Para una persona formada en el socialcristianismo es difÃcil la competencia en el mundo de hoy, signado por el pragmatismo y el modelo económico impersonal, neoliberal.
En lo trascendente, el concepto elevado y eminente de persona humana por su condición, es centro y eje del bien común, a su vez, condición sine qua nom del ejercicio del poder. La distorsión e inversión de valores, es insatisfacción manifiesta del perseguido Bien Supremo que buscamos.
Las soluciones o quizás las intenciones de propuestas encaminadas a mejorar la condición de igualdad natural de los humanos, ejecuta una libertad lejana al espíritu de la creación misma, en contraste con esa igualdad.
El esfuerzo o la intención de los gobernantes nunca abarca la totalidad de sus conciudadanos; por simplistas e ignorantes, se acomodan al interés de los grandes grupos económicos.
El esfuerzo no es normativo, deber ser; es directivo, proactivo hacia la reeducación de las personas en general.
Los dirigentes políticos actúan de espaldas a los principios esenciales de una ideología, perjudicando la acción política decente.
El enfoque de una salida adecuada a la desigualdad del mundo, es complicado; el hombre procura su bienestar por encima de los demás, sin escrúpulos.
La solidaridad es desconocida, e inaplicada; sustituida por el egoísmo, la participación por la competencia; entendida por la ley del más fuerte, el más relacionado.
Pero yerran, los que afirman que ya no hay ideologías. Lo que no existen, son hombres que las apliquen. Causa principal del descredito del sistema de partidos.
Se habla de crecimientos increíbles de números, de cifras frías, sin disminución de brechas como la alimentación, el hacinamiento, el crecimiento de la delincuencia mundial, la disfuncionalidad de la familia.
Males propios de la ignorancia, ricos más ricos, ignorantes de que la brecha entre ellos y los más pobres atenta contra ellos mismos, los hambrientos que buscaran en sus almacenes, los hacinados sus casas, los delincuentes sus bienes.
Me apego al criterio humano, sin ser humanista a ultranza. Me apego al respeto de lo ajeno, a la familia como célula principal de la sociedad y al más profundo concepto de respeto a los roles señalados por el creador, prevenir la delincuencia antes que eliminarla.
Es ahí donde radica el mal de nuestro tiempo.
Entendiendo un rol del ser, el lógico, libre de maniqueísmos y dialéctica, el ser ontológico natural con aspiración a un bien común imperfecto, pero perfectible, que pueda explicarse y aplicarse a todos por igual, en orden de educación que cambie al hombre en sentido uniforme.
Utopía posible en cuanto tanto reeduquemos nuestro quehacer, supeditándolo al bien ulterior y último que es origen y fin de la existencia, al Único Dios Creador y Salvador, Nuestro Señor Jesús, El Cristo. Un simple punto de vista
*EL AUTOR es economista, técnico estadístico y político socialcristiano.
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