Siendo, como es, la muerte el hecho más natural, más previsto y rotundamente inevitable no dejará de causar espanto y dolor cuando ocurre a alguien de nuestro entorno.
Es que el ser humano, dotado como ninguno de razón y sentimiento, no puede talvez resignarse tan fácilmente a la idea de una mutación tan radical. A la idea de un viaje sin retorno.
El dolor de la muerte, que siempre ronda, que siempre busca dónde posarse, ha descendido hoy sobre la faz de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Por uno de esos golpes caprichosos que propina la muerte, la comunidad uasdiana viste hoy crespones negros.
Una fuerza superior a nosotros ha desprendido de nuestra presencia al ingeniero Quilvio Cabrera Mena, quien fuera durante 24 años profesor de esta institución, a través de la Facultad de Ciencias Agronómicas y Veterinarias.
Juzgamos antojadiza la acción de la muerte, porque se ha llevado a un hombre útil, un hombre de bien, en plena capacidad de trabajo, quien tenía mucho que ofrecer a nuestra sociedad. La muerte suele antojarse de la gente necesaria.
La hora de la muerte, de la muerte del otro, claro, motiva reflexiones. Motiva interrogantes y motiva muchas veces vacíos en el alma que duelen profundamente.
Es en este momento crucial cuando mejor se comprende la inutilidad de todas las cosas. Y se ha de comprender también el valor de las personas.
No obstante a ello, la conciencia se estremece y sentimos taladrar nuestro espíritu cuando un ser querido es llamado a la otra vida. Alcanzar de inmediato la conformidad, se torna muy difícil.
Por eso la inesperada muerte trágica del profesor Quilvio Cabrera nos sumerge en el espanto a todos quienes contemplamos el acontecimiento.
Quilvio Cabrera estudió la carrera de ingeniería agronómica en esta Universidad y poco después se integró a nuestro cuerpo docente, en la Escuela de Agronomía, lo que significa que es doblemente hijo de esta academia.
Recién ingresado al servicio académico fue designado asesor de tesis y luego se desempeñó como coordinador docente de la Oficina de Planificación Sectorial de su facultad.
De igual modo fue nombrado encargado de proyectos de los servicios de extensión de la Facultad de Ciencias Agronómicas y Veterinarias. Todo esto, en adición al ejercicio de su profesión de ingeniero agrónomo, en contacto directo con los hombres que se ocupan de hacer la tierra producir.
En algún momento, el profesor Cabrera fue llamado a desempeñar tareas de mayor responsabilidad en el Instituto Agrario Dominicano, institución a la que sirvió en principio como sub-director y luego como director, en el cuatrienio 1996-2000, y de nuevo como director desde el 2004 hasta la hora de su deceso.
De su gestión al frente de este organismo, nadie ha levantado una voz que ponga en entredicho el modo de manejar los asuntos públicos, porque Quilvio Cabrera llevó hasta el fin de sus días el sentido ético que inculca la Universidad Primada de América a sus egresados.
No tenemos la menor duda de que muchos de nuestros egresados se confunden en los caminos de la vida y abandonan principios que les fueran infundidos en su Alma Mater.
Pero en este momento interesa resaltar las condiciones del uasdiano que hoy despedimos, cuya partida afecta a todos quienes lo conocimos y aprendimos a apreciar sus condiciones humanas, de académico y de servidor público.
La muerte no puntual, es decir la que ocurre a la hora no convenida, tiende a provocar mayor estremecimiento y a rasgar, más intensamente, nuestras interioridades. De acuerdo con patrones establecidos por los estudios sociales, Quilvio Cabrera ha muerto veinte años antes del parámetro señalado para la esperanza de vida en los hombres de nuestro país.
Por eso su muerte resulta tan profundamente dolorosa. Duele ver morir a una persona en plena capacidad de producción y desarrollo, aunque la certeza de morir esté tan presente en nuestra conciencia.
La Universidad tiene que lamentar la ausencia forzada de un profesor lleno de luces, la sociedad dominicana tiene que lamentar la ausencia de un ciudadano respetuoso y correcto y el Estado dominicano tiene que lamentar la pérdida de un servidor con alto sentido de la ética y la honradez.
Quilvio Cabrera se ha adelantado al viaje que todos habremos de emprender. Nos consuela la esperanza de que su alma disfrute de un descanso privilegiado en la presencia del Señor nuestro Dios.
Ahora él camina por el camino iluminado que transitan los que en la vida fueron justos, fueron buenos, vivieron para servir y supieron respetar…
En nombre de la Unirsidad Autónoma de Santo Domingo, del señor magnífico rector, doctor Franklin García Fermín, y de todas sus autoridades y profesores agradecemos a la familia del profesor Quilvio Cabrera, el haber permitido que la Primada de América y sus compañeros que lo queremos, pudiéramos rendirle un tributo de despedida y prometer ante sus restos mortales que lo recordaremos siempre.
Para terminar, quiero valerme de una expresión de Calímaco, poeta griego anterior a la Era Cristiana.
Esto dijo:
“Él duerme un sueño sagrado… Nunca digas que los buenos mueren”.
(Palabras pronunciadas por la Dra. María Josefina Copplind, Vicerrectora de Investigación y Postgrado y Rectora en funciones durante el funeral del profesor Quilvio Cabrera Mena el día 15-04-08)