Porque la incuestionable y demostrada negligencia de las autoridades en este nuevo crimen histórico, que le costó la vida a cientos de personas con elevadísimos costos materiales, no tiene precedentes y conmovió a la nación.
Muchas organizaciones civiles, empresariales y medios comunicación se hubieran escandalizado con este reporte, de haber ocurrido durante la gestión del pasado Gobierno. Me imagino los grandes titulares de los periódicos y los comunicados y notas de prensa. Las inmensas presiones que esto hubiera generado habría desatado una crisis política y una condena generalizada a las autoridades de ese entonces. Y el reporte habría terminado en un zafacón del Palacio Nacional, con un Presidente pidiéndoles excusa a los ciudadanos.
Pero ahora no pasa de ser una noticia irrelevante con algunas voces de protestas. Porque estamos bajo un régimen de terror financiero y político. Financiero, porque una proporción significativa de ciudadanos, periodistas, medios, instituciones y sectores, están de alguna manera recibiendo dinero del Gobierno para que se callen. Ya sea en una nominilla al mejor estilo PEME, con contratos de obras y servicios millonarios, con una propaganda exacerbada, con tarjetas para comprar bienes, con un cheque CB o recibiendo subsidios no justificados y si hablan pierden esos beneficios. Y político, porque las amenazas están a la orden del día, ya sea con persecución fiscal, con expedientes judiciales prefabricados o a través de una campaña de difamación bien orquestada desde el Palacio Nacional.
Nadie se salva de ser amenazado por el nuevo régimen populista. Ni los directores de periódicos, ni prestigiosas organizaciones de la sociedad civil, ni figuras eclesiásticas que claman justicia y denuncian arbitrariedades.
Pero ese es el resultado de la vuelta al pasado. De un régimen que interviene en la vida de todos. Que lo subsidia todo. Que prostituye todo. Y donde la corrupción campea en todos los escenarios. Un Gobierno donde no hay transparencia ni institucionalidad y donde el narcotráfico, la inseguridad ciudadana y el costo de la vida presagian un desastre nacional. No importa quién gane la Presidencia en las próximas elecciones.
La explosión social y sus consecuencias no se harán esperar y los culpables serán siempre los gobiernos de turno. Lamentablemente, ni el Sermón de las 7 palabras apaciguará a estos depredadores de los fondos públicos, que se burlan hasta de los muertos.
(Reproducido de HOY)