las dará, ni siquiera el zar de la lucha anti drogas que parece muy ocupado en asuntos electorales para garantizarle cargos a su gente.

Haber puesto la dirección de drogas en manos de la Policía Nacional más que un error, ha sido un acto de complicidad con el bajo mundo. La República Dominicana de hoy es peor que la Cuba de los años 40 y 50, donde los capos del juego de azar y del alcohol dirigían el país  con el apoyo de los gobiernos. Pero una buena parte de la prensa y de los periodistas, no lo dicen, por miedo o por dinero, más por lo segundo que por lo primero. Lo mismo hace una buena parte de los políticos de oposición: ¡Callan! Como dicen por ahí, el que calla otorga y el que otorga traiciona... Cuánta razón tenía Hugo Tolentino Dipp cuando habló de narco gobierno. ¡Cuánta razón! 

 
 
 
 
 

 

 

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