En esos años del siglo pasado la democracia formal era prácticamente inexistente en América Latina. El común denominador eran las dictaduras y los fraudes electorales. República dominicana no fue la excepción y con el concurso del pueblo y las fuerzas democráticas las elecciones se comenzaron a instaurar en la región. Poco a poco los sistemas electorales se fueron desarrollando e instaurando.
Es casi imposible que se de un retroceso en el panorama político nacional y en la región, dado el avance que hemos experimentado y de que ya los militares entendieron que su lugar es en los cuarteles y no en la política.
No obstante, las dudas y preocupaciones están en el corazón y la mente del dominicano, debido a que el candidato reeleccionista Leonel Fernández está implementando en el quehacer político nuestro prácticas y actitudes que se creían superadas.
La pregunta que se hacen los hombres y mujeres que no son del partido oficial es de si ¿Serán realmente libres las elecciones? Con la compra de dirigentes de oposición, con la utilización de los recursos del Estado en esta campaña electoral, con la publicidad avasallante del presidente candidato reeleccionista que paga con los recursos del erario público ¿Hay democracia real o solo formal en nuestro país?
Bueno, al parecer estos son parte de los elementos que van conformando las nuevas formas de fraude electoral. En esta era de las comunicaciones, en esta era mediática, cuando hablamos de fraude electoral no podemos pensar en los métodos que se usaban en los años sesentas y setentas.
Antes, los ciudadanos que eran afines al oficialismo votaban varias veces en las mismas elecciones, se llenaban las urnas de los votos a favor del partido oficial. Se militarizaba las ciudades el día de las elecciones, la oposición política era reprimida, las actas donde se contabilizaban los votos ciudadanos eran alteradas, etc. Las cosas hoy en día han cambiado, aunque aquí en nuestro país, algunas veces, los fraudes han intentado hacerlo con métodos similares.
Ahora las cosas se hacen diferentes; ésta es la era del conocimiento. Ya no podemos seguir buscando los fraudes electorales en los mismos lugares. Hoy en día se despliegan cientos de observadores electorales que supervisan el proceso, los organismos internacionales envían delegaciones especializadas. Cuando termina el proceso electoral todos coinciden en sus informes de que no hubo fraude, legitiman los resultados, quizás señalan dos o tres fallas de procedimiento o proponen medidas de modernización, así justifican su presencia y el volver a presentarse en el siguiente proceso electoral.
Todo ha cambiado y la forma de hacer los fraudes electorales también. Hoy se realizan desde fuera de los sistemas electorales y utilizan todos los medios y recursos necesarios. Hay nuevas metodologías. Una de ellas es alinear todos los medios y periodistas posibles (prensa escrita, radio y televisión e Internet) a la causa de perpetuarse en el Poder. Y la utilización de los recursos del gobierno de forma descarada y traer “observadores” que legitimen su “triunfo”. Y claro, no dejar de aplicar algún que otro método del pasado.
Por ahí andan las nuevas formas de fraude electoral en América Latina.