Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Salmo 119:105
Los mapas son algo así como nuestros sentidos de orientación. Sirven de guía y de directriz, determinan la posición o dirección de una cosa respecto a un punto cardinal y, en resumidas cuentas, nos sacan de aprietos cuando estamos perdidos.
Con tan solo colocar un dedo sobre el mapa, podemos fácilmente localizar el lugar que buscamos, y de antemano determinar si tras las montañas se abrirá un río o el valle al que queremos llegar.
A cada hijo de Dios se le ha entregado un mapa espiritual que le muestra el camino que debe tomar. La Palabra de Dios es ese mapa detallado que nos orienta de forma fiable. El salmista atribuye a la Palabra de Dios la capacidad de permitirnos ver con claridad nuestro presente y nuestro porvenir. Nos dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105).
A través de todas las edades, las palabras del salmista han resaltado la Palabra de Dios como la lámpara por excelencia que nos ayuda a disipar la oscuridad y nos permite reaccionar correctamente en situaciones determinadas. ¡Cuántas veces una reacción equivocada nos hace lamentarnos durante largo tiempo! El salmista aprendió que su presente podía ser acertado si llenaba su vida con la Palabra de Dios.
La Biblia es la brújula y la lámpara del cristiano que se encuentra lejos de su hogar celestial. A través de ella contemplamos la Ciudad Santa, divisamos sus muros de perlas y sus puertas de cristal. No hemos llegado allí todavía, pero por fe percibimos su grandeza y gustamos de antemano su paz.
“Cada capítulo y cada versículo de la Biblia es una comunicación directa de Dios a los hombres. Debiéramos atar sus preceptos en nuestras manos como señales y como frontales entre nuestros ojos. Si se los estudia y obedece, conducirán al pueblo de Dios, como fueron conducidos los israelitas por la columna de nube durante el día y la columna de fuego durante la noche” (Patriarcas y profetas, p. 538).