Justifica esta obligada introducción, el hecho de que el presidente Fernández haya creado tantas desilusiones en personas que, como quien escribe, albergamos esperanzas de que el mandantario jamás se iba alejar tan notablemente de principios elementales enseñados hasta la saciedad por el prócer y maestro Don Juan Bosch. Sorpresa ha sido para los que vemos la política en tanto ciencia, que el presidente Fernández confunda los asuntos de Estado con cuestiones políticas cotidianas que deben tener su tiempo y espacio fuera del Palacio Nacional.
El presidente de la República ha hecho un hábito reunirse en el Palacio Nacional para tratar asuntos políticos partidarios, quitándole la solemnidad al hogar del Estado y cualquierizando el simbolo presidencial que dignifica a todos los dominicanos, representado en su respetable figura. El último irrespeto a los dominicanos lo constituyó la reunión política que sostuvo en el Palacio Nacional con altos dirigentes del PRSC para resolver asuntos eminentemente políticos, como las elecciones congresionales. Me refiero pues, al encuentro que sostuvo con el Ingeniero Héctor Rodríguez Pimentel, Alexandra Izquierdo y Modesto Guzmán.
Está muy reciente en nuestras mentes, y el presidente Fernández no puede olvidarlo, cuán incómodo se sintió Don Juan Bosch cuando el presidente Joaquín Balaguer, un 27 de febrero de 1978 a través de una cinta magnetofónica, hizo escuchar un discurso del gran líder Peña Gómez con la intención de refutarle, pero lo hizo desde el Palacio Nacional, lo cual llevó al lider histórico del PLD a decir que Balaguer desconocía lo que era un discurso para conseguir votos y las responsabilidades y las obligaciones de un jefe de Estado. Igual crítica enarboló cuando al afamado Oscar de la Renta se le permitió hacer exhibiciones de modas desde el mismo Palacio Nacional.
Pienso que el pragmatismo tambien tiene sus límites. Es inconcebible en el Presidente Leonel Fernández esta actitud que lo distancia de su otrora maestro. Todos los que conocemos sus dotes intelectuales nos sentimos irrespetados porque sabemos que no lo hace por desconocimento. De todas maneras, y creo no irrespetarlo, sería interesante que el Presidente aprovechara el asueto de la semana mayor para repasar aquellas obligadas lecturas de Bosch: "No siempre una clase dominante es clase gobernante". Aunque una cosa es con guitarra y otra es con violín, siempre vale la pena leer a Bosch.