La política continuista del gobierno ha reeditado el nepotismo, el parasitismo y la corrupción que ya es endémica en toda la vida nacional y que quiebra nuestra frágil institucionalidad.
Saben que solo así pueden adjudicarse un pasaporte a la continuidad del presidente Leonel Fernández, en el Poder. El ariete para sustentar el continuismo es la utilización de los recursos del erario público sin control, el tráfico de influencia, el enriquecimiento fácil y los privilegios de todo tipo. Porque en definitiva, en la ambición continuista, lo que cuenta son los votos no la moral.
La reelección en todos los tiempos ha sido negativa. Para lograrla los gobernantes tienen que ver la política reducida a dos terribles procedimientos: “la corrupción o la mentira y el terror. No hay, por ende, mas que dos partidos a seguir: o acariciar a los hombres o suprimirlos, o colmarlos de mercedes o destruirlos”.
Así invocan a Maquiavelo, el autor de la celebre obra de El Príncipe, a la que han recurrido los políticos desde el Renacimiento hasta nuestros días. Es el mismo que establece como religión del gobernante “la fuerza” y que “su culto es el engaño”.
Esa concepción amoral de la política se pensaba que ya estaba erradicada del ejercicio del Poder, pero han sido llevadas a la actuación política y al Estado, con el propósito de lograr la victoria electoral el 16 de mayo.
Muchos se creyeron que con la llegada al Poder del PLD esas concepciones quedaban sepultadas, que habría una predica y una misión moralizante.
Que en la administración pública y en el Estado, el tráfico de influencia, el peculado, las botellas serian cosas del pasado.
Empero, una vez mas el pueblo dominicano ha sido engañado.
Entre todas las promesas que ofertó Leonel estaba la de frenar la corrupción, frenar el enriquecimiento a través de los cargos públicos, y lo que ha hecho es duplicarlo; crear 500,000 mil nuevos empleo y lo que ha hecho es destruir 200,000; privilegiar la educación y al contrario la ha reducido; dotar a los hospitales de camas y medicinas y hoy los centros de salud públicos no tienen medicinas ni utensilios médicos.
Leonel prometió que reduciría los precios de los artículos y bienes de consumos, y hoy se han triplicado, empobreciendo a toda la población; prometió rebajar el precio del Gas Propano y lo que ha hecho es subirlo en un 101 por ciento. La tarifa eléctrica la ha subido en un 69 por ciento.
Ah! Prometió que reduciría la nomina pública del Gobierno y lo que ha hecho es aumentarla en un 60 por ciento. ¿Redujo el personal? No, lo ha aumentado de forma alarmante, siendo una gran cantidad botellas.
Aun así, Leonel se propone continuar en el Poder. Niega así la alternabilidad democrática.
Ante la proximidad del proceso electoral, ante el uso y abuso de los recursos del Estado para mantenerse en el Poder, lo que se plantea la gente es de si los resultados que resulten de las urnas este 16 mayo representarán la voluntad limpia y espontánea del pueblo dominicano.
Todo depende de la actitud que asuman los grandes sectores de la vida nacional ante esta actitud sin precedente del uso apabullante de los recursos de Estado para la continuidad del régimen más allá del término constitucional.
De la actitud que asuma el pueblo ante la consigna y la praxis del gobierno de que “aquí no cuenta la ética, sino los votos”.