Cuando el candidato del PRD llamó al presidente Fernández a discutir los problemas nacionales lo consideré un error porque si en algo es bueno el mandatario es hablando.
En el campo de la comunicación Fernández aplastará al candidato del PRD, que no está acostumbrado a las discusiones políticas en los pasillos de los liceos, de la universidad, los sindicatos, clubes o partidos de izquierda, pensé.
Pero Miguel Vargas torpemente –desde mi punto de vista- insistía en enfrentarse en radio y televisión con el ex profesor de sociología de la comunicación de la USAD.
El presidente Fernández se negaba una y otra vez. No al debate, no a la discusión de los grandes temas nacionales.
No entendía por qué Miguel Vargas pedía con tanto ardor un debate público, ni por qué, con la misma fuerza el presidente Fernández lo rechazaba si estaba en ventaja por el dominio de la palabra articulada.
Leonel Fernández es un político profesional; Miguel Vargas, pese a su militancia en el PRD de más de 30 años, es un empresario exitoso con fama de ser buen gerente.
Cuando el presidente Fernández dijo que no existen razones para el debate porque sus contrincantes no tienen capacidad, entendí las razones de su negativa y el por qué de la ofensa a sus competidores.
“Para que haya un debate mis contrincantes tendrían que saber conceptualizar y si usted observa hay un déficit de conceptualizació0n, y entonces, frente a eso, ir a un debate carecería de sentido; es una ridiculez…”
Significa que los señores Miguel Vargas, Guillermo Moreno, Pedro de Jesús Candelier, Amable Aristy Castro y Pedro Trajano Santana son unos descerebrados, idiotas, que no han estudiado, que no han pasado por una universidad, que no tienen sus ideas claras. ¿Cómo es que un hombre tan decente, tan educado, tan “conceptuoso” y respetuoso, a pocos días de las elecciones insulte de esa manera a sus adversarios? ¿Por qué intentar descalificar a sus contrincantes si todas las encuestas y todas las bocinas, que son más de mil, dicen todos los días que ganará en la le primera vuelta con una votación superior al 60%? ¿Será que esa no es la verdad? ¿Será qué la realidad es muy distintas? ¿Será que la compra de opositores, la inversión súper millonaria en propaganda y publicidad, no han logrado el 50% más uno de los votos? ¿Será que los números no le dan al señor presidente que en su desesperación ahora recurre al insulto y el agravio? ¡Puede ser!
De todos modos, les decía que ahora entiendo porque el presidente no quiere debate con Miguel Vargas, ni con los demás candidatos opositores.
Durante un debate, bien organizado como en Estados Unidos y otros países, Miguel Vargas tendrá que explicar su fortuna, el pago de impuestos, entre otros muchos temas. De igual manera tendrá que exponer su plan de gobierno; lo que piensa hacer en caso de ganar para combatir el desempleo, la pobreza, la delincuencia, etc., lo cual serviría de paso para probar si es o no un hombre conceptuoso.
Pero del mismo modo el presidente de la República tendría que explicarle al país la procedencia de sus bienes, el pago de sus impuestos, el caso de la Fundación Global, los escándalos de corrupción denunciados durante su gobierno, el préstamo de 130 millones de dólares a la Sun Land sin pasar por el Congreso Nacional, violando la Constitución de la República.
Tendría que decirle a los dominicanos dónde está ese dinero, en que se invirtió, de la misma manera que tendría que explicar las tres reformas fiscales y en qué ha invertido los casi 400 mil millones de pesos que le ha sacado de los bolsillos a este pueblo.
El presidente Fernández tendría que hablar de sus promesas incumplidas, como la de bajar el gasto público, reducir el costo de la vida, bajar el empleo, etc. No podrá seguir culpando al gobierno de Hipólito de los males del país a casi cuatro años de su salida del poder.
Al verse frente a las cámaras, sin el telepronther que le permite leer los conceptos que le escriben otros, estará perdido cuando le pidan que hable sobre la “nominilla”, a través de la cual cientos de miles de militantes de su partido cobran en la administración pública sin trabajar, sin dar un golpe ni de karate, mientras millares de dominicanos mueren en los hospitales por falta de atención, mientras cientos de miles de niños no han a las escuelas por falta de aulas.
Durante un debate el presidente tendría que hablar de sus vínculos con Solano, el señor deportado hacia Estados Unidos por tráfico de drogas que según una sentencia de la Suprema Corte de Justicia tenía obras asignadas grado a grado por más de cinco mil millones de dólares.
En medio del debate el presidente probablemente se vea obligado a justificar los salarios millonarios y los demás privilegios de sus funcionarios. Explicar como es posible que en un país donde el salario mínimo no alcanza los cuatro mil pesos mensuales determinados funcionarios ganen hasta dos millones de pesos mensuales. Esos temas resultan muy difíciles, muy espinosos para cualquier presidente que busca reelegirse.
Por muy conceptuoso que se considere el presidente Fernández, no podrá explicar al pueblo dominicano el fracaso de su política económica que se reflejan en el cada vez más alto costo de la vida, el incremento del desempleo, el aumento de la violencia y la delincuencia, la quiebra de las zonas francas; etc., todo lo cual va acompañado de falta de transparencia en el manejo de los fondos públicos, corrupción galopante, injusticia y privilegios para sus lacayos.
Esas, y no otras, son las razones por las cuales el presidente no quiere debatir con Miguel Vargas a escasos días de las elecciones.