Imagínate que las autoridades, funcionarios y actores del sistema judicial decidieron que a partir de hoy ellos garantizan que todos viviremos en un auténtico estado de derecho, donde nadie será favorecido ni por su fortuna ni su posición política.
Imagínate que nuestros políticos y funcionarios decidieron sencillamente obedecer la Ley y asumir el papel de auténticos servidores, declarando el robo de los fondos públicos como traición a la patria.
Imagínate cada institución cumpliendo a rajatabla con su deber, según la función que la Ley le tiene asignada, comprometidos sus funcionarios con una línea de cero tolerancia a la corrupción.
Imagínate el sector empresarial proclamando su compromiso con el libre mercado, opuesto a los privilegios, prebendas y medidas proteccionistas, consciente de que éstas terminan perjudicando a los consumidores, conspira contra la calidad de los bienes producidos y dañan la libre competencia.
Imagínate los empresarios cumpliendo con sus obligaciones fiscales, realizando transacciones comerciales con total transparencia, haciendo realidad un sistema económico basado en la verdad, la confianza y los hábitos comerciales correctos y justos.
Imagínate a los políticos, empresarios y pueblo en general manifestando su convencimiento de que las sociedades que mas dinero producen, distribuyen y ganan son aquellas que menos trampa hacen. Y donde existe el mayor respeto a las leyes.
Imagínate las diferentes organizaciones religiosas, además de guiar espiritualmente a nuestro pueblo, aprovechando su tremenda influencia como forjadora de opinión publica para crear conciencia en la población; además del debido amor a Dios y a su semejante, concientizandolos de que las sociedades que mayor éxito han tenido en el combate de la miseria son aquellas que se han abierto paso al absoluto respeto a las leyes, al mercado, la globalización y la competencia.
Imagínate las Iglesias, fomentando el espíritu empresarial, reconociendo y aplaudiendo a los que se enriquecen limpiamente, al tiempo que tratan de replicar en nuestras humildes comunidades y entre sus feligreses la experiencia bengalí del Banco de los Pobres, organizando cooperativas de ahorros y préstamos.
Imagínate que nuestros sindicalistas decidieron propugnar por el incremento de las inversiones, enfocados en el desarrollo intelectual, técnico y en el crecimiento económico de los trabajadores, y en la inversión óptima de los recursos de los fondos de pensiones.
Imaginate que el estado, y sus funcionarios, por supuesto, garantizan los derechos de los trabajadores ante patronos esclavistas.
Imagínate, claro está, que las invasiones militares, los golpes de estado y las iniciativas desestabilizadoras por parte del gobierno de los Estados Unidos contra nuestros pueblos, por defender intereses de multinacionales, son cosas del pasado.
Imaginarlo, sinceramente, no es suficiente. Es necesario comprometernos en cuerpo y alma para hacer realidad estos objetivos. Llenarnos de valor y responsabilidad para asumir nuestros compromisos. Y crear las condiciones para que sea posible. Recordando siempre nuestro himno cuando reza: “Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo indolente y servil".