La he oído mencionar mucho, antes y ahora. Las referencias suyas, que he cedaceado, son abundantes. Si se ponen en una balanza, pesan más las cosas positivas que de ella me han contado. Las negativas han sido de poca solidez e importancia, dignas de no ser tomadas en cuenta.
No me extraña que los dichos en su contra provengan de algunos de sus propios compañeros. Le encuentro una razón muy lógica: las características especiales del sector periodístico.
Cuáles?. Es uno de los segmentos profesionales más poblados, es decir con más gente dentro. Una especie de zoológico humano, donde hay desde los animales más nobles hasta los más feroces. Siendo así, cuenta con bocinas estentóreas, estridentes, díscolas, carentes de madurez y elegancia, aunque obviamente tiene también voces serenas, recursos con óptimas condiciones, de actuaciones totalmente contrarias.
De las primeras, que exhiben poca sustancia gris, provienen –reiteramos- los dardos aislados que contra ella se lanzan ocasionalmente. Sin argumentos de valor, sin fundamento, que pongan en tela de juicio su seriedad y dedicación a la causa de los periodistas.
Nunca le hemos percibido posiciones políticas ni actitudes de búsqueda de beneficios personales. Mucho menos la hemos observado vocinglera, figurera, radical ni carente de mesura. Siempre -por el contrario- atinada, solidaria, conciliadora, absolutamente dentro de las reglas morales.
Nos estamos refiriendo a Mercedes Castillo, quien agota un segundo período consecutivo como presidenta del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y quien hace un tiempo ocupó también, exitosamente, el mismo cargo.
Unas cuantas visitas a la sede del CDP en el Centro de los Héroes -que la gente no dejará de llamar Feria de la Paz- nos han permitido verla trabajar incesantemente a favor de los periodistas no solo de la capital sino de todo el país. Así, la hemos apreciado llamando por teléfono, escuchando exposiciones, haciendo planes de cursos y eventos de capacitación, gestionando atenciones médicas, viviendas, donaciones en general, en fin, toda clase de soluciones a problemas diversos de los numerosos hombres de la prensa, dentro de planos de altura.
En una de mis fugaces entrevistas con ella (con la finalidad de darle los pormenores de la Cátedra de los Maestros) llegué a pensar que, en vez de presidenta del CDP, debía considerársele Secretaria de Seguridad Social de los Periodistas. Y es que ella me ha parecido, sin que vista de blanco, una especie de Madre Teresa de los comunicadores o, guardando las distancias, una Evita Perón de los descamisados periodistas.