Emilio McKinney es un señor de escasa estatura y de gestos que la edad ha convertido en pausados, no le preocupa que su memoria ya no retenga algunos datos, y en cambio sonríe cuando olvida algún detalle de sus inicios en El Caribe.
"Es que hace mucho tiempo de eso y han pasado muchos años y muchas cosas", dice.
Que todas las fechas no estén grabadas en sus recuerdos no es obstáculo para que hable a plenitud de su estancia de 40 años ininterrumpidos en el periódico.
"Yo era director de un liceo en Puerto Plata y escribía para un periodiquito que se llamaba 'Renovación'. Un día puse algo que molestó a Trujillo y tuve que enterarme entre la multitud, me destituyeron y Germán Emilio Ornes me abrió las puertas del periódico", narra.
Ese es el incidente que coloca a McKinney como redactor del diario y que lo lleva luego a ejercer varias funciones dentro de la empresa.
"Yo traducía las noticias que llegaban en inglés, después era titulador, y luego me pusieron de subjefe de redacción", cuenta.
La época de titulador representó una prueba a su ingenio, porque había que dejar todos los títulos en mayúsculas y justificados, y no se podían cortar las frases.
Habla de su relación con Ornes Coiscou como el enlace que surge entre compueblanos. Eso sí con un sentido del humor que los años no han tocado, se adelanta a especificar, que "Ornes era más viejo que yo".
"Yo tenía 34 años cuando llegué a El Caribe, hubo momentos difíciles y muchas cosas que tuve que enfrentar", dice y no disimula la nostalgia cuando evoca aquellos días en los que empezó sus labores como redactor de un diario de circulación nacional.
Sus pinitos los hizo en Puerto Plata en aquel periódico con el que de joven ofendió al "generalísimo".
McKinney pide un tiempo para hacer memoria, esa pausa le permite conectarse otra vez con el pasado y vuelve a contar las historias que vivió junto a un grupo de redactores que ayudaron a forjar varias etapas de El Caribe.
Es que en cuarenta años se construyen muchas notas, se colocan muchos títulos y sobre todo, se conoce a muchos redactores, cada uno con su estilo propio y sus propios afanes.
"Fueron tiempos muy buenos los que viví con mis compañeros", comenta. Al concluir la entrevista, McKinney se pone de pie, despide al equipo y después de que se queda solo se para en la ventana y se pone a mirar el vehículo que lleva estampado el nombre del periódico al que dedicó una parte de su vida que describe como especial.
Dentro de Una historia más tranquila y muy personal
Emilio Mckinney procreó cinco hijos de los que habla con cariño y respeto, tiene 94 años y es doctor en derecho.
Por eso en El Caribe se le conoce como el doctor McKinney. Alternaba esa carrera con sus faenas periodísticas y de las dos tiene gratos recuerdos.
Hace 40 años que comparte su vida con Paula Ive, una mujer menuda que está siempre dispuesta a ayudarle a recordar datos y a reconstruir con él la historia de sus ajetreos en las funciones que ocupó dentro del periodismo y de las que se retiró en el 2000.
En la fecha en que se produjo su egreso de El Caribe, este diario le rindió un homenaje con el que destacaba sus cualidades.
Antes de eso, en el 1998 durante la primera gestión del presidente Leonel Fernández, recibió la condecoración de la orden al mérito Duarte, Sánchez y Mella. "Por los valiosos servicios rendidos a la nación en el ejercicio de su profesión", según consta en el decreto 126-98, que avala la condecoración.
Ahora,retirado de la vida profesional, comparte con su esposa Paula el recuerdo de los días en que forjó su historia como redactor.
(Reproducido de El Caribe)