El concepto de liderazgo evoluciona en la historia en consonancia con el desarrollo cultural, social, político y económico de los pueblos. O sea que el líder no existe aislado del contexto, sino que desde el contexto crea, construye o destruye.
Muchos son los líderes políticos que gobiernan las naciones y dirigen organizaciones, pero son escasos aquellos que con sus actuaciones estimulan y promueven cambios en la cultura política y en la sociedad. Comparto con Albert Jovell la apreciación de que uno de los principales atributos del liderazgo es saber mantener de forma simultánea la atención hacia el futuro y hacia el presente.
Uno de los grandes retos que tienen los estudiosos del liderazgo consiste en definir un nuevo modelo de liderazgo para la sociedad del conocimiento. Gobernar la sociedad del conocimiento constituye hoy una tarea compleja. Como aducen Isaura Leal Fernández y Jordi López Camps (2005, p.20), en su obra Aprender liderazgo político “gobernar la sociedad del conocimiento exige una nueva acción de gobierno, una nueva manera de hacer política y unos nuevos líderes políticos. Hay que volver a situar hoy la política en el eje del propio debate político.”
El ascenso de Hipólito Mejía a la presidencia de la República en el 2000 interrumpió un proceso de cambios en la cultura política que había impulsado su antecesor Leonel Fernández Reyna. La personalidad de Mejía no se acomodaba con la forma de gobierno exigida en la sociedad del conocimiento. Aunque quisiera, su formación y su temperamento no eran proclives para producir escenarios de discusión, diálogos y concertación. Por tanto, desde que asumió la Primera Magistratura de la Nación trató de provocar una ruptura con el estilo anterior, pero ignoraba que el proceso era indetenible. El desencaje de su liderazgo con la sociedad del conocimiento y la cultura del diálogo y la concertación, además de sus limitaciones de comunicación conceptual, serian el punto de partida para el derrumbe de su meteórico liderazgo emocional, ya que al comparar su estilo de gobernar con el estilo de Leonel Fernández, quedaba muy mal parado, y los electores se sentían más a gusto con la personalidad y el estilo de Fernández.
El ascenso de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos implicó también un cambio sin precedentes en la cultura política de esa Nación. El liderazgo lo es todo, dice Maxwell en su importante libro Liderazgo –Principios de Oro-. Los pueblos se estancan, retroceden o progresan en parte por la influencia del liderazgo. Los líderes están llamados a ser los promotores esenciales de los cambios en la cultura política. Esto es así, porque los seguidores de los líderes tratarán siempre de seguir sus pasos, y en la medida de lo posible reproducir sus comportamientos. El presente necesita de líderes políticos que sean capaces de contribuir a definir los futuros posibles y deseables, y de acompañar a las personas en su caminar hacia una sociedad distinta y mejor.
Manuel Villoria Mendieta (2005, pag.11) en el prólogo al libro Aprender liderazgo político, aduce que “el mundo que nos tocará vivir será cada vez más complejo; en esa complejidad sólo la confianza abre caminos de interacción positiva y de provecho mutuo. Pero algunos creemos que la confianza no es sólo un fenómeno determinado por azares históricos, sino que también es el resultante del liderazgo político. Ahora bien, para que surja confianza social no nos basta con un liderazgo político cualquiera, sino que necesitamos aquel tipo de liderazgo que se asienta en valores democráticos y humanistas y que es fiel en la conducta y en la práctica diaria a esos valores.”
El liderazgo debe ser concebido como un proceso de influencia, y por tanto, influye en la cultura de los pueblos. Es objetiva la definición hecha por Leslie W. Rue (1995), en su obra Administración: Teoría y aplicaciones, de que el liderazgo es un proceso a través del cual una persona influye en el comportamiento de los miembros del grupo. El líder político, -y esto es bueno que lo escudriñen los dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que buscan la candidatura presidencial para las elecciones del 2012-, como plantean Isaura Leal Fernández y Jordi López Camps (2005, p.25) “es fruto de la madurez personal e intelectual de la comunidad política. Los miembros de esta comunidad tienen su propio pensamiento, son autónomos en valores y creencias, viven experiencias distintas y plurales, y desean participar activamente en la construcción de la realidad social. Estas personas esperan de sus líderes dirección, cierto grado de certidumbre y seguridad ante unos cambios que se viven como preocupantes y angustiosos. Se pide a los lideres que contribuyan a definir el futuro y les ayuden a descubrir cómo avanzar hacia él.”
Don Tapscott (2009) en el prefacio al libro Yes We DiD –Cómo construimos la marca Obama a través de las redes sociales-, aduce que “Sí la improbable victoria de Barack Obama ofreció una nueva definición del concepto de elecciones. Sin embargo, no es exagerado afirmar que el presidente, al tratar de dirigir la reconstrucción de nuestra devastada economía, de nuestro defectuoso sistema ecológico y de nuestro mundo aquejado de graves problemas, también está volviendo a definir la manera de gobernarnos y la naturaleza de la propia democracia. La experiencia es enriquecedora y sirve de ejemplo para todos los gobiernos, empresas y organizaciones.”
En el caso dominicano, la victoria de Leonel Fernández, un hombre con 42 años de edad, promovido por dos caudillos ilustrados que habían gravitado en la vida política nacional por siete décadas, la simple victoria, implicó un cambio que tuvo un fuerte impacto en la cultura política. Cambiar es difícil, como plantea Francisco Roca (2004, p.13) en su obra De Jefe a Líder –La metamorfosis-, “muy difícil, porque el deseo de cambio y, a la vez, la resistencia y el miedo al cambio, son una de las grandes contradicciones de nuestra vida.” Leonel produjo una ruptura con el pasado imprimiendo su propio estilo de gobernar al concebir la política como la actividad mediante la cual se busca la conciliación de los intereses divergentes. Tiene la acertada visión de que para construir un mejor futuro se deben tomar importantes decisiones productos del consenso y la concertación social. El alcance de este futuro sólo es posible mediante la renovación de la acción política.
Los caudillos ilustrados tenían un “juego pesado”, eran rencorosos, e inclusive llegaron a enemistarse unos con otros, lo que a la vez se convertía en un estimulo para que los dirigentes de sus partidos se mantuvieran enfrentados. Esta conducta política mantuvo dividida a la sociedad dominicana: Esposos se divorciaban por simpatías políticas diferentes, padres e hijos se peleaban, hermanos se declaraban enemigos.
Uno de los grandes avances de la sociedad dominicana en las últimas dos décadas está cimentado en el cambio que se produjo en la cultura política. Ahora los políticos son amigos, y esto facilita el diálogo y la concertación. Esto es algo de lo que se habla poco, de lo que no se ocupan los intelectuales, y que desde nuestra óptica constituye uno de los grandes aportes del liderazgo político del pos caudillismo ilustrado a la democracia dominicana y a la convivencia social.
El principal promotor del diálogo y la concertación como estilo de gobernar, es Leonel Fernández Reyna. Estamos transitando por un camino en que el diálogo, la concertación y el consenso serán percibidos como la regla del juego democrático, y esa es la primera condición para que un proyecto de Nación se consolide y un pueblo pueda emprender la ruta del progreso de manera cohesionada.
Leonel estuvo claro en todo momento de que su ascenso al poder significaba un cambio, pero ese cambio no debía limitarse al simple hecho de la edad, de la percepción de que un presidente de 42 años había reemplazado a un presidente de 90 años. Richard L. Daft (2006, p.5) en su obra La Experiencia del Liderazgo argumenta que “el liderazgo es recíproco. En la mayoría de las organizaciones, los superiores influyen en los subordinados, pero los subordinados también influyen en los superiores. Las personas involucradas en la relación quieren cambios sustanciales; es decir, el liderazgo implica crear cambios y no conservar el statu quo.” Con la presencia de Leonel Fernández el liderazgo político comienza a ser percibido desde una perspectiva distinta a la habitual. En ciertas medidas, cambia el cuadro conceptual sobre el liderazgo político en la República Dominicana.
El presidente Leonel Fernández se dio cuenta que la sociedad dominicana al permanecer durante cuatro décadas orientada por el mismo liderazgo, prevalecía una mentalidad conservadora de respeto y apego irrestricto al statu quo. Habían cosas que debían cambiar, pero sin embargo se seguían produciendo porque esa era la tradición. Esa era la cultura. Hubo gobiernos que pudieron apostar al cambio, como fueron los casos de Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco, pero no lo hicieron. Prefirieron gobernar con el día a día. John C. Maxwell en su obra Las 21 leyes irrefutables del liderazgo (2007, p. 51) aduce que “los obstáculos principales para el planteamiento exitoso eran el temor al cambio, la ignorancia, la incertidumbre acerca del futuro, y la falta de imaginación.”
Ken Blanchard (2007, p.21) en su obra El corazón de un líder –el arte de influir- aduce con mucho acierto, que “en nuestra existencia, sólo hay tres cosas que debemos aceptar con absoluta certeza: la muerte, los impuestos y el cambio. Dado que las organizaciones son constantemente bombardeadas por cambios de todo tipo, es de sabios convertir el aprendizaje en prioritario y esforzarse sin cesar para poder adaptarse a las nuevas circunstancias.” El presidente Fernández escogió la ruta del cambio consciente de las criticas desconsideradas de que sería objeto su persona, así como de la resistencia que pondrían diversos sectores de la vida nacional que se habían acostumbrados al estilo de gobierno de Balaguer.
Los gobiernos de Leonel Fernández han puesto final a una cultura de persecución política que estaba presente desde la fundación misma de la República. El Presidente Fernández no persigue a sus adversarios, pero también, es cauto, comedido y cuidadoso cuando tiene que referirse a un adversario, aunque se encuentre en círculos íntimos. Sabe que un exabrupto o una frase descompuesta de un gobernante sobre otra persona son interpretados por allegados como un mandato a la persecución y la desconsideración.
Una reflexión de Winston Churchill externada en el desarrollo pleno de la Segunda Guerra Mundial, ahora es cuando realmente adquiere vigencia: “Estamos modelando el mundo más de prisa de lo que podemos cambiar nosotros, y estamos aplicando al presente los hábitos del pasado.”
La República Dominicana ha tenido presidentes que no se han colocado a la altura de la Primera Magistratura de la Nación, y que se ponían a “cherchar”, descalificar y criticar a las personas, utilizando términos y comportándose como si fueran ciudadanos comunes. Esto es grave, un presidente hay cosas que no debe decirla, aunque la piense y la desee, hay cosas que no puede hacer, aunque la prefiera. Un comentario desconsiderado de un gobernante en contra de un ciudadano o de una empresa puede tener consecuencias inmedibles. Hay una cultura también detrás de quienes detentan el poder. La sociedad dominicana está minada de personas sin carácter, y ese comportamiento se acentuó mucho durante la tiranía Trujillista: “son amigos de los que están bien ante los ojos del gobernante, y cuando se enteran de que alguien está en desgracia le huyen como el diablo a la cruz.” Dentro de los militares es más común ese comportamiento.
Por eso, un gobernante debe ser una persona consciente de todas estas implicaciones del poder. Balaguer relata en sus Memorias un Cortesano de la Era de Trujillo, que la matanza de los haitianos en territorio dominicano en 1937, fue el producto de un exabrupto de Trujillo, de una reacción espontánea ante una información que le suministraron. Todo parece indicar, que el tirano con unos cuantos tragos de Whisky en el cabeza tuvo una reacción que fue interpretada por sus carniceros como una orden para que mataran a todos los haitianos que habitaban en el territorio de la República.
Pocos han sido los gobernantes dominicanos que con sus actuaciones han definido una Era y han contribuido a modelar la sociedad. Se pueden citar los casos de Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ulises Heureaux, Ramón Cáceres, Horacio Vásquez y Rafael L. Trujillo. En el ciclo de la democracia tenemos a Joaquín Balaguer, quien era sinónimo de Presidente, y de aquí en adelante lo será Leonel Fernández. ¿Cuántas veces gobernará el presidente Fernández? No lo sabemos. Van tres (3) periodos, y como se pintan las cosas, pudieran venir varios periodos más.
Leonel Fernández es un líder innovador, y por ende visionario, ya que como señalan Howard Gardner y Emma Laskin (1998, p.26) en su obra: Mentes Líderes –Una anatomía del liderazgo- resulta difícil “trazar la línea que separa lo innovador de lo visionario.” Su enfoque durante su primer gobierno sobre el impacto que tendrían las tecnologías, sobre todo el desarrollo en la comunicación, hizo que algunos de sus adversarios políticos se burlaran públicamente de él. Hipólito Mejía, entonces candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano lo acusaba públicamente de ser un presidente que se pasaba el tiempo chateando el Internet. Inclusive, en un acto memorable en que el joven y visionario gobernante inauguró el Instituto de Tecnología para las Américas (ITLA), una escuela modelo donde se formarían a los profesionales del futuro en las carreras tecnológicas, el candidato presidencial del PRD comentó la noticia con un estilo despectivo, y dijo que cuando llegara a la presidencia pondría en el lugar una especie de conuco o “almacén de yuca”.
Hipólito Mejía ignoraba que el debate sobre el tema la sociedad del conocimiento seria determinante en la construcción de la imagen de ambos líderes dentro de la población, sobre todo en los segmentos jóvenes y profesionales. Se trataba de un tema fundamental para construir la imagen del futuro. La creación del ITLA, instituto modelo en América, donde miles y miles de jóvenes sobresalientes en el bachillerato, en base a su calificación, son becados por el gobierno para que cursen una carrera técnica, sin tener que pagar un centavo, nutriéndose en la enseñanza no solamente de los más modernos equipos tecnológicos, sino también, de las mentes más luminarias del continente, ha sido un factor influyente en la construcción de esa imagen que posee Leonel Fernández, de Presidente visionario que lidera el tránsito a la sociedad del conocimiento.
Los pueblos progresan fundamentalmente orientados por la visión de los gobernantes, por las señales que estos mandan sea de manera consciente o inconsciente en el día a día, en el diario vivir. El presidente Fernández, como intelectual y maestro, como profesional que había prestado especial atención al estudio evolutivo del desarrollo económico, se percató de que los avances en la informática y en las tecnologías digitales iban a cambiar el curso de la historia de la humanidad. Hábilmente, expuso su visión y las mayorías nacionales la entendieron y simpatizaron con ella. Por eso se les percibía tan alegre y entusiasta cuando se dirigía a los estudiantes meritorios que recibían reconocimientos en el Palacio Nacional. Se les percibía tan feliz cuando inauguraba un Centro Tecnológico y le explicaba a un estudiante sobre el uso de la computadora y el Internet. Su adversario en esa coyuntura, el candidato del PRD, agrónomo Hipólito Mejía, cuando veía esas imágenes se echaba a reír, y por lo regular reaccionaba diciendo: “Aquí lo que hay es que sembrar muchos plátanos y yucas, meterse al campo a producir víveres, frijoles y criar gallinas.” Esa era la visión de Hipólito Mejía, con esas acciones era que él se identificaba. Por eso, cuando fue presidente de la Nación, sus poses más favoritas eran cuando estaba en un campo agrícola, sacando una buena mata de yuca o visitando una finca ganadera, con su sombrero de cana que le protegiera la cara del sol.
En la visión de Hipólito Mejía, el impacto de la tecnología digital eran teorías, palabras huecas, de personas que no tenían los pies sobre la tierra. Más sin embargo, ahora Hipólito está muy activo en las redes sociales Facebook y Twirer. Me han dicho que el hombre está enamorado de la computadora y del chateo, hasta el punto que hace ingentes esfuerzos para tener los suficientes fans. Una persona me contó que recibió el mensaje: Hipólito quiere ser tu amigo en Facebook, y ella que estaba frente al computador le respondió: No relajes, tú no eres Hipólito. Ella no se podía imaginar a Hipólito Mejía en las redes sociales. Me dice que de inmediato sonó su teléfono y una voz le dijo: “Soy yo Hipólito Mejía.” O sea que el hombre está poniéndose a tono, pero me parece que comenzó tarde. Debe estar muy feliz y contento el Presidente Fernández al enterarse de que uno de los principales incrédulos que había en el país sobre la importancia de las tecnologías de la información, ha decidido ser parte de la modernidad.
Por esa y otras acciones, el Presidente Fernández pone interés especial en utilizar los viajes al exterior como escenarios para firmar convenios con las universidades para que los estudiantes dominicanos provenientes de familias pobres y de clase media puedan capacitarse en las mejores universidades del mundo. Por tanto, no es una casualidad que sea el líder político que goza de mayor popularidad y aprobación en el segmento de la población que oscila entre 12 y 25 años.
Leonel Fernández es muy querido y admirado por los niños y niñas desde que hacen uso de la razón y muestran interés en el conocimiento de los políticos. Es Leonel Fernández el que sintoniza con sus sueños de futuro, y esa percepción para cambiarla, tendría el gobernante que dejar de ser visionario, hecho que jamás sucederá, o tendría que surgir un contendiente que le supere en esa visión, rival que no percibo en el escenario presente y de mediano y largo plazo.
El ex presidente Hipólito Mejía admitió su error de la forma más elegante e inteligente posible. Trató de enmendar su pobre y conuquera visión de la política, dando un paso hacia adelante, y cuando perdió la presidencia de la República, entonces entró en el mundo de las redes sociales de Facebook y Twitter, haciendo un esfuerzo extraordinario para recuperar el tiempo perdido y tratar de ponerse a tono mediante las redes sociales en construir una imagen en sintonía con los códigos comunicacionales de la juventud.
A Leonel Fernández le tocó enfrentarse a un adversario con naturaleza distinta a la de su persona. Hipólito Mejía es la antítesis de Leonel Fernández. El candidato del PRD hábilmente trató de llevar la discusión política a su terreno. Su estrategia era tratar de restarle méritos a Leonel Fernández. Ante sus limitaciones conceptuales optó por convertir la discusión política en una chercha, presentando a Leonel Fernández como un teórico. Hipólito decía “ese es un teórico” de una forma peyorativa como si el dominio de las teorías fuera un problema, una desventaja. Por todos los medios trató de provocar a Leonel Fernández para que descendiera a su terreno político, pero el líder del PLD no cayó en la trampa.
Leonel Fernández es de los políticos que a simple vista irradia decencia. Inclusive, percibido por muchos como muy decente como para ser político. A veces luce hasta tímido. Muchas personas les preguntaron a Leonel Fernández lo mismo que le preguntaron a Barack Obama, cuando salió al ruedo político: “Parece usted un tipo decente. ¿Por qué quiere meterse en algo tan sucio y desagradable como la política?
De cara a las elecciones del 2004 cuando por primera vez Hipólito y Leonel se enfrentarían en las urnas, Mejía era reiterativo en decirle a Leonel que era una “polla”, una “pollita” una “gallina”. En el lenguaje popular estos calificativos son sinónimos de cobarde y falta de carácter.
El Presidente Fernández, un maestro, un intelectual, un hombre respetuoso del idioma, un día tomó la decisión de ponerle freno a Hipólito Mejía. Un domingo, en un encuentro político realizado en una de las provincias de la Región Este del país, Leonel le pidió permiso a la población, y leyó un prontuario de palabras: Charlatán, sinvergüenza, villano, rastrero, perverso, degenerado, bandido, corrupto, burro, maniático, entre otras, y le pidió a las personas que hagan un ejercicio mental para que determinen con cuales de esas palabras podía ser identificado Hipólito Mejía.
El candidato del PLD le demostró a su adversario que él era capaz de utilizar un lenguaje soez, ordinario y vulgar. Los peledeistas grabaron el discurso de Leonel Fernández, lo reprodujeron y cientos de vehículos con potentes bocinas recorrían los barrios populares y las personas gozaban al oír la “pela de lengua” que le había dado a Hipólito Mejía.
A partir de ese momento, Hipólito moderó su lenguaje frente a Leonel Fernández, y el candidato del PLD siguió dando cátedras conceptuales y elevando el nivel de la política. Leonel Fernández tiene el mismo parecer que Barack Obama (2007, p.44), “siempre que rebajamos el nivel intelectual del debate político, perdemos. Es precisamente la búsqueda de la pureza ideológica, la rígida ortodoxia, y lo previsible de nuestro actual debate político lo que nos impide encontrar nuevas maneras de acometer los desafíos a los que nos enfrentamos como nación.” En la percepción de Leonel Fernández, el pueblo dominicano es fundamentalmente, decente, laborioso y honesto, unido por una serie de ideales que constituyen la conciencia colectiva.
Cada líder es el producto de una época. Hipólito Mejía y Leonel Fernández han gobernado en la era de la comunicación y el conocimiento. Hipólito no es un paradigma ni un marco referencial, ni en un ámbito, ni en el otro, y por tanto, su éxito como candidato no pudo traspasarlo a la construcción de un liderazgo eficaz. Leonel es comunicador y culto a la vez, por tanto se ha comportado como “el pez en el agua”.
A diferencia de Bosch, Balaguer y Peña Gómez que apelaron fundamentalmente a la heurística central como técnica para la lograr la persuasión. Estos tres personajes respondieron a una época en que el liderazgo carismático debía apelar a un diálogo frontal con las personas, tanto interpersonal como a través de los medios de comunicación. Estos líderes más que persuasión buscaban convencimiento.
En el ciclo en que Leonel Fernández emerge, la comunicación política para lograr la persuasión de manera más efectiva, debe apelarse a la heurística periférica. El propósito no es convencer, es persuadir. Esta es una etapa histórica en que las técnicas del marketing y la comunicación política se utilizan de modo que el elector –el ciudadano- sea persuadido sin darse cuenta que el propósito del emisor era persuadirlo.
Voy a poner dos ejemplos para que el lector entienda cuándo se utiliza la heurística central y cuándo la heurística periférica en la comunicación. Un líder que esté interesado en el medio ambiente. En vez de dirigir un mensaje a la Nación pidiéndole a sus compatriotas que siembren arboles –heurística central-, lo que debe hacer es comunicar imágenes donde él aparece sembrando arboles –heurística periférica-. En el primer mensaje está pidiendo que hagan algo, y en el segundo mensaje está invitando a que hagan algo, y está comunicando con el ejemplo. Por tanto, el último mensaje surte mejores efectos en la persuasión.
Un líder que esté interesado en la educación y las tecnologías, mejor dicho en el futuro. En vez de preparar un mensaje hablando de la importancia de la educación tecnológica y de que los jóvenes se capaciten adecuadamente, lo que tiene que hacer es presentar imágenes donde él aparezca educando, estimulando al estudio y al conocimiento tecnológico, premiando el mérito estudiantil. Ahí descansa la razón fundamental de los altos niveles de popularidad y agrado y confianza que tiene Leonel Fernández entre los adolescentes, jóvenes y personas de edad media.
Un estudiante mientras dictaba una charla sobre Marketing Político me preguntó: Profesor, ¿por qué es que el gobierno de Leonel les da tanta importancia a los encuentros con los estudiantes meritorios? ¿Por qué cada vez que Leonel viaja al exterior y firma un convenio con una universidad para becar a unos cuantos estudiantes dominicanos, y esas noticias son presentadas como si fueran el descubrimiento del siglo?
Le contesté con las siguientes palabras: “lo grande no es el hecho, sino el mensaje que se manda con el hecho”. Conseguir diez o veinte becas para que estudiantes pobres dominicanos estudien en una universidad de Europa, no es una noticia tan relevante, pero manda un mensaje fuerte y poderoso de que la República Dominicana está siendo gobernada por un líder que promueve el talento, que piensa en el futuro de los jóvenes, y que utiliza todas las oportunidades para buscarle oportunidades de progresos a los jóvenes de su Nación. Esa es la imagen que ha construido Leonel Fernández. Ahí estriba la razón elemental de su liderazgo. Los presidentes del PRD, por el contrario, no tuvieron visiones de esa naturaleza, y por tanto la historia dejará poca constancia de la existencia de ellos.
El presidente Fernández tiene una visión de gobierno tecnológico (digital) que aún comienza. Piensa que un movimiento social de personas jóvenes es algo que necesita la sociedad dominicana para producir un auténtico cambio. Sabe que esta es la mejor vía para impulsar la democracia participativa. La sociedad plural en que vivimos constituye un terreno fértil para liderazgos del estilo de Leonel Fernández, ya que la sociedad del siglo XXI es y será plural. Justo es reconocer, que como líder y gobernante, él ha contribuido y estimulado el pluralismo social.
Ahora cuando leo el libro Yes We Did –Cómo construimos la marca Obama a través de las redes sociales- de la autoría de Rahaf Harfoush, me doy cuenta de lo importante y trascendente que fue la pasión del presidente Fernández en su primer gobierno, cuando les daba cátedras a la Nación sobre el impacto en el desarrollo y en cambio de la mentalidad humana que tendría la Era Digital que se iniciaba. Mientras Leonel Fernández se entusiasmaba al exponer el tema de la tecnología digital, que por cierto despertó especial interés en los jóvenes y estudiantes, el resto del liderazgo político de la caverna dominicana se reía de la visión del gobernante.
Don Tapscott (2009, p.15) en el prefacio de esa importante obra que será utilizada como guía en todas campañas electorales del mundo, aduce que “el objetivo es mantener una conversación en la que las personas participen en la vida política, piensen sobre los temas políticos, se movilicen para mejorar sus comunidades y a la sociedad en general, con el fin de producir un cambio positivo. Tanto los políticos como los ciudadanos estarían más informados y aprenderían mutuamente. Y nosotros, como colectivo, estaríamos dando un paso, dejando atrás la televisión y acercándonos a la democracia participativa. Como un ejercicio en gobierno 2.0, podría demostrar que el poder puede ser ejercido a través de los ciudadanos, no contra ellos.”
Harfoush (2010, p.199) aduce que “gracias a aquella campaña tan creativa e innovadora, el mundo había tenido la ocasión de presenciar cómo Barack Obama infligía una grave derrota a John McCain y se convertía en el nuevo presidente de Estados Unidos. Todos nos sentimos aliviados ante el triunfo que se había logrado gracias a un movimiento que aunó los esfuerzos de muchos americanos. Nuestras ilusiones, emociones y esperanzas se encontraban en su punto más alto y todas las miradas se posaban en un hombre que había llegado a representar todos nuestros anhelos.”
Leonel Fernández considera que es necesaria una forma de hacer política basada en construir en lo que nos une como dominicanos. Tenemos sueños y esperanzas comunes, nos une un vínculo indestructible. Su misión es estimular cambios positivos en la cultura política y en la vida cívica. Obama (2007, p.68) aconseja que “a veces necesitamos que se produzca tanto una transformación cultural como una acción del gobierno –un cambio en valores y en políticas- para impulsar el tipo de sociedad que queremos.”
El fuerte del liderazgo de Leonel Fernández ha descansado también, en sus cualidades de brillante comunicador. La era de la información llegó y él fue uno de sus exponentes. Sabe que en esta era, la comunicación es una necesidad, y por tanto se ha esforzado en hacerlo bien. Están en lo cierto Isaura Leal Fernández y Jordi López Camps (2005, p.18) cuando aducen en su obra Aprender liderazgo político que “la gobernación de la sociedad del conocimiento es una cuestión compleja. No solamente por los problemas que han de abordarse, sino también por la multiplicidad de intereses que intervienen en la configuración del espacio político y por su capacidad de influencia política. Las sociedades de principios del siglo XXI sufren grandes cambios que afectan a grandes dominios de la actividad humana. Se vive en un momento histórico clave para cualquier gobierno porque deben tomarse importantes decisiones políticas que condicionarán el futuro de la sociedad.”
El presidente Fernández ha sido un motor del cambio, y a la vez, el principal portavoz de las ejecutorias de sus gobiernos. Ha pronunciado cientos de discursos y escrito cientos de artículos en los que informa de sus actuaciones y predica su visión del futuro. Cada vez que se dirige a la Nación cosecha seguidores, a pesar de hacerlo para enviar mensajes en momentos de crisis. Gardner (1998, p.389) dice que “el liderazgo es sentido del discernimiento. El discernimiento de lo que es oportuno y de cómo hacer las cosas.”
En varias ocasiones me he preguntado: ¿De dónde saca Leonel Fernández tantas energías? En el 2009, cuando se celebró el aniversario del natalicio del profesor Juan Bosch tenía el compromiso de dictar una conferencia magistral en el auditorio de la Fundación Global, Democracia y Desarrollo, pero debió salir al exterior a participar en una Cumbre Regional de Presidentes organizada a último momento para tratar lo relacionado con la destitución del presidente Manuel Zelaya, en Honduras. A su arribo al país, después de una intensa jornada, desde el aeropuerto se dirigió a FUNGLODE, el salón estaba abarrotado de participantes esperando su conferencia magistral, mientras que el jurista Marino Vinicio Castillo tenia la encomienda de mantener al público despierto y entusiasmado, misión que cumplió cabalmente, haciendo interesantes relatos sobre Bosch y anécdotas sobre el pasado político dominicano.
Cuando el presidente Fernández entró al Salón de Actos de FUNGLODE eran las diez de la noche. A pesar de que se percibía que estaba agotado, parecía también que tenía sueño atrasado, pero dictó una conferencia sin precedentes. Robert Greene (2008, p. 62) tiene toda la razón cuando dice en su obra el Arte de la seducción que “el carismático se basa en el poder de las palabras. La razón es simple: son el modo más rápido de crear una alteración emocional. Pueden exaltar, elevar, suscitar cólera, sin referirse a nada real.” Leonel Fernández no tenía nada escrito. Colocó un montón de libros de la autoría de Juan Bosch sobre una mesa. Tomaba un libro y luego de comentarlo se desplazaba a la mesa y tomaba otro. Habló sobre la esencia de cada una de las obras del profesor Bosch, así como de las motivaciones que tuvo en escribirlas. Leonel es ampliamente respetado como teórico, erudito de amplio espectro, destacado traductor de las ideas de otros y, cada vez más, como profesor brillante. En la medida en que iba hablando, recibía más energías. Parece que aprendió la magia de alimentarse de las fuerzas del infinito, como lo hacía Joaquín Balaguer. Su mente se ponía más lúcida y creativa. Sus ojos se ponían más brillantes.
Robert Greene dice que “si hay algún atributo físico crucial para la seducción, son los ojos. Revelan excitación, tensión, despreocupación, sin pronunciar una palabra. Quizá el proceder de los carismáticos sea equilibrado y tranquilo, pero sus ojos son magnéticos; poseen una mirada penetrante que altera las emociones de sus víctimas, ejerciendo fuerzas sin palabras o actos. Los ojos de los carismáticos nunca expresan temor o nervio.” Fue una de las intervenciones más brillante y precoz de Leonel Fernández. El público quedó cautivo, dominado por el atractivo y el derroche de una oratoria cargada de informaciones históricas y de admiración por el personaje objeto del reconocimiento.
Mientras las mayorías de los políticos viven en una chismografía permanente, en un dimes y diretes, Leonel utiliza la autoridad de su liderazgo de manera constructiva con el objetivo de fomentar la creatividad. Hughes (2007, p.496) aduce que “además de lograr que los seguidores vean los problemas desde tantas perspectivas como sea posible, un líder puede utilizar su autoridad de manera constructiva para fomentar creatividad.” No todos los líderes dominicanos en el ciclo de la democracia han asumido ese comportamiento. Cuando uno se hace partícipe de las actividades de la Fundación Global Democracia y Desarrollo, puede percibir el verdadero significado de la visión que tuvo Fernández al crear esa Escuela de Gobierno. Allí fluye permanentemente una lluvia de ideas concebidas para fomentar el potencial creativo. Lamentablemente, las mayorías de los políticos dominicanos, incluyendo a dirigentes del propio PLD, no están aprovechando debidamente esos escenarios.
A veces veo con preocupación el hecho de que intelectuales y comunicadores, personas que debieran asumir la misión de informar a la ciudadanía en torno a la dimensión de una obra de gobierno y el alcance de un liderazgo, estén utilizando el tiempo en discusiones estériles, en chismes, perversidades, bajezas, y muchas veces en bellaquerías de unos contra otros. En sus mayorías no están mínimamente sintonizados con los valores que promueve y el ideal que encarna el liderazgo de Leonel Fernández Reyna. Tienen razón Warren Bennis y Burt Nanus (1978, p.2) cuando aducen en su obra Leaders, que el liderazgo “es uno de los fenómenos más observados en la Tierra y uno de los menos comprendidos.” Leonel estimula un cambio en la cultura y hace un esfuerzo extraordinario por liderar la sociedad del conocimiento, y ellos, en vez de hacer el esfuerzo de interpretar la visión del líder y ser emisarios de su iluminación, siguen empantanados en los patrones de conducta de la cultura anterior. ¡Eso es una gran pena!
La misión del liderazgo, como plantean Isaura Leal Fernández y Jordi López Camps (2005, p.14) en su obra Aprender liderazgo político, “es lograr que sucedan algunas cosas, que de otra manera no pasarían, y evitar que otra pasen.” El presente es para liderazgos capaces de articular la acción política en la sociedad del conocimiento. Una de las características del liderazgo de Leonel Fernández es que ha estimulado cambios, pero a la vez, les ha transmitido a la sociedad seguridad ante los cambios, a pesar de que la sociedad del conocimiento es muy cambiante, donde las transformaciones son muy impredecibles y a veces pueden tornarse poco controlables. El cambio, en algunas sociedades, y que por suerte no ha sido así en el caso dominicano, ha creado fuertes incertidumbres, tensiones e inseguridades en los individuos.
Diversos estudios certifican que nunca como en el presente hubo tanta escases de liderazgo. La entrada de la sociedad del conocimiento ha producido un déficits de liderazgos. El liderazgo de calidad, como argumenta Kotter (2000) en su obra Una fuerza para el cambio, siempre ha sido escaso. Aunque, como aseguran W. Bennis y B. Nanus (2001) en su obra Lideres –Estrategias para el liderazgo eficaz- nunca como en el presente fue tan grande la necesidad del liderazgo.
La República Dominicana es probablemente uno de los países de América Latina dónde la escases de liderazgo con calidad es más percibible. Aciertan Leal y Fernández y López Camps (2005, p.21) cuando describen que en la arena política no abundan los lideres capaces de debatir visiones de futuro atractivas e inéditas en torno a la construcción de nuevos consensos y pactos políticos. “La arena política se ha convertido en un espacio de pelea hosca, de enfrentamiento brusco y competición descarnada por ocupar el poder, y de búsqueda de equilibrios entre intereses contrapuestos. El arte de la política ha sido sustituido por la componenda tosca, pareciendo algunas veces una pelea de patio de colegio.”
En el caso dominicano, el vacío de liderazgo será más palpable de aquí en adelante. Leonel Fernández será utilizado como el referente para los futuros líderes y gobernantes, hecho que favorece a sus discípulos y perjudica a sus adversarios. Por tanto, es bueno que quienes aspiran a sucederles en el capitolio entiendan, que hasta que no surja un liderazgo de su estirpe y de su dimensión, los dominicanos y dominicanas tendrán su esperanza, su fe y su mirada puesta en él, independientemente de lo que consagre o no la Constitución de la República.