A los 45 años de edad, Jonathan Thigpen recibió la noticia de que padecía la enfermedad de Lou Gehrig: una aflicción cruel e incurable caracterizada por debilidad muscular que generalmente resulta en la parálisis y en la muerte en menos de dos años.
Jonathan estaba casado y tenía una hija adolescente. Estaba concluyendo sus estudios doctorales y ayudaba a preparar materiales para iglesias cristianas alrededor del mundo. Al salir del consultorio sentía un temor abrumador, a la vez que una especie de oscuridad parecía descender sobre él.
Justo antes de dejarse envolver totalmente por la angustia, Jonathan recordó las palabras de su padre. Durante varios años, Jonathan había notado que su padre –un ministro cristiano- se levantaba todas las noches de la cena y salía durante una o dos horas de la casa. Un día, el papá lo invitó a acompañarlo y Jonathan finalmente supo lo que su padre hacía durante esos momentos: visitar los hospitales cercanos. En cada habitación, el pastor Thigpen conversaba brevemente con el paciente, le sonreía y le leía del Salmo 436:1, 2. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”.
Ahora, en el peor momento de la vida de Jonathan, las voces de su padre y de su Padre celestial parecieron confundirse en sus recuerdos. El efecto fue instantáneo. En sus palabras:
“Para cuando llegué a mi auto, aquella nube de oscuridad había comenzado a disiparse porque advertí que Dios todavía tenía el control de mi vida. No tenía más respuestas que las que había tenido en el despacho del médico unos cinco minutos antes. Pero puedo decir esto: El temor no puede permanecer delante de una fe y un Dios que no cambia. Mi temor había desaparecido”.
Hasta el fin de sus días, Jonathan Thigpen se dedicó a consolar a otros enfermos con el Salmo 46.
Las palabras de los padres pueden ser puntales de fe en la vida de sus hijos cuando provienen de un corazón que conoce a Dios. Bien harían los hijos en escuchar y atesorar los consejos de padres tales.